Gustavo Tovar Arroyo: “Creo que el arte es la bala más fulminante para responder a la maldad”

Gustavo Tovar Arroyo: “Creo que el arte es la bala más fulminante para responder a la maldad”

Además de cineasta, Gustavo Tovar Arroyo es abogado, activista por los derechos humanos, educador, poeta, y productor. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal / la Nación

 

Gustavo Tovar realizador del documental Chavismo: la peste del siglo XXI, arribó a Costa Rica para presentar esta producción en la que afirma se verá “la gran farsa criminal que causó un delirio populista en la nación más rica de América Latina. En 90 minutos aspiramos recoger la ruina de una nación que en 20 años ha sufrido uno de los crímenes históricos más devastadores e inéditos de la historia de las Américas desde su independencia y su fundación. Es un gran compendio de dolor de un pueblo que se ha enfrentado, sin duda alguna, con los criminales de la peor calaña que nuestra historia haya podido parir”.

Por Fernanda Matarrita Chaves en La Nación (Costa Rica)





Antes de la presentación del filme, que se programó para realizarse en la sede de Cinépolis en Terrazas Lindora el 22 de octubre, Tovar visitó La Nación para conversar acerca de la producción que en 90 minutos presenta a Venezuela como “un país devastado”

La realización de Chavismo: la peste del siglo XXI tomó casi tres años. En el proceso, según afirma Gustavo Tovar, contó con el apoyo de figuras como los expresidentes Óscar Arias y Vicente Fox; y del escritor e intelectual Mario Vargas Llosa, entre otros.

 

 

“Quiero agradecer al pueblo costarricense porque fuese cual fuese la postura política o ideológica, esta extraordinaria nación, ejemplar en las Américas, siempre nos han abierto los brazos (a los venezolanos). Han reconocido nuestro dolor y han hecho causa común con la peor tragedia que haya conocido pueblo alguno en las Américas”, agregó.

—¿Cómo se asume este proyecto con el que pudo haber visto su seguridad amenazada?

Sin duda ha sido un proceso repleto de heridas en el camino. Nuestros fotógrafos han sido encarcelados. Nuestros equipos confiscados. Uno de nuestros productores no solo fue encarcelado sino que fue torturado. Actualmente está preso en el Servicio de Inteligencia venezolana, se llama Jesús Medina. Conocíamos perfectamente los riesgos que esto representaba. Obviamente la dictadura me ha acusado de todo. Han confiscado mis bienes, han encarcelado a mis trabajadores, han torturado… Son los retos de quién tiene un sueño de libertad.

—¿Se autocensuró en algún momento?

No es un proyecto académico. Es un proyecto cinematográfico, por ende hay que cumplir con los protocolos del cine. Yo pude haber puesto en 90 minutos absoluto horror y crueldad. Yo preferí darle coherencia a una historia y mostrar lo que se podía mostrar sin profundizar en todas las tonalidades la crueldad que el chavismo es capaz de hacer o que ha desarrollado y sí contuve ciertas escenas para que pudiese ser digerible a todo tipo de público.

—¿Cómo es que su sentimiento de querer visibilizar sus vivencias y las de otros venezolanos se convierte en arte?

Creo que ese es el gran esfuerzo de la historia de la civilización. En esta película yo menciono que el peor enemigo del hombre ha sido el hombre y no las catástrofes ni las epidemias, sino el ejercicio tiránico de los criminales que llegan al poder y subyugan una sociedad. Eso es lo peor que nos ha pasado (…). Yo soy un activista de la lucha no violenta. La única manera de responder a tanta ruina, a tanta crueldad y a tanta maldad, es a través de la conciencia y la sensibilidad, así ha sido siempre en la historia humana. Yo creo que el arte es la bala más fulminante que un activista de lucha no violenta, puede usar para responder a la maldad. Mi idea era generar conciencia no solo en el presente, sino también en el futuro y yo creo que solo a través de las artes es posible realizar algo así.

—¿Qué fue lo más difícil de este proyecto?

Ver como mataban a nuestros niños en el 2017 (pausa y respira hondo). Eso fue muy doloroso. Fue recoger las imágenes de la ignominia, de la vileza y tener que escogerlas para mostrar la maldad… había momentos en los que no podía verlas más. Tenía náuseas, mareos. Ya no las podía ver más. Fue muy difícil.

—Por otro lado, ¿qué es lo bueno que usted recoge de todo este proceso?

Yo recojo que hemos logrado cautivar la sensibilidad de gente que no creía que lo que estaba ocurriendo en Venezuela fuera posible. Mucha gente cercana al chavismo, políticos de izquierda de la región y hasta de Europa han quedado profundamente impactados, porque lo que se ve ahí es incontestable y es una realidad. Eso, además, cambios de postura que hemos visto en el gobierno de Ecuador; gente cercana al chavismo en Italia, Francia y ves que el trabajo sensibiliza y cambia una postura ideológica, entiendes que nuestra aspiración que es humana, no política ni ideológica, una plataforma de reconocimiento humano en aquellos que antes no creían. Eso creo que es lo rescatable de lo vivido.