Intervención militar o disuasión fuerte, por Luis Manuel Aguana

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El mensaje del Secretario General de la OEA fue muy claro: “Dije muy claramente que siempre debemos agotar el camino de las acciones diplomáticas y que debemos dejar todas las opciones abiertas, que no debe descartarse ninguna opción. A partir de ahí, algunas interpretaciones maniqueístas buscaron cambiar el eje de la discusión. El desarrollo fue que hablábamos de ataque militar de violencia, que éramos favorables a la agresión armada. No es cierto…” (ver Mensaje de Luis Almagro sobre visita a Zona de Frontera Colombia-Venezuela, enhttps://twitter.com/Almagro_OEA2015/status/1041421553513058304). Sin embargo las declaraciones de Almagro en Colombia fueron interpretadas como que el Secretario General de la OEA estaba a favor de un ataque militar, e inmediatamente saltaron los Cancilleres del Grupo de Lima rechazando una intervención militar en Venezuela (ver El Grupo de Lima rechaza cualquier intervención militar en Venezuela

https://elpais.com/internacional/2018/09/16/america/1537061395_976072.html).

Pero lo que me llamó más la atención fue la fuerte reacción de toda la opinión pública en contra de la Declaración del Grupo de Lima, lo cual refleja ciertamente el curso de la corriente que en este momento esta prevaleciendo en relación a la manera en cómo debe resolverse la crisis venezolana. Y esto amerita un examen un poco más detenido, dado a que está tomando cada vez más cuerpo la necesidad de explorar la expresión “todas las opciones”, habida cuenta que ya los Cancilleres del Grupo de Lima expresaron la posición de sus países en relación a no intervenir militarmente en Venezuela.

Y “todas las opciones” no necesariamente implican solo la opción militar, aunque esa pueda ser también estudiada por esos países. La gente en Venezuela se encuentra muy, pero muy desesperada. Sin poder comprar un mínimo de alimentos por una escandalosa hiperinflación, sin medicinas, sin atención médica, sin agua, sin electricidad, sin servicios públicos básicos porque todos han colapsado, cualquier ser humano que viva en Venezuela que no lo pueda sostener, o se va o se muere. Así de simple están las cosas. Y cada vez es mayor la cifra de quienes no lo pueden sostener. De allí el éxodo en masa para los países vecinos.

¿Y cómo se detiene eso? Yendo a las causas: derrocando la dictadura comunista de Maduro. ¿Pero es así de simple? ¿Metemos a los militares multinacionales desde afuera y ya? Aun cuando la corriente de opinión apunte a una intervención militar con fines humanitarios, el resultado de esa decisión puede ser aun peor. Y eso tal vez no se está visualizando aquí por la desesperación que tenemos en Venezuela.

Ya hemos indicado muchas veces que estamos en una situación de rehenes. Y los delincuentes tienen sembrado el sitio con explosivos. Si alguien cruza por la puerta los hacen estallar, muriendo ellos y nosotros y por supuesto quienes se metan. Prefieren hacerlo así porque son fanáticos y quieren probar un punto ideológico difícil de comprender por quienes no entendimos que esto era parte de un plan que tiene años en ejecución.

El régimen entrena permanentemente a milicianos paramilitares armados en todo el país, y no precisamente para agredir a quien nos invada sino a los propios venezolanos que nos opongamos a ellos. Es posible que se activen de manera criminal en contra de la misma población opositora desarmada -a quien ya han identificado- cuando comience una refriega violenta. No estamos hablando de gente racional sino de talibanes fanáticos ideologizados. Entonces, antes de dar un paso que comience un enfrentamiento armado, lo que sería un baño de sangre imposible de cuantificar, creo que lo mas responsable sería seguir explorando opciones, aunque el tiempo ya este agotado o a punto de agotarse. Siempre hay tiempo para evitar la violencia.

Por si ya no fuera suficiente con lidiar con los grupos de paramilitares armados, y la amenaza que esto representa para la población civil, nos queda aún por resolver el posible periodo de inestabilidad y anarquía posterior en el país de no existir un plan serio de regreso a la institucionalidad. Una caída no controlada del régimen que no implique la participación de la soberanía popular, que refrende las actuaciones de quienes hayan insurgido para desmontar a los delincuentes del poder será altamente inestable, simplemente porque muchos otros grupos conspirarán atribuyéndose protagonismos y derechos.

Este tipo de grupos generalmente se preguntan: ¿y porque ellos y no nosotros? Y eso solo cesa cuando el pueblo es el que dispone quien debe gobernar. De allí que se haga indispensable mover a la opinión pública para convencerle de que sea la soberanía la que decida un plan elaborado a conciencia para ser ejecutado a fin de llenar el vacío de poder antes de que caiga el régimen. Pero para mucha gente con ganas de poder eso no es conveniente. Prefieren que caiga como una piñata: el que tenga más fuerza, que recoja más caramelos del piso, aunque eso no sea de la conveniencia de los venezolanos.

Hace más de un año había manifestado que no estaba en contra de una intervención (ver  Intervenciones humanitarias, enhttp://ticsddhh.blogspot.com/2017/08/intervenciones-humanitarias.html) si el “dueño de la casa” decide llamar al 911 internacional porque la dictadura le está negando el derecho a recibir ayuda humanitaria. Como dice Luis Almagro, existe la responsabilidad de proteger. Y el “dueño de la casa” aquí es el pueblo de Venezuela.

Si la representación constitucional de ese pueblo es designada sin más dilación, los términos de esa ayuda pueden ser definidos de inmediato entre nuestra representación constitucional, esto es, un Gobierno de Emergencia Nacional nombrado para tal fin, y la comunidad internacional.

Si este, luego de evaluar con profundidad pero con extrema urgencia la situación, decide que se requiere de una intervención basada en el principio señalado por el desaparecido ex Secretario General de las Naciones Unidas Kofi Annan, según el cual “El gobierno de ningún país tiene el derecho de escudarse detrás de la soberanía nacional para violar los derechos del hombre o las libertades fundamentales de los habitantes de ese país”, entonces la comunidad internacional no estaría actuando unilateralmente, sino a pedido de un Gobierno de Emergencia legítimo, que responderá por lo que suceda después.

Pero si por el contrario, un grupo de países decide por su cuenta intervenir en Venezuela porque ya no se puede seguir esperando debido al daño que está causando la situación venezolana en la región, ya estarán desde este momento compitiendo para manejar el país los buitres que captan el olor descompuesto de los restos del régimen de Maduro, con la consiguiente y segura inestabilidad futura.

¿Cuál de las dos prefiere usted?

Ahora bien, si el TSJ legitimo y la Asamblea Nacional deciden (como al parecer por su parte ya lo ha decidido la Asamblea Nacional) que no llenarán el vacío de poder que ha dejado la sentencia condenatoria de Nicolás Maduro Moros, el vacío se llenará igual, por imposición de los hechos y sin control de nadie designado por el pueblo de Venezuela o por sus poderes legítimos. Aparecerá de la nada una intervención militar-humanitaria promovida por alguna coalición internacional, con su correspondiente Junta de Gobierno que decidirá el destino de los venezolanos, con el consiguiente riesgo de repetir el cuento de las ranas pidiendo Rey (ver Fabulas de Esopohttp://ticsddhh.blogspot.com/2012/03/fabulas-de-esopo.html). El remedio puede ser peor que la enfermedad. Ya nos paso una vez con Hugo Chávez…

Pero de existir un Gobierno de Emergencia, este podría perfectamente decidir que antes de llamar al 911 internacional “disuadiéramos” a los delincuentes que desgobiernan el país a someter a la soberanía popular, con todas las garantías internacionales del caso, el destino de la nación, so pena de tomar la última decisión que representa una solución violenta que no ganaría el régimen ni por casualidad. Se le estaría dando un chance al pueblo de pronunciarse en relación a su presente y futuro, en particular acerca de cómo se llevaría a cabo el proceso de transición, y el “dueño de la casa” decidiría con el apoyo de toda la comunidad internacional desmontar el sistema que nos ha arruinado así como el discurso del régimen de una “invasión imperialista”.

¿Estarían los secuestradores que nos tienen de rehenes, dispuestos a negociar su salida sin muertos que contabilizar a través de ese mecanismo? Porque en una intervención habrá muertos de todos lados, pero si de algo estoy seguro es que los primeros serían ellos. ¿Estarán dispuestos verdaderamente a detonar los explosivos, volándonos a todos con ellos adentro sin negociar antes una salida? Creo que el Grupo de Lima y el Secretario General de la OEA podrían estar de acuerdo en esta versión disuasiva de la intervención.

De acuerdo al ex Embajador ante las Naciones Unidas, Diego Arria “la capacidad de disuasión de una potencia, como Estados Unidos, no ha sido utilizada todavía en la medida en que eso es posible y que sea más eficiente…Yo creo que la mejor intervención para Venezuela es la de la disuasión….Te repito: el momento es de la disuasión fuerteLa mafia la utilizaba: “I’ll make you an offer you can’t refuse”.” (ver Diego Arria: “Ni China ni Rusia intervendrán por Venezuela”

https://es.panampost.com/orlando-avendano/2018/09/07/diego-arria-ni-china-ni-rusia-intervendran-por-venezuela/). Sería interesante comenzar a trabajar en “cuál sería la oferta que no podrían rechazar” que les propondríamos, pero estoy seguro que encontraríamos alguna en aras del rescate de nuestra libertad y con el menor costo en vidas posible…

Caracas, 18 de Septiembre de 2018

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