#EscombrosDeMaduro: Venezolanos con VIH sin medicamentos recurren a un brebaje de hojas (Fotos)

Un cartel que dice “Sin medicamentos contra el VIH, todos mis pacientes en el hospital tienen una sentencia de muerte”, se ve detrás del doctor Carlos Pérez durante una entrevista con Reuters en el hospital José Gregorio Hernández en el barrio de Catia en Caracas, Venezuela, noviembre. 20, 2018. Foto tomada el 20 de noviembre de 2018. REUTERS / Marco Bello

 

 

Con cuidado el hombre escoge las hojas verdes del tamaño de la palma de una mano e introduce 50 de ellas en una licuadora a la que agrega 750 centímetros cúbicos de agua.

Por: Liamar Ramos Vivian Sequera | Reuters

Luego cuela el líquido verde, lo sirve en un vaso de vidrio y lo bebe despacio.

“Sabe a lechuga con agua”, dijo el hombre que vive con VIH y mantiene el anonimato porque sus colegas de trabajo desconocen su diagnóstico en medio de los prejuicios que aún subsisten.

El licuado se hace con las hojas de guásimo, o guazuma ulmifolia, un árbol mediano oriundo de la América Tropical.

Y pese a que su efectividad es cuestionada por expertos, su uso se impuso en Venezuela entre las personas con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) ante la escasez de fármacos antirretrovirales, una de las facetas más dramáticas de la crisis económica de la nación OPEP.

Hojas del árbol tropical guásimo se ven en Caracas, Venezuela, 10 de diciembre de 2018. Fotografía tomada el 10 de diciembre de 2018. REUTERS / Marco Bello

 

Con cinco meses sin tomar sus medicamentos porque no los había en el estatal Instituto de Seguros Sociales, que los venía entregando de forma gratuita desde inicios del año 2000, su médico le recomendó a mediados de año tomar el licuado.

“No tengo nada que perder (…) la mente lo que te trabaja es de una manera: me voy a morir, mi vida llegó hasta acá por un desfase en el gobierno, que no está cumpliendo con la medicación”, recordó.

Aunque el brebaje se ha tomado por años en distintos países de la región, entre ellos Brasil, como un tratamiento natural y complementario a enfermedades como la diabetes y el VIH, a Venezuela llegó por recomendación de algunos médicos porque dicen que mantiene altas las defensas de las personas con VIH que no estaban tomando sus medicinas.

Un hombre VIH positivo filtra una mezcla de agua y hojas trituradas del árbol guasimo tropical en Caracas, Venezuela, 10 de diciembre de 2018. Fotografía tomada el 10 de diciembre de 2018.
REUTERS/Marco Bello

 

“Es un tratamiento complementario (…) porque el componente macerado de esas hojas es el tanino, que es un componente bioquímico que aparentemente tiene propiedades antivirales”, dijo el médico Carlos Pérez Pérez, parte del equipo de la organización no gubernamental Acción Solidaria, surgida en 1995 y que brinda atención integral a personas con VIH.

Desde inicios de este año cuando se acentuó la escasez de antirretrovirales, Pérez ha recomendado beber el licuado de las hojas de guásimo dos veces al día por un mes, en un consumo que puede ser una vez o dos al año.

Un hombre VIH positivo agrega agua a una licuadora con hojas del árbol tropical guásimo en Caracas, Venezuela, 10 de diciembre de 2018. Foto tomada el 10 de diciembre de 2018. REUTERS / Marco Bello

 

Esa bebida “no sirve absolutamente para nada, ni son tratamientos que tienen soporte”, dijo el médico internista José Félix Oletta, exministro de Salud y miembro de la no gubernamental Red Defendamos la Epidemiología.

Agregó que no sólo personas con VIH recurren a esos tratamientos naturales, sino también personas con enfermedades cardiovasculares, cáncer, hipertensos, entre otros, por la falta de medicamentos.

Un hombre VIH positivo bebe una bebida hecha de hojas del árbol guásimo tropical en Caracas, Venezuela, 10 de diciembre de 2018. Fotografía tomada el 10 de diciembre de 2018. REUTERS / Marco Bello

 

“Hay una omisión del Estado que tiene que proteger la salud (…) el gobierno se hace de la vista gorda”, señaló.

El Ministerio de Información no respondió una solicitud de comentario sobre la falta de los medicamentos y de reactivos para hacer las pruebas de diagnóstico.

