Vivió una vida fuerte e independiente: De repente, llegó el horror en Costa Rica

Carla Stefaniak divirtiéndose mientras celebraba su 36 cumpleaños en Costa Rica. Su cadáver fue encontrado el 3 de diciembre cerca del lugar donde se encontraba el alquiler de Airbnb cerca de San José, la capital del país. Foto cortesía Laura Jaime

 

Ni siquiera la niñera podía controlar el intenso temperamento de la niña de ocho años. Obedecer las órdenes de los mayores no era exactamente la forma en que Carla Stefaniak le gustaba comportarse, de modo que cuando se le encomendaba hacer algo, rápidamente la chica rebelde protestaba, publica El Nuevo Herald.

Por MONIQUE O. MADAN
[email protected]

“No eres mi mamá, así que no me puedes decir lo que tengo que hacer”, decía Stefaniak mientras metía en el corral a sus hermanos más pequeños, de seis y dos años. Aunque la niñera se las agenciaba para controlar a los dos niños, más de una vez Stefaniak salió corriendo de la casa, lo que desataba una persecución y una búsqueda por todo el barrio.

“Nadie se puede imaginar los dolores de cabeza que le dio a nuestros padres. Pero había memorizado donde quedaba la casa de nuestra tía y entonces, atravesando toda la ciudad, iba para allá y llegaba y tocaba el timbre”, le dijo esta semana al Miami Herald, Mario Caicedo, el hermano más pequeño de Stefaniak, que vive en Orlando.

“Así era mi hermana de niña y luego de adulta: fuerte e independiente. Nunca cambió”.

Esa misma determinación condujo a Stefaniak, que trabajaba como agente de seguros en Miami, hacia la madurez y en años recientes, por todo el mundo, en su meta por convertirse en una personalidad influyente de las redes sociales. En su galería de Instagram, Stefaniak aparece caminando por las heladas tierras de Groenlandia, montada en lujosos yates por el Caribe y posando apasionadamente delante de un cielo espectacular.

Su objetivo, sin embargo, quedó trunco en su última escala, San José, Costa Rica, donde Stefaniak fue hallada muerta a cuchilladas días antes de cumplir 36 años el 28 de noviembre.

 

Carlos Caceido, el padre de Carla Stefaniak.
Enrique Martinez AP Photo

 

“Era un espíritu libre que hacía que otras personas se sintieran libres”, dijo Caicedo. “Por eso ganó tantos corazones, pero ahora los nuestros están rotos”.

Según el Departamento de Investigación Judicial de Costa Rica (OIJ), el brutal asesinato de Stefaniak pudo haber estado motivado sexualmente. El sospechoso de su desaparición, un guardia de seguridad que trabajaba en el complejo de apartamentos de Airbnb donde Stefaniak se había hospedado, podría dentro de poco enfrentar una acusación de homicidio.

Stefaniak llegó al país el 22 de noviembre, la última vez que se supo de ella fue la noche del 27 de noviembre. Al día siguiente no abordó el vuelo que tenía reservado para el Aeropuerto Internacional de Hollywood-Fort Lauderdale.

Tras una búsqueda mundial a través de las redes sociales con el hashtag #FindingCarla, el cadáver parcialmente desnudo de Stefaniak se encontró el lunes 3 de diciembre, degollada, con el cuello roto y heridas de cuchillo. Había sido envuelta en plástico y enterrada a poca profundidad a unos 1,000 pies de donde se había estado hospedando. El avanzado estado de descomposición del cadáver indicaba que su muerte había tenido lugar días antes, dijeron el miércoles las autoridades de Costa Rica. El viernes se anunció que se encontró el teléfono celular de Stefaniak, así como ropa y un iPad. Hasta ahora, las autoridades no han especificado qué quiere decir “motivado sexualmente”.

“Yo no dudaría para nada que el crimen tuviera motivos sexuales. Bastaba con mirarla. Era una mujer despampanante”, dijo Laura Jaime, su mejor amiga y compañera de casa en Miami Beach y Hallandale Beach, donde vivía últimamente. “Pero su escultural belleza no le daba a nadie el derecho a matarla”.

Bismarck Espinosa Martínez, un inmigrante nicaragüense de 32 años que llegó a Costa Rica en junio, está preso bajo custodia preventiva de tres meses, hasta que lo encaucen formalmente. De acuerdo con las autoridades, Espinosa Martínez le dio declaraciones “contradictorias” a la policía. El OIJ dijo que Espinosa Martínez vivía al lado de la unidad que Stefaniak había alquilado. Se desconoce si será encausado bajo cargos oficiales. Tampoco cuándo.

“Alguien tuvo que ser lo suficientemente malvado para hacerle a Carla las espantosas cosas que le hicieron”, dijo Jaime, de 32 años.

La joven hizo una pausa para recuperar el aliento.

“Pero también es obvio que se defendió. Carla luchó por su vida hasta la muerte. No hay dudas sobre eso. Nuestra chica batalló como la guerrera que era”.

Una diva

Para su amiga Jaime, Carla era una “mujer explosiva”.

“Carla tenía una personalidad tan de diva, que celebraba su cumpleaños no solo el día que nació, sino el mes entero. Y ella estaba absolutamente segura de eso”, dijo Jaime, a la vez que mostraba fotografías de fiestas en que estuvieron juntas.

La celebración de cumpleaños de Stefaniak se planeó con “mucha intención y con meses de antelación”, dijo Jaime. “Ella sabía dónde se iba a hospedar, y sabía dónde iría a tomar un millón de fotos. También sabía que nos iba a bombardear los teléfonos con todas fotos”.

En un principio, Stefaniak pensaba viajar con otra íntima amiga, pero cuando la joven encontró un nuevo empleo que no podía abandonar para irse de vacaciones, Stefaniank tuvo que cambiar los planes. Y fue entonces que la cuñada de Stefaniak, April Burton, se sumó al viaje a última hora.

Después de cinco días de estar recorriendo Costa Rica, Burton volvió a la Florida. Stefaniak tenía previsto volar de regreso al día siguiente.

Durante su última noche en el paraíso, Stefaniak se hospedó en Escazu, un suburbio en las afueras de San José, la capital, después de dejar a Burton en el aeropuerto y devolver el auto alquilado. Regresó al lugar en un Uber.

A pesar de comentarle a Jaime sobre la “atmósfera extraña” que había en el apartamento, Carla también le dijo que “el lugar era muy bonito y moderno adentro”, dijo Jaime, recordando una llamada por FaceTime donde su amiga le enseñó lo último que había comprado: un par de argollas verdes tejidas.

Había tormentas, se había ido la electricidad desde las 9 a.m. y Stefaniak le mencionó a Jaime haberle pedido a un guardia de seguridad que le comprara una botella de agua.

Llegó la medianoche, y también los mensajes de feliz cumpleaños. Pero no hubo ninguna respuesta de Carla.

Fue entonces que Jaime supo que algo andaba mal.

 

Siga leyendo en El Nuevo Herald