Raúl Isaías Baduel: El General atrapado en la tumba, por Nasbly Kalinina

“No te dejes vencer por el mal antes bien, vence al mal con el bien” Juan Pablo II

Hace unos días tuve un sueño en el que visitaba al General Raúl Baduel en el SEBIN. Estaba durmiendo cuando llegué y me senté al pie de su cama. Al despertar y verme casi se infarta creyendo que era un ángel quien llegaba a buscarlo. Le dije que se tranquilizara pues aun no era su hora y que solo deseaba conocerlo por lo que pensó que se estaba enloqueciendo. Tuve que explicarle que era solamente la extensión de mi alma mientras mi cuerpo pernoctaba en otro lugar lejano.

“Soy amiga de tu hijo Raúl Emilio y vine a conocerte personalmente” le dije para que se relajara aunque en su cara noté su desconfianza. Luego de tanto tiempo en una prisión sin ver a nadie y siendo torturado de diferentes formas sabía que sería difícil que me hablara, sin embargo, insistí tanto que a la final no me quería dejar ir.

El General me contó que nació en Guárico el 6 de julio de 1955 y que desde muy joven sintió que su vocación era la defensa de la nación por lo que decidió ser militar. Durante su carrera conoció a Hugo Rafael Chávez Frías con quien junto a Jesús Urdaneta y Felipe Antonio Acosta Carlés creó el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 con la intención de instaurar un sólido gobierno con mucha participación social, pero se negó a formar parte de las dos intentonas de golpes liderada por sus compañeros porque estaba convencido que la violencia no era el camino para derrocar a un presidente democráticamente electo.

“Las armas solo deben levantarse en la defensa de la democracia, la Constitución y las leyes” me expresó convencido, lo cual, no dudé porque precisamente sus convicciones personales es lo que le había hecho ganar el respeto dentro de las Fuerzas Armadas venezolanas.

“En el seno de mi hogar aprendí que si en algún momento debía de poner en la balanza un principio y a un millón de amigos, la balanza debía inclinarse hacia el principio, por lo que cuando vi que las personas con quienes en algún momento había soñado con un mejor país estaban haciendo un manejo arbitrario de las riquezas de la nación y alejándose de la voluntad del pueblo, me retiré, me aparté y critiqué abiertamente tanto a la revolución como a quienes la manejaban con el único fin de perpetuarse en el poder y afianzar un modelo totalitario” me comentó mirándome a los ojos.

Sus palabras me impactaron tanto que estuve a punto de despertarme, sin embargo; intenté concentrarme para seguir conociendo al hombre que fue no solamente uno de los amigos más cercanos a Chávez sino que también había sido quien lo había restituido en su cargo durante el Golpe de Estado de 2002. Creo que leyó mi mente pues sin preguntarle me explicó:

“Ese es otro evento por lo que aún la oposición me castiga y me cree merecedor de mi cautiverio, pocos han entendido que mi deber era devolverlo al poder y con ello restaurar el hilo democrático. Si para aquel entonces alguien me hubiera dicho lo que venía aunque sea en un sueño como este, créeme que quizás hubiera actuado diferente. El poder da muchos beneficios pero también una gran responsabilidad y para mi esa acción fue la correcta. Nunca he estado de acuerdo con aplicar la fuerza para sacar a ningún presidente del gobierno. No apoyé a Chávez cuando fue en contra de Carlos Andrés Pérez pero tan poco podía permitir que lo sacaran a él de la misma forma”. Concluyó ya cansado de cargar con una culpa que no le pertenecía pues en verdad lo había restituido pero nunca para que hiciera todas las atrocidades que vinieron después de aquello.

Yo también me sentí cansada, había sido una gran experiencia conocer a unos de los protagonistas más emblemáticos de nuestra historia contemporánea, un hombre que cometió el error de involucrase con personas equivocadas y por quienes había perdido su libertad.

Antes de despedirme le mostré una estampita de Jesús y le pregunté si la conocía, me dijo que sí y se la regalé recordándole que la misericordia de Dios está presente para todo aquel quien la pida, la cual aceptó con una tenue sonrisa.

No sé si aún la conserva pero hoy no solo abogo por su libertad sino que también me acojo al infinito amor de Jesús porque a la final todos somos pecadores y todos merecemos otra oportunidad.

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@nasbly