Entre sorteos y tajadas comunidades se reparten el pernil prometido por el Gobierno

(Foto Crónica Uno)

 

En algunos casos, la cena de Navidad está echada a la suerte. En la Venezuela del racionamiento, donde 87,9 % de las familias dependen de los subsidios entregados por el Estado, la promesa del pernil es motivo de riñas y berrinches callejeros. Se necesita un sueldo mínimo para comprar un pan de jamón y no hay presupuesto familiar que pueda con las hallacas, publica Crónica Uno.

Por Julio Materano

Caracas. Con la promesa de un pernil por familia, el Ejecutivo quebranta su palabra por segundo año consecutivo: en víspera de la tradicional Nochebuena, en algunos sectores de las parroquias Santa Teresa, Santa Rosalía, El Valle y Coche se sortean el pernil, lo dividen entre casas o lo reparten en tajadas, como ocurre en Valles del Tuy. Para quienes aspiran completar el relleno de la estelar hallaca es una táctica mezquina que excluye a los más pobres.

Si se mira la temporada desde la hiperinflación, la escasez y la desmesura de los precios, este año el “festejo” de la Navidad es complicado: se necesita un sueldo mínimo para comprar un pan de jamón y no hay presupuesto familiar que pueda con las hallacas. La carne desertó de los mercados y la harina precocida de maíz, la gran consentida de la mesa, está ausente. Este año la pobreza es el ingrediente de los platos anémicos. El pernil, un platillo ensalzado por la promesa gubernamental, también se reparte en tajadas.

En algunos casos, la cena está echada a la suerte, como ocurre en la calle 8 de Los Jardines de El Valle, donde el consejo comunal de la zona decidió rifar la carne de cerdo para ahorrarse la disputa entre quienes reclaman un bocado. El sorteo, previsto para este miércoles en la tarde, convoca a una calle con más de 100 familias, donde la oferta de pernil no supera los 45 kilos, según vecinos.

El año pasado, rifaron cartones de huevos, pollos enteros y hasta mortadela, este año no hay nada de eso, dijo Rita Villalta, residente del lugar. En esta ocasión, la novedad es un amasijo de ropa “en buen estado”, que también será rifado entre quienes no resulten afortunados en el sorteo de la carne.

En la Venezuela del racionamiento, donde 87,9 % de las familias dependen de los subsidios entregados por el Estado a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) —de acuerdo con la Encuesta Sobre Condiciones de Vida 2018— la promesa del pernil es motivo de riñas y “berrinches callejeros”.

Se sabe que el último cargamento de pernil llegó a través de los muelles de Puerto Cabello, por donde ingresaron 4000 toneladas el sábado pasado, según el ministro de Alimentación, Luis Medina Ramírez, quien supervisó la recepción y despacho del rubro. Pero la importación es insuficiente en un país cuya pobreza multidimensional arropa a 48 % de los hogares.

En las Residencias Boconó, en Quinta Crespo, y algunos condominios adyacentes el reparto será por mitad. Uno para dos familias, advierten residentes. Sin embargo, de todo ello apenas existe el aviso. En Quinta Crespo los vecinos aún esperan la caja del mes y algunos ven con incredulidad la adjudicación de la tan anhelada carne.
Aún cuando el Gobierno aspira distribuir 20.000 toneladas de pernil, nacional e importado, Gleydis Tovar agrega que a su comunidad, en Vista Alegre, no ha llegado ni el rumor del reparto. “El año pasado, nos dieron la mitad de un pernil por familia. Este año no nos han dicho nada“, enfatiza la enfermera.

Según el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Diosdado Cabello, las 20.000 toneladas de pernil que consiguió el Estado no estarán al alcance de todos los venezolanos. A su juicio, el rubro debe ser repartido entre quienes han sido castigados por la guerra económica. Sus declaraciones se producen en un contexto social y político en el que más de 14 millones de personas disponen del carnet de la Patria, un documento calificado por algunos como instrumento de segregación social, con el que se promete facilitar el acceso a bienes y servicios a la población más leal a Maduro.

En Ocumare del Tuy, la comunidad foránea de Marare se reparte el pernil casi a pellizcos, no porque los comensales se agredan entre ellos —como ocurrió el Petare, donde una mujer le fracturó un dedo a otra por un pernil— sino por las tajadas en las que se fracciona la carne. Allí, reitera Dreuxilla Díaz, las piernas de cerdo, que pesan entre 5 y 7 kilos, se reparten por pedazos, de los que apenas podrán ver un puño de carne cocido.

Siga leyendo en Crónica Uno