La hiperinflación deja las casas de los caraqueños sin adornos de Navidad (fotos)

La hiperinflación deja las casas de los caraqueños sin adornos de Navidad (fotos)

(Foto Cronica Uno)

 

 

Los caraqueños que se animan a este tipo de compras sospechan que las vitrinas exhiben mercancía vieja: flores de pascua artificiales, mariposas escarchadas, piñitas, estrellas de Belén, malla navideña, espigas y cintas decorativas rotas, sin escarcha, sin color. Los arbolitos de Navidad brillan por su ausencia, por lo menos en el casco la ciudad, publica Crónica Uno.





Por Reymar Reyes Moncayo

Caracas. Violeta Otero, una trabajadora independiente de Caracas, necesita unas 20 bambalinas, 8 mariposas escarchadas, 8 flores de pascua, espigas decorativas y luces para un árbol navideño que tiene en casa, pero calcula que su presupuesto, de Bs. S. 5000, no da para tanto: arrancó la búsqueda en la sucursal de El Tijerazo en La Hoyada y encontró que las espigas y las flores artificiales oscilan por encima de los 1000 bolívares cada una. Hay quienes destinan 1000, 5000, 7000 y 10.000 bolívares en estas compras según sus posibilidades.

“Hay adornos bonitos, no se puede negar, pero antes estaba lleno de muchas más cosas”, observa Otero, quien tenía la intención de entusiasmar a sus hijos en esta temporada, pero se encontró con que la mercancía parece ser muy vieja, poco variada o con precios muy altos.

Ahora solo queda el recuerdo de lo que fue un gran almacén de ropa, juguetes y decoración. Nadie se salva de esta coyuntura, pues según Consecomercio, en 2018, al menos 40 % de los comercios activos en Venezuela cesaron sus actividades debido a la disminución de la demanda. La poca afluencia de clientes es señal del bajo poder adquisitivo y de que los venezolanos hoy mantienen como prioridad el gasto en alimentos, que también son escasos y se venden a precios exorbitantes.

Mientras el salario mínimo apenas llega a Bs. S. 4500, una cifra que los trabajadores aún no han cobrado, en el casco central de Caracas se ofrecen flores artificiales, mariposas, piñitas, estrellas de Belén, malla navideña, espigas y cintas decorativas desde Bs. S. 100 hasta Bs. S. 2000 por pieza. Los afiches y las coronas naturales se venden entre 200 y 500 bolívares soberanos. El papel metalizado para forrar puertas y regalos se ofrece en 300 bolívares o más. En el recorrido realizado por Crónica.Uno, en esta zona no se halló ningún árbol de Navidad y los adornos más costosos fueron los lazos, las flores y las espigas.

Otero se consuela con saber que todavía puede utilizar los arreglos navideños de años anteriores y que por esto el gasto será mucho menor. Pero para Luis y Andreína, una pareja de jóvenes recién casados, la decoración navideña empieza desde cero. Ambos visitaban la tienda de Traki en El Recreo y señalaron que los precios de este establecimiento resultan bastante económicos en comparación con los productos de Mango Bajito en el centro. En Traki se observan ofertas de bambalinas por 25, 100, 200, 500 bolívares y más.

No obstante, los clientes señalaron que hay mucho desorden, mercancía vieja o defectuosa: “Todo me parece feo”, “es mercancía vieja y rota, de remate que está perdiendo el color y la escarcha”, “esto parece el repele, pero si escoges bien, quedará bonito” y hasta “hay que tener un saco de dinero para adornar en Navidad” fueron los comentarios en el local.

Venimos caminando de varios sitios y los precios no bajan. Las bambalinas no bajan de 1000 y 1500 bolívares soberanos. Aquí hay muchas cosas que son accesibles y que en otros lugares no se pueden comprar. Queríamos comprar peluches para el árbol, pero cada uno cuesta 1500 bolívares y eso es demasiado para nuestro presupuesto. Las luces están en veremos”, agregó Andreina quien calcula que, aunque destinará una cifra mucho menor, una decoración navideña puede costar hasta 30.000 bolívares soberanos, lo equivalente a más de 6 sueldos en medio de una hiperinflación.

Para el grueso de la población, este tipo de compras no resulta una prioridad y se conforman con utilizar el decorado de épocas anteriores. Entre los motivos de estas iniciativas está animar a los niños y mantener un espíritu de resistencia ante la crisis. Sobre esto, la psicóloga Siboney Pérez V. afirma que conservar estas tradiciones es una forma a la que apelan los venezolanos para sentirse mejor.

En medio de la crisis, los rituales, la gastronomía y otras costumbres agregan sentido de identidad y seguridad emocional al individuo. “Las tradiciones nos ayudan a darnos anclaje y estructura en tiempos difíciles”, señala la psicóloga.

Uno también fue niño y vivió una época más dorada del país. Por eso tratamos de darle a nuestro hijos algo de lo que nosotros tuvimos. Si yo me quedo en el país, porque yo soy de los que no se va a ir, me quedo luchando. Nada voy a hacer con frustrarme. Por eso tomamos la iniciativa de salir a comprar y no pasar la Navidad por debajo de la mesa”, declaró Jerri González.

Que el niño Jesús nazca en cada casa

Para armar un pesebre es necesario ubicar una figura de la Virgen María, San José, el Niño Jesús, una vaca, un buey y los tres Reyes Magos. Entre otras cosas, se puede añadir un corral o una casa, para escenificar el nacimiento, y otros adornos para las montañas: ovejitas, pasto, estrellas y hasta luces de colores.

No obstante, adquirir la figura del Niño Jesús y los santos cuesta entre 270 y 450 bolívares soberanos en tamaño mediano. Las presentaciones de cerámica más grandes se ofrecen desde 1500 bolívares a 3000 bolívares soberanos cada uno. También hay pesebres en forma de fachada, los cuales incluyen el nacimiento, que se ofrecen entre 200 y 700 bolívares soberanos, una de las opciones más sencillas y accesibles.

Por su parte, un pliego de papel kraft se ubica en el orden de los 40 bolívares, mientras que el musgo —cuya venta está prohibida— y el aserrín para ambientar el nacimiento, se ofrecen en 100 bolívares. Las casas de cartón, los pozos de agua y hasta las iglesias tienen un valor entre 20, 100 y 300 bolívares.

Si bien lograr el decorado navideño en casa resulta una opción costosa, los caraqueños se niegan a dejar morir la tradición.