Tres años ha trabajado sin descanso la Cruz Roja colombiana para mitigar los efectos de la crisis migratoria

La gente cruza la frontera colombiano-venezolana sobre el puente internacional Simón Bolívar en San Antonio del Táchira, Venezuela, 16 de mayo de 2018 REUTERS / Carlos Eduardo Ramirez / Foto de archivo

 

 

Lo que comenzó con una carpa en el puente internacional Simón Bolívar (Villa del Rosario) entregando agua y bocadillos se ha convertido en una amplia y compleja operación para la Cruz Roja Colombiana, con puestos de control y atención prioritaria en salud para los migrantes y retornados que provienen de Venezuela, publica La Opinión.

Solo en 2018, la entidad da cuenta de más de 200 mil personas beneficiadas con servicios médicos, asistencia humanitaria y apoyo en materia de protección y enlace con los familiares, con conectividad a internet.

 

 

 

 

 

Gladys Navarro, presidenta de la Cruz Roja Colombiana seccional Norte de Santander, resaltó el aprendizaje en el que se convirtió la frontera, dado que “aquí es la casa matriz en la que comenzó todo el proceso migratorio”.

Para Navarro, la operación tiene un solo calificativo: gigantesca, con una altísima demanda en salud, cuyas atenciones suman más de 3 mil personas beneficiadas mensualmente, con el equipo de enfermeras y médicos, que atienden cada patologías, escuchan cada drama, y no han parado desde 2015.

Juan Carlos Torres, director de gestión del riesgo de la entidad, recordó las etapas críticas y los desafíos que se iniciaron con el cierre de frontera, entre ellos, los alojamientos temporales, el pensar y escoger las mejores ayudas, y en el último año, acompañar en un dramático recorrido a los caminantes venezolanos.

Al respecto, Navarro señaló que si bien se ha mantenido la capacidad de respuesta, “nos preocupa es que es una operación que va en aumento”, condición que obliga a la Cruz Roja a reafirmar su compromiso.

“Donde quiera que van los migrantes, nosotros tenemos atención”, dijo la presidenta. “El trabajo cada día aumenta, pero tenemos que seguir en esta atención”.

Cada día, afirmó, ha sido de aprendizaje e innovación, como ocurre con los caminantes a quienes ya se les entrega un mapa, se les orienta y explica la ruta que enfrentarán, y les indican los puntos de control en los que pueden tomarse un descanso y recibir atención médica, todo con apoyo internacional y la integración con entidades territoriales.

“Todos los organismos internacionales dicen: qué bueno encontrar en Cúcuta la presencia institucional, pues están la Gobernación, las alcaldías, el IDS (Instituto Departamental de Salud)”, entre otros actores, que a su vez han desarrollado sus propias competencias para apoyar a los migrantes.

Este proceso les valdrá un reconocimiento, con el desarrollo de la junta nacional de presidentes de la Cruz Roja, del 7 al 9 de noviembre, en Cúcuta, “y será una oportunidad para visionar qué más tendremos que hacer en este reto”, señaló Navarro.

Ahora, prevén nuevas complejidades con el fin de año y un seguro aumento del tránsito peatonal con la culminación de la temporada escolar, y el reencuentro de familias venezolanas y mixtas.

Así mismo, Navarro señaló que está pendiente un trabajo interinstitucional que permita “desarrollar procesos de solidaridad y prevenir la xenofobia”, dado que “en estos procesos humanitarios hay cansancio” y se requiere sensibilización hacia la migración, “porque es un proceso que va a tardar”.

La Opinión
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