La migración por hambre que desmorona a Venezuela

Los migrantes venezolanos llegan al Centro Binacional de Servicios Fronterizos del Perú, en la frontera con Ecuador, en Tumbes, Perú, el 24 de agosto de 2018. REUTERS / Douglas Juarez

 

“Me quedé sola con mi esposo. Yo sé que mis hijos van a echar adelante, que están buscando su camino, pero nosotros nos quedamos solos. Están las redes, el Whatsapp, cuando hay internet porque es intermitente, pero nunca es igual. Esto le rompe el corazón a cualquiera”. Martha tiene 62 años. Su esposo suma 66. Y sus dos hijos ya no están en el mismo país, ni siquiera en el mismo huso horario. Uno, el mayor, se fue a Costa Rica. La menor ahora vive en Madrid.

Por: Víctor Amaya | La Razón 

En la casa de los Castillo en Caracas se acabaron las celebraciones, ni cumpleaños, ni de Navidad. Los brindis llegaron hasta 2017. “Mi corazón me dice que ellos no van a regresar por mucho tiempo, que no los veré de nuevo en persona. Ese es mi miedo. Pero yo no les digo nada a ellos, porque uno tiene que ser fuerte”. Martha ya tiene un primer nieto, que nació costarricense. No lo conoce sino por fotos. “Ojalá algún día pueda cargarlo”.

Su hija Marialba llegó a la capital española para estudiar. Ahora está formalizando la constitución de su propia compañía de producción de eventos, junto a dos socios todos venezolanos. Entre sus planes no está volver. “Su papá no lo dice pero también le afecta. Ha adelgazado mucho por la preocupación. Un día me dijo: ‘si yo me muero, ¿tú qué vas a hacer?’. A mi me tocará enterrarlo y quedarme sola”.

Lo que ocurre en la familia Castillo se replica a lo largo y ancho de Venezuela. La Organización Mundial de la Migraciones, adscrita a las Naciones Unidas, estima el éxodo venezolano en 2,3 millones de personas, de las cuales 1,6 millones salieron de las fronteras en apenas los últimos tres años.

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