Recochineo, por Laureano Márquez

Recochineo, por Laureano Márquez

Estaba tratando de dar con la palabra que mejor define lo que el régimen le hace al pueblo venezolano en estos tiempos y es esta: “recochineo”. La palabra no tiene nada que ver con los cerdos, sino con recochinear o “recochar”, vocablo que tiene su origen en las palabras latinas “recoquere” y “recoctus”, que quiere decir cocinar en exceso o cocinado dos veces, como estamos los venezolanos pues. En castellano se suele usar el término cuando alguien se burla repetidamente de otra persona, de forma hiriente, con ensañamiento.

Este régimen ya entró en la fase del recochineo. La etapa final de la destrucción -aunque nunca hay etapa final en Venezuela, sino un continuo descenso hacia los infiernos- va acompañada de las burlas hacia las víctimas por parte de los victimarios. Esta burla es la fase final de la ironía demoledora de la nación. La forma de recochineo que nos ha tocado, la burla cotidiana de los personeros del régimen, se manifiesta bajo la forma de inversión de la realidad: es como si alguien te diese una patada en el trasero y te demandara por el daño que le hiciste a su bota.





Por ejemplo: decir -mientras nuestros conciudadanos se van como pueden a las fronteras para huir literalmente con lo que llevan puesto, buscando ya no un mejor destino, sino simplemente no morir de hambre- que dentro de poco millones de colombianos cruzarán la frontera rumbo a Venezuela en busca de las bonanza que las nuevas medidas económicas traerán al país, es un recochineo, una burla cruel. La última fase de esta triste historia es de una crueldad insólita. Venezuela no marca solo récords de inflación y criminalidad, sino también de nuevas maneras de humillar a un pueblo.

Otro ejemplo: el caso del oro. El mismo régimen que ha destruido tu vida, la de tus hijos y amigos, que dejará a la nación como si un bombardeo se hubiese ensañado con ella, el mismo régimen que se robó una tercera parte de los ingresos del país (según Giordani, que es uno de los padres de esta monstruosidad política), te pide que confíes en él y coloques tus ahorros, tu futuro, como quien dice, en lingoticos de oro, que ni siquiera podrás tener tú, sino que -encima- él cuidara por tí. Esto es recochineo puro y duro.

El Banco Central de Venezuela, completamente controlado por el régimen cuidará de tus ahorros: “tus ahorros”, Virgen del Carmen bendita. Ya solo mencionarle la palabra “ahorro” a un trabajador venezolano es una burla inhumana de una crueldad espantosa. En la Venezuela de hoy, la gente lo único que puede ahorrar son alguna de las tres comidas diarias, cuando no todas. ¡Comprar lingotes de oro que guardará el BCV!, cuando lo más probable es que en sus bóvedas no estén ya ni siquiera aquellos lingotes que con bombos y platillos fueron repatriados de los bancos serios que cuidaban de nuestras reservas.

Recochineo en todas sus formas, en contra los que se van, en contra los que se quedan, en contra de los presos políticos sometidos a vejaciones, en contra de los que debieron huir. La imagen del sapo que colocado en un caldero de agua fría cuya temperatura sube lentamente sin que éste se dé cuenta y termina hervido, es desagradable, pero es la que mejor resume realmente lo que nos ha sucedido. Nos montaron en la olla y nos recochinearon.

Hablando de ollas: tengo una cadenita de oro con un Cristo, hecho por el señor Epaminondas en su joyería de la calle Páez en Maracay, mi medallita de bautismo y un anillo de oro con las iniciales de mi papá. No se si dárselo al susodicho para que me los guarde, no me lo vayan a robar por ahí.