José Manuel Rodríguez: Poco de todo y nada de mucho

“El gobierno despótico es un orden de cosas donde el superior es vil y el inferior está envilecido.” Chamfort

Más que el título de un artículo de opinión, pareciera ser el nombre de un macabro plan de dominación, que para gobernar a los venezolanos, están poniendo en práctica quienes hoy rigen los destinos de la nación.

Hoy tenemos poco, muy poco o casi nada de lo que hasta hace 20 años tuvimos los ciudadanos de esta nación. Lo teníamos casi todo; teníamos comida, medicamentos, salud y educación gratuita, con sus deficiencias teníamos seguridad ciudadana y juridica, una infraestructura en desarrollo, servicios públicos al alcance de todos y transporte público. Teníamos ademas lo más importante: derecho a quejarnos y en mayor o menor grado ser escuchados y atendidos.

En 20 años de este desproposito llamado “socialismo del siglo XXI”, sencillamente tenemos casi nada de mucho. No hay casi comida, ni medicamentos, la salud está enferma de muerte porque los hospitales son preambulos de la morgue, la educación es deficiente gracias a los desvaríos ideológicos que han venido imponiendo, no hay una sola obra de envergadura, no hay un mínimo atisbo de camino hacia el progreso, los servicios públicos son una calamidad, se acabaron las oportunidades y no te vayas a quejar porque te van a atender, pero con palos y hasta con cárcel.

La grandísima mayoría de los habitantes de esta tierra estamos siendo víctimas de carencias extremas. A duras penas logramos cubrir las necesidades más básicas y urgentes para la subsistencia. El venezolano de hoy se ha lanzado a aventurar más allá de las fronteras en un éxodo sin precedentes en nuestra historia, en búsqueda de las oportunidades que le han sido conculcadas por un gobierno que, desvergonzadamente trata de ocultar ante la mirada atónita de la comunidad internacional dicha diáspora.

En un despliegue populista al que ya nos tienen acostumbrados en épocas electorales, vuelven a ofrecer coroticos, bonos, perniles, ropa, juguetes y otras hierbas que todos sabemos que jamás le llegarán a quienes los necesitan y los merecen, sino a unos cuantos privilegiados de esos que llaman enchufados y a los sectores que aún conservan como voto duro, que el resto de los venezolanos vean como se las arreglan.

Inocularon el odio y la anarquía, dividieron y enfermaron a toda una sociedad en el afán de eternizarse en el poder y nos pusieron también a adolecer de valores, porque trastocaron los principios más básicos de civismo y convivencia.

Morimos de mengua acosados por la hiperinflación más alta del mundo, con la que los ciudadanos estamos financiando a un estado prácticamente quebrado que necesita bolívares inorganicos desesperadamente para poder cubrir defiecientemente un gasto público que devora las entrañas del país. Cada vez que el señor Presidente habla, los precios de todo se disparan, sin duda algo que sería digno de un profundo trabajo de investigación de alguna avanzada escuela de etimología.

Los venezolanos hemos sido desposeídos gradual y sistemáticamente de nuestra forma de vida, nos despojaron de ella y la convirtieron alevosamente en una especie de ejercicio constante se supervivencia. Ellos más gordos y rozagantes, nosotros caquexicos, cenicientos, cabizbajos y llenos de malsana impotencia. Es lo único que nos va quedando.

Hoy no hago conclusión para cerrar, porque deseo fervientemente que cada quien saque las suyas acerca del “estado penitente” en el que nos encontramos; sobretodo aquellos que aplauden el kilo de pernil que presuntamente les llegará junto con las lentejas que ahora estamos condenados a comer todos, una vez que pase la pantomima electorera del próximo 9D. A fin de cuentas, por allí un alto personero del gobierno dijo que “estás serían las navidades más felices de la historia”. Probablemente para ellos si, para el resto de los venezolanos, que somos la inmensa mayoría, estoy seguro que no serán así.

José Manuel Rodríguez
Analista / consultor político
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