Brian Fincheltub: Cada vez regresan menos

Brian Fincheltub @Brianfincheltub

Imposible no recordar el regreso a clases con nostalgia, el olor de los cuadernos nuevos, el cambio de color de chemise, el nuevo bolso a estrenar. Cosas simples, que para disfrutarlas no era necesario haber nacido en una familia de millonarios. En la Venezuela que dejamos atrás, imperfecta y llena de defectos, ir a la escuela no era algo extraordinario, estaba al alcance de las grandes mayorías. La realidad hoy es otra y lo que más me asombra es que siendo tan grave pocos la visibilicen.

Cada vez son menos los niños que regresan a la escuela. Eso en cualquier país significaría una tragedia, pero como nuestro día a día es una tragedia sin fin, quizás por eso no nos permita hacer balances a largo plazo del impacto que significa algo así para nuestro futuro como nación. De acuerdo con las cifras de Fe y Alegría, menos del 50% de la matrícula del 2017 se ha inscrito para este año, eso solo en los colegios que son administrados por esta organización. Sobre el mapa nacional no hay números, solo oscurantismo. Pero basta ver las aulas vacías para darse cuenta de lo que está pasando.

Lo que preocupa es el destino de estos niños, esta estampida no es solo es consecuencia de la migración masiva que ha vaciado las escuelas. Ellos también representan una pérdida para el país porque son niños que se formarán y participarán en el crecimiento de nuestros vecinos. Pero hay otro tipo de pérdidas, los que son obligados a dejar las aulas producto del hambre y encuentran como refugio la calle, la mendicidad y muchas veces la delincuencia.

Toca preguntarse cómo puede un país recuperarse cuando prácticamente ve una generación morir de hambre, abandonar las aulas y convertirse en parte de este ciclo perverso de exclusión que alimenta la criminalidad, el odio y el resentimiento.

Urge hacer algo para detener lo que considero la peor de las destrucciones que ha vivido nuestro país. No nos quedemos en la alerta o la indignación. Al tiempo que escribo este artículo me reúno con manos solidarias dispuestas a donar útiles escolares para chamos que quieren seguir estudiando y formando por más dura que esté la situación nacional. También seguimos ampliando nuestro programa “Venezuela sueña” que da comida a cientos de niños en comunidades de Petare y esto con una sola exigencia a cambio: su lista completa de asistencia en la escuela.

Salvemos a la niñez en nuestro país, protejamos su educación y estaremos salvando al país. Ellos son los que dentro diez o quince años deben mantener firme el anhelo de reconstrucción al que aspiramos millones de venezolanos. Para que el presente no sea tiempo perdido, debemos convertirlo, cada uno desde nuestros espacios, en tiempo de oportunidades para las nuevas generaciones.

Brian Fincheltub

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