Una enfermera ayuda a un paciente VIH positivo y con tuberculosis en el hospital José Gregorio Hernández en el barrio de Catia en Caracas, Venezuela, 20 de noviembre de 2018. Fotografía tomada el 20 de noviembre de 2018. REUTERS / Marco Bello

 

ALTOS COSTOS

Algunas pruebas clínicas pueden llegar a costar 50.000 bolívares, unos 87 dólares a la tasa del mercado paralelo, y una caja de 30 pastillas de antirretrovirales, unos 85 dólares, dijeron personas con VIH y médicos.

El salario mínimo mensual es de 4.500 o unos 7,8 dólares a ese tipo de cambio paralela.

Una enfermera extrae una muestra de sangre para una prueba de VIH en el laboratorio de la ONG “Acción Solidaria” (Acción Solidaria) en Caracas, Venezuela, 28 de noviembre de 2018. Fotografía tomada el 28 de noviembre de 2018. REUTERS / Marco Bello

 

El gobierno del presidente Nicolás Maduro asegura que enfrenta una “guerra económica” y que las sanciones impuestas por Estados Unidos obstaculizan la compra de medicamentos y comida.

Con una hiperinflación interanual de 1,299 millón por ciento hasta noviembre, según datos de la opositora Asamblea Nacional, ante la ausencia de información oficial, “muchas personas dirán: o como o me hago el examen”, dijo Jhony Gómez, 30 años, diagnosticado con VIH en el 2012.

Un enfermero espera el resultado de una prueba de VIH en el laboratorio de la ONG Acción Solidaria en Caracas, Venezuela, 28 de noviembre de 2018. Fotografía tomada el 28 de noviembre de 2018. REUTERS / Marco Bello

 

Quizás “el examen es tan costoso que ni dejando de comer me puedo hacer el examen (…) los exámenes son pagados en dólares”, agregó Gómez, quien ha conseguido sus medicamentos por donaciones privadas de ONGs y, por ello, no ha recurrido al guásimo.


Una prueba del VIH muestra un resultado positivo en el laboratorio de la ONG “Acción Solidaria” (Acción Solidaria) en Caracas, Venezuela, 28 de noviembre de 2018. Fotografía tomada el 28 de noviembre de 2018. REUTERS / Marco Bell

 

Debido a los altos costos “a veces las personas utilizan medios muy alternativos, que si se toman algún tipo de planta que ayuda a subir las defensas, pero nunca va a hacer el control del virus”, dijo Gómez, al destacar que debido a la carestía de reactivos para hacer análisis, algunas personas pueden tener el virus y no saberlo.

Una paciente con VIH y tuberculosis se encuentra en una camilla en el hospital José Gregorio Hernández en el barrio de Catia en Caracas, Venezuela, 20 de noviembre de 2018. Fotografía tomada el 20 de noviembre de 2018. REUTERS / Marco Bello

 

Un portavoz del Programa Conjunto de Naciones Unidas para el Sida (ONUSIDA) en Venezuela dijo en un correo electrónico que los datos que manejan son los oficiales del Ministerio de Salud Venezuela y que los más recientes datan de 2016.

Para esa fecha, Venezuela tuvo 6.500 nuevas infecciones por VIH y 2.500 muertes relacionadas con el Sida, según ONUSIDA. En 2016 habían 120.000 personas infectadas por el VIH, de las cuales el 61 por ciento accedió a terapia antirretroviral, agregó.

Una paciente con VIH y tuberculosis se encuentra en una camilla en el hospital José Gregorio Hernández en el barrio de Catia en Caracas, Venezuela, 20 de noviembre de 2018. Fotografía tomada el 20 de noviembre de 2018. REUTERS / Marco Bello

 

Sin embargo, en su página de internet, la ONUSIDA indicó que desde el 2014 “el difícil clima económico está obstaculizando la capacidad de comprar y adquirir medicamentos, así como los suministros para las pruebas y la prevención del VIH”.

Lo peor de la escasez de antirretrovirales parece haber pasado y están llegando algunos medicamentos por donaciones y que distribuye el Seguro Social, según personas con VIH, médicos y ONG, pero algunos activistas aseguraron que la situación sigue siendo de un suministro intermitente, sobre todo el regiones del interior del país.

Una paciente con VIH y tuberculosis se encuentra en una camilla en el hospital José Gregorio Hernández en el barrio de Catia en Caracas, Venezuela, 20 de noviembre de 2018. Fotografía tomada el 20 de noviembre de 2018. REUTERS / Marco Bello

 

 

“La cosa es muy triste y preocupante, no es solamente el hecho de las personas que están ahorita diagnosticadas, sino el riesgo que corre la población que desconoce que pueda tener el virus y sigue exponiendo a otras personas”, dijo Gómez.

Reuters