Brasil: ¿Mano dura o hacia la dictadura?, por Gustavo Romero Umlauff

 

Con la elección de exmilitar Jair Messias Bolsonaro, como nuevo presidente del Brasil, se ha develado un proyecto conservador que se venía gestando en un país progresista y en la que ha calado, paradójicamente, un discurso radical, con inusi-tados ataques a los homosexuales, a los negros y a las mujeres, en respaldo a la otrora dictadura militar, sus ataques a la prensa, el apoyo a la pena de muerte a los delincuentes y el libre porte de armas.

Si bien, los candidatos emplean a los medios informativos como el mecanismo de difusión más idóneo para que las propuestas y acciones políticas sean advertidas por los electores, en este caso en particular la prensa brasileña ha servido como caja de resonancia del discurso de Bolsonaro frente al clima confrontación y tensa relación con los principales conglomerados periodísticos.

La actividad política publicitada por los medios informativos creó un excepcional espacio donde las propuestas políticas de exmilitar pudieran ser presentadas am-pliamente a la población. De esta manera, la prensa -inclusa aquella que le era adversa al ahora electo presidente- se constituyó en el vehículo para influir en la elección y aprovechado certeramente en las redes sociales afines.

Claro, que en el escenario mediático se está promoviendo una nueva forma de ha-cer campaña política: la confrontación y el discurso incendiario. Sólo recordemos los iracundos discursos del entonces candidato y ahora presidente filipino, Rodrigo Duterte, o las del actual presidente de los Estados Unidos, el multimillonario Donald Trump, o en su momento en los procesos eleccionarios de Chávez y Maduro en Venezuela o Morales en Bolivia o Fernández en Argentina.

Los candidatos parecen dirigirse cada vez más a los individuos antes que a la so-ciedad. Los tiempos en la televisión y la radio, donde las tandas publicitarias valen mucho dinero, el político tiene que saber comunicar rápida y lacónicamente sus propuestas con titulares llamativos para seducir en la inmediatez a los votantes con sus propuestas; de manera que, frente a la confrontación con la prensa adversa, las redes sociales se convirtieron en los vehículos excepcionales para atraer al vo-tante hastiado de los ofrecimientos tradicionales.

Sólo es cuestión que el político sepa buscar aquellos aspectos que sean necesarios para que los votantes reaccionen ante sus propuestas y, parece ser, a criterio de algunos analistas, que los cambios en temas de costumbres y derechos sociales de los últimos años en el Brasil, como es caso del matrimonio homosexual y la

introducción de cuotas raciales en las universidades, han provocado un efecto reac-tivo de sectores que antes no revelaban explícitamente sus opiniones y se mante-nían en silencio.

Aquellos políticos han adquirido una cualidad distinta de obrar en las campañas, otro tipo de gestión, apoyándose en la individualización y de una destacada pre-sentación y exposición mediática de la persona, a lo que se alude como “massme-diatización” de la política.

Es evidente que el votante de hoy no se encuentra motivado sólo por causas co-lectivas. Las motivaciones son precisas, concretas y dentro de una lógica econó-mica que se relaciona más con su bienestar personal y con la atención de sus ne-cesidades inmediatas.

Bajo esta premisa, donde la propuesta y el programa político lo convierte en sujeto, el discurso radical de Bolsonaro ha encontrado plena justificación con la eventual aplicación de medidas extremas: o mano dura o una dictadura.

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@GRomeroUmlauff