La inminente necesidad de un pacto, por Rubén Limas Telles

La crisis de legitimidad que enfrenta la república puede tener un desenlace pacífico, podemos ahorrarnos mucho sufrimiento colectivo, podemos evitar una mayor destrucción del país si usamos el sentido común. Podemos proveernos de un pacto, entre venezolanos y para los venezolanos, que permita dotar de confianza, garantías y seguridad al PSUV para que abandone el gobierno e inicie su natural paso a la oposición política legal y, eventualmente, los factores de la alternativa democrática pueda conformar un nuevo gobierno, este sí, refrendado por los votos.

La experiencia histórica venezolana nos puede dar luces al respecto. El pacto de New York, firmado el 20 de enero de 1958 por Rómulo Betancourt, Jovito Villalba y Rafael Caldera en el exilio, a solo días del desmantelamiento de la dictadura de Pérez Jiménez, fue precedente del posterior Pacto de Puntofijo, el 31 de Octubre de 1958, firmado con el fin de vacunar a la naciente democracia de una recaída militarista. En ambos casos, la cualidades son las mismas, distintos actores políticos, con disimiles posiciones ideológicas, convergen en la necesidad compartida de que un régimen democrático, alternativo, fundado en el voto universal, secreto y directo, es el único capaz de evitar los rebrotes autocráticos de los cuales todos fueron víctimas. Se acuerda el reconocimiento al partido que triunfe en los comicios electorales y se plantea la conveniencia de un plan de gobierno mínimo común.

El éxito de dichos pactos se debe al compromiso férreo de llevarlos a cabo, como el compromiso de la MUD en su momento,  con respecto a cómo se designarían las directivas de la Asamblea Nacional, sin importar presiones. AD, PJ, UNT y VP han venido cumpliendo a cabalidad la palabra acordada. El terreno de la ilegitimidad, nacional e internacional, que en este momento estamos pisando es sumamente grave e imponderables sus consecuencias. Nicolás Maduro debe evitar seguir siendo arