Golpiza merecida, por Julio César Arreaza B

 

Una dictadura es una dictadura, actúa como una dictadura, todos los días se come las luces rojas de la Constitución y utiliza la violencia; Satanás nunca dejará de ser Satanás, es hora de tener esto claro. El actual régimen es una dictadura que viola sistemáticamente los DDHH e infringe todos los días el orden constitucional. Maduro no es presidente, la AN declaró el Abandono del cargo y el TSJ legítimo lo condenó por corrupción con un cúmulo probatorio impecable. Se le brindó el derecho a la defensa.

Al dictador lo sostiene una camarilla que ha deshonrado la dignidad del militar venezolano, y están presos de sí mismos por la grosera corrupción y el narcotráfico. El país está secuestrado como lo está el diputado Requesens, que fue víctima de la desaparición forzosa.

La golpiza a nivel mundial de la ONU, no tiene precedentes, es inédito que seis países conduzcan al régimen a la Corte Penal Internacional, y que a la par el Consejo de la ONU certifica la Emergencia Humanitaria. La dictadura no puede tapar con un dedo la hambruna que viven mayorías preteridas y las muertes por falta de atención médica y medicamentos y de los niños por desnutrición.

Los forajidos desconocen al Parlamento legítimo, les niega presupuesto y sueldos, recientemente fallecieron tres trabajadores por falta de medicamentos y seguros.

El único diálogo posible es el que conduce a la transición a la Democracia. El amigo y resteado por Venezuela, Almagro, llamó no sin razón imbécil a Zapatero, y está bien, esta expresión utilizada hasta en la Biblia la utilizó correctamente según la DRAE, nada tiene que hacer aquí ese gestor y agente de la dictadura convicto y  confeso. Váyase a zapatear a otra parte.

La dictadura ha dejado al país en la ruina, como saldo de su gestión perversa y ladrona que ya va por un tercio del tiempo de su mentor, la dictadura cubana. Todo el petróleo que produce el Zulia, sin luz y sin agua, se manda para cuba. La contracción de la economía durante la permanencia de Maduro es del orden del 50 por ciento. Una catástrofe humanitaria sin precedentes y el tipo se niega a irse con tan rotundo fracaso. El mes de septiembre es récord de inflación, el salario decretado en el paquetazo de agosto ya vale una tercera parte.

Mientras Colombia ha mejorado en los últimos años, Venezuela ha echado para atrás en todos los órdenes, menos el moral y el de  la dignidad de unos luchadores épicos que con entereza se empeñan en el rescate de las libertades públicas.

Todos los días observamos fracturas cotidianas. La clave es articular la fuerza de la gente para el cambio político. Es amoral que por una ducha de ego de algunos dirigentes y de otros arrimados al régimen, no exista Unidad, sin embargo se va construyendo por debajo con la misma gente de a pie.

¡Libertad para los presos políticos y regreso de los exiliados!