El “diálogo” y sus “amigos”, por José Ignacio Guédez

Que las dictaduras infiltran a sus enemigos es algo que a estas alturas debemos asumir como premisa a la hora de hacer cualquier análisis, y lo hace con mucha facilidad gracias al camuflaje ideal que le proporciona el carácter democrático de su contraparte donde la duda, el debate y hasta la incoherencia son permitidos. Pero hasta para engañar se requiere de un mínimo de decoro que ya no se encuentra en Venezuela, dónde la misma piedra aparece una y otra vez en el camino, colocada además por las mismas manos para nada ya invisibles.

Esa piedra en el camino se llama “diálogo”, nombre seductor como toda manzana de la tentación, que apareció por primera vez luego de la astronómica victoria de la oposición sobre el oficialimo en las elecciones parlamentarias de 2015 cuando la Unidad Democrática obtuvo en una sola tarjeta los dos tercios de la Asamblea Nacional. Lo qué pasó a partir de ese momento ya es historia que no pretendo rememorar (quizá en otra oportunidad), a excepción de lo que tiene que ver con el punto en cuestión, ese diálogo diseñado por la dictadura con cómplices internos y externos para evitar su inminente pérdida del poder y transitar los años venideros hasta coronar un nuevo periodo presidencial del ya abierto dictador Nicolás Maduro, que es lo que ahora está en juego realmente.

Fue así como el diálogo facilitó desde entonces la consumación de las peores fechorías antidemocráticas con total impunidad, a saber: 1) La anulación de la propia Asamblea Nacional desincorporando diputados y luego decretando un desacato que ha impedido el ejercicio de cualquiera de las facultades del parlamento hasta ahora, 2) La suspensión arbitraria del referéndum revocatorio consagrado en la constitución y respaldado apabullantemente por el pueblo, 3) La postergación indefinida e inconstitucional de las elecciones regionales, 4) La proscripción de los partidos políticos de oposición incluyendo el de la Unidad, el más votado en la historia del país, y 5) La más feroz persecución que ha dejado un saldo atroz de asesinados, heridos, presos y exiliados.

Todo lo anterior se dio durante la vigencia de un diálogo que aunque intermitente en la escena pública ha sido permanente en las sombras. Bastaría hacer un balance de los resultados para catalogarlo como el mayor engaño o el más rotundo fracaso político jamás conocido, por tratarse de un diálogo que no pudo ni lograr una tregua y que al contrario ha servido de anestesia ante el avance más criminal de la tiranía. La única manera de entenderlo es asumiendo plena consciencia de que es un diálogo diseñado por la propia dictadura como parte de su estrategia para perpetuarse. Pero lo más triste es que lejos de que el aprendizaje y la experiencia construyan una condena de tal crimen y una vacuna ante futuros embates, los típicos complejos de los demócratas han hecho que se llegue al extremo de llamar radicales a las propias víctimas que siguen resistiendo pacíficamente tanta desgracia, otorgándole impunidad al tirano quien sigue usando la manzana del diálogo como instrumento de chantaje y sometimiento.

Escribo esto porque actualmente comienza un nuevo capítulo de esta tragicomedia, repitiéndose además el mismo patrón que procedo a describir: Hicieron creer que iban a permitir el revocatorio a cambio de quitarnos los dos tercios de la AN, luego nos quitaron el revocatorio prometiendo regionales, luego nos dieron las regionales en las peores circunstancias a cambio de una Asamblea Constituyente, y ahora amenazan con una nueva constitución para intentar negociarla a cambio de legitimar a Maduro como presidente. Es por eso que cómplices políticos, socios internacionales y ahora burócratas de la derrota que defienden más su modus vivendi que sus ideales, comienzan a imponer en la opinión pública el tema de un referéndum constituyente para aprobar una nueva constitución sin que éste haya sido siquiera convocado. Le quitan deliberadamente el foco al tema de la ilegitimidad de Maduro de cara al nuevo periodo presidencial, para sustituirlo por la amenaza de una constitución cubana, potabilizando la opción de ir a votar en ese referéndum y tratando de cambiar el “Fuera Maduro” por el “No a la constitución cubana”, como si el texto constitucional importara estando en dictadura. De hecho, la constitución que se dice defender no está vigente desde hace rato y no habrá estado de derecho mientras siga Maduro en el poder y sobretodo mientras continúe operando esa Constituyente supraconstitucional e ilegítima que ahora se pretende avalar atendiendo a su llamado como corderitos. El hecho es que con encuestas, artículos de opinion y mensajes en las redes sociales se comienza a construir la matriz de opinión ideal para que Maduro pase la frontera del 10 de enero sin haber mediado elecciones libres.

Se trata de un nuevo diálogo que intentará vender como un éxito la suspensión del referéndum constituyente pero manteniendo la vigencia de la ANC, o la liberación de algunos presos políticos mientras se deja intacta la causa de la persecución que continuará en su versión ya conocida de puerta giratoria, o la sobrevicencia de un Parlamento estéril que no será capaz ni de nombrar a un nuevo TSJ o CNE. Y además, se asume con falsa candidez el reto de ir a elecciones sin hablar ya de condiciones ni mucho menos de los temas de fondo como el voto en el exterior y la eliminación del carnet de la patria, elementos imprescindibles para que cualquier consulta en Venezuela sea libre. Lo bueno es que ya es evidente la agenda de elecciones (no presidenciales) y diálogo de la dictadura con sus cómplices internos e internacionales, por lo que es más fácil el deslinde para llevar acabo una agenda de lucha real alternativa que ya se está conformando con el camino de la Huelga General y en la que se deben explorar con seriedad las propuestas de Enmienda Parlamentaria o de consulta popular para escoger al líder de la transición a partir del 10 de enero. La campaña por el NO debe ser en todo caso contra este nefasto diálogo entreguista y contra Maduro y la ANC que son la raíz del problema.

@chatoguedez