Un amigo de Maduro en La Moncloa, por Orlando Avendaño

 

Pedro Sánchez, ese obstinado que se hizo con la presidencia a punta de atropellar a los españoles, apenas pudo decir que Venezuela no es una democracia. O que no se le podría llamar así. Fue lo más que le salió de las fauces, ante la irrebatible realidad y ante la insistencia de un periodista chileno.

Pero además, junto al presidente de Chile, Sebastián Piñera, el de España quedó como un cretino. Cándido y hasta cómplice de la dictadura que ha provocado la mayor crisis del hemisferio Occidental. Dijo que su doctrina, ante Venezuela, será de “no injerencia”.

También dijo que la solución al aniquilamiento de una sociedad solo puede partir de un “diálogo entre venezolanos”. Y hasta ahí. La comunidad internacional, si acaso, puede “acompañar ese proceso”.

El presidente de España anda de gira por la región y en cada país que se detuvo el Airbus de la Fuerza Aérea solo confirmó que entre los malpensados había sensatez. Pedro Sánchez confirmó las fantasías de los de los malos augurios. Sus diferencias con Duque y Piñera, la candidez ante el tirano chavista y los amoríos con el aymara de Bolivia, lo presentan como un socialista trasnochado, delfín del peligroso Zapatero y secuaz de los grandes enemigos de la democracia.

Pero afortunadamente hay voces como la de la valiosa y honorable eurodiputada Beatriz Becerra, quien en un una publicación en sus redes hizo un importante llamado de atención: “El presidente Sánchez se ha ido de gira por América Latina y en su primera rueda de prensa ha dicho que Venezuela tiene que abrir un diálogo consigo misma. Sánchez parece creer que la dictadura y la crisis humanitaria que sufren los venezolanos, han caído del cielo, como un desastre natural que él aspira sobrevolar desde su Falcon (…) El Gobierno de Sánchez parece empeñado en cambiar la firmeza por llamadas retóricas a un diálogo totalmente inútil, al más puro estilo Zapatero”.

Y también está el gran escritor y periodista Hermann Tertsch, siempre tajante e inclemente: “Dice Pedro Sánchez que los venezolanos deben encontrar una solución entre ellos. Decir eso cuando están muriendo a miles a manos de un dictador criminal e implacable es como urgir al acuerdo entre el torturador y el torturado. Hace falta ser muy cretino o muy canalla”.

Pedro Sánchez terminó siendo peor de lo que se creía. No solo, por estar en deuda con lo peor de la política española, un gobernante peligroso; sino además camarada de los tiranos latinoamericanos.

Un peligro en La Moncloa. Y un amigo de Nicolás Maduro. Con el que además comparte mañas. Porque evadir al Senado, faltar a la promesa de elecciones, incluso sometiéndose al repudio de todos los españoles, no son sino vicios de los tiranos caribeños. Y vaya preocupación que debería imperar en España. Porque a estas alturas, cuando el mundo ha visto y padecido la crueldad del chavismo, aparece este idiota, fracasado dirigente socialista, a blandir una política antidemocrática, coautora del derramamiento de sangre en Venezuela.

Y a propósito, es también pertinente una columna del periodista Tertsch en el diario ABC. En ella, escribe: “Sabiendo quién marca la agenda de este Gobierno de 84 escaños, pelele de fuerzas antidemocráticas y algunas dependientes de dictaduras extranjeras, los españoles tienen muchas razones para sentir profunda preocupación por su seguridad y su democracia. Son las misma razones que tiene la oposición para llamar a los españoles a exigir en las calles elecciones generales de inmediato. Para el retorno a una normalidad constitucional hoy ya inexistente”.