Harakiri/Suicidio, por @ArmandoMartini

Harakiri/Suicidio, por @ArmandoMartini

Armando Martini Pietri @ArmandoMartini

 

Axiomas distintos, igual resultado. El suicidio ha sido, es y será siempre parte de la historia humana. Entre los romanos e incluso como parte de sus hábitos sociales y religiosos, era un recurso frecuente. Los griegos, más abstractos, fueron menos suicidas y los judíos no se suicidaban. ¿Es el suicidio un fracaso o una protesta definitiva? ¿Es aceptar que no se puede más, o un reto a una realidad que rechazamos? ¿Hay que estar consciente y cuerdo para tomar la decisión de suicidarse? Mucho se ha escrito y muy poco se ha respondido. ¿Puede Dios ser tan sordo y ciego que no comprenda al suicida y sus circunstancias?

Harakiri, seppuku, -corte del vientre-, ritual japonés por desentrañamiento, -búsqueda del significado profundo de algo-. Constituía parte del bushido, código de honor que seguían los samuráis y se realizaba de manera voluntaria para morir con honor en lugar de caer en manos del enemigo y ser torturado, o bien como una forma de pena capital para quienes habían cometido serias ofensas o se habían deshonrado. La ceremonia es parte de un protocolo más elaborado que se realiza clavándose un arma corta en el abdomen, realizando un corte de izquierda a derecha. Otra modalidad, la práctica de seguir al amo en la muerte por medio del harakiri es conocida como oibara o tsuifuku.
La inmolación nipona es parte de una cultura que no parece haber sido descabezada del todo. Continúa estando allí, quizás por la influencia occidental menos evidente después de Hiroshima y Nagasaki, explosiones que no sólo barrieron con la inflexible y equivocada casta militar, sino con todo un estilo de vida e historia.





El harakiri de Yasunari Kawabata escritor, considerado de los autores más importantes del Japón en el siglo XX, fue el primero en obtener el premio Nobel de Literatura, 1968; y del muy peculiar Yukio Mishima, novelista, ensayista, poeta y crítico, respetado entre los grandes escritores japoneses. Sus obras mezclan la estética moderna y el tradicionalismo japonés, con enfoques en la sexualidad, la muerte y el cambio político. Su muerte ha estado rodeada de mucha especulación. Cuando se realizó el seppuku terminaba el libro de su tetralogía, una especie de testamento ideológico del autor, quien se rebelaba contra una sociedad sumida en la decadencia espiritual y moral.
Lo anterior, hace imaginar que el seppuku, como llaman al que es todo un rito, -nada de enloquecidas decisiones- sigue presente a pesar de los triunfos del Japón posterior a la guerra.

El suicidio (del latín: suicidium) es el acto por el que una persona de forma deliberada se provoca la muerte. Por lo general es consecuencia de la desesperación derivada o atribuible a una enfermedad física o mental; trastorno bipolar, esquizofrenia, trastorno límite de la personalidad, alcoholismo, abuso de sustancias. También influyen factores estresantes, dificultades financieras, problemas en las relaciones interpersonales, acoso psicológico.

El suicidio es el acto de quitarse la propia vida, mientras que el intento es comportamiento suicida no mortal, la autoagresión llevada a cabo con la intención de morir que, sin embargo, no resulta. Por su parte, el suicidio asistido consiste en la ayuda que una persona brinda a otra que desea acabar con su vida, ya sea con los conocimientos o medios para hacerlo. En contraste, en la eutanasia la persona que ayuda a otra a finalizar su vida juega un papel más activo, al no instaurar o suspender el tratamiento médico. La ideación -formación y enlace de las ideas en la mente- suicida implica pensamientos sobre suicidarse con disímiles grados de intensidad y elaboración.
La visión del suicidio ha sido influenciada por temas como la religión, honor y sentido de la vida. Las religiones abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islam) lo consideran pecado. Durante la era de los samuráis en Japón, el harakiri era respetado como una manera de resarcir un fracaso o como una forma de protesta. El Satí, prohibido en el Raj británico, implicaba la inmolación de la viuda en la pira funeraria del marido fallecido, ya fuera voluntariamente, presión familiar o de la sociedad.

Los métodos de suicidio varían y están relacionados con su disponibilidad. Los más comunes son el ahorcamiento, envenenamiento con plaguicidas y la manipulación de armas de juego. El lanzamiento de altura no es común.
Ciertos estados psicológicos pueden incrementar el riesgo de suicidio: desesperanza, depresión, ansiedad. Estrés de la vida, pérdida de un ser querido, aislamiento social, prisión injusta, y cárcel política, incrementan el riesgo. Al contrario, ser religioso puede reducirlo. Lo anterior se atribuye a la percepción negativa de ciertas religiones sobre el suicidio y su interrelación.

En numerosos países el suicidio o su intento son considerados delito, en la mayoría de las naciones occidentales no son punibles. Durante los siglos XX y XXI, el suicidio mediante inmolación fue utilizado en ocasiones a manera de protesta, mientras que los ataques suicidas, como el kamikaze, han sido empleados como técnica militar y terrorista.
Escrito lo anterior, llama la atención en el real o presunto suicidio/harakiri del Concejal Fernando Albán, el ambiente explicativo, especulativo y sus contradicciones. Un baño con ventana que después, resultó no tenerla, oscureció el ambiente. La supuesta decisión de cremar el cadáver, ¿rescatado? por sus familiares y, sometido a la autopsia de ley, cuyas conclusiones para algunos son falacia y para otros, la verdad, generó duda razonable.

Lo más preocupante, fue la escasa relevancia opositora, ciudadana y popular de una muerte en extrañas circunstancias y bajo vigilancia oficial de un ciudadano, edil de Caracas, luchando por libertad, batallando años de abusos oficiales, expropiaciones ilegales, acusaciones de corrupción, promesas incumplidas, a lo cual se opone más del 85%. “No llegaban a 2 mil personas”, expresó con desconsuelo y molesto desánimo un asistente. Y agregó: “a este Gobierno esa muerte le importa un carajo”, que es una afirmación casi tan grave como la del exiguo apoyo. Porque tiene razón.

En ambos dolores. ¿Entonces de qué son opositores?

Si se oponen al régimen, su sistema de control policial y militar, encarcelamientos, denuncias de torturas, privaciones de libertad, desapariciones de políticos detenidos, ¿dónde estaban cuando la familia lloraba y lo velaba? ¿O es que poco importan los presos y exiliados políticos?

@ArmandoMartini