Carlos Ochoa: Todo o nada

 

Después del aluvión de anuncios calamitosos que tienen casi al 90 % de la población en estado de shock, lo primero que se me ocurrió fue realizar un ejercicio empírico de análisis de posibilidades del plan de Maduro, y la verdad no le encontré el queso a la tostada en ninguno de ellos, es más la arepa es tan imaginaria como el fulano Petro. Por eso pasé a otro nivel como en los juegos de video, tratando de no desperdiciar las pocas vidas virtuales que me quedan, y la de verdad, que aunque ya está usadita le aprecio mucho por no ser virtual, imaginaria, literaria, sino muy real y concreta. Estoy seguro que Maduro aprecia tanto su vida como cualquiera de nosotros, igual sus ministros, el alto mando militar y todos los integrantes de sus familias, por eso pienso que estas medidas pueden ser parte de una estrategia de sobrevivencia, en donde Maduro sube la apuesta del costo político de su salida de la Presidencia.

Pensemos en qué situación se encontraba el gobierno de Maduro antes del show de los drones, estaba a la defensiva, tropezando una y otra vez con la misma piedra de un país y un planeta,  que no se somete a su concepción comunista y fantasiosa  de la economía, a pesar de sus bonos y recontra bonos, que devaluados no resolvieron nada a nadie. En  esa posición de debilidad, la eventual negociación de una transición constitucional no les aseguraba nada, y aumentaba la fragmentación interna en los grupos de poder, dibujando un paisaje con barras de  hierro en frías celdas para muchos que aspiran a disfrutar de sus fortunas mal habidas en parajes exóticos y grandes ciudades del imperio y Europa. Pero a partir de la distracción de los drones se decidieron a jugarse el todo o nada con un plan de ajuste inaplicable, que plantea en esencia la quiebra de la industria privada y la dependencia de la poca que sobreviva a una economía centralizada como la de Cuba y la desaparecida URSS. En términos estratégicos, al subir el costo de su salida, si la jugada les sale bien, se asegura una vejez tranquila, sin amenazas ni orden de aprehensión, en Cuba u otro país que negociación por delante, le permita bailar salsa tranquilo con Cilia, claro está, una cosa piensa el burro y otra muy diferente quién lo arrea, y de allí a que se le dé una sumisión por hambre y necesidad de Venezuela, o una salida negociada sin tener que responder por los delitos y crímenes que se le imputan hay mucho trecho.

En estos momentos de incertidumbre total, la realidad de los acontecimientos ha rebasado a los actores políticos del gobierno, y hay que decirlo, también de la oposición, que está  desunida y sin estrategia común, algo indispensable para darle el empujoncito que le falta a Maduro para que renuncie o lo derroquen, en ambas situaciones por las malas, porque lamentablemente Venezuela vive uno de los momentos  políticos más álgidos de su historia, es de tal magnitud el desastre en todos los sentidos que estamos padeciendo,  que los políticos que necesitamos para restablecer la República a una vida de sosiego, paz y prosperidad,  es posible que no sean todos los que están en este momento. Pero la historia de los conflictos no deja vacíos, esos espacios serán ocupados, no sé por quienes, pero el fin de un ciclo político y el advenimiento de otro son inevitables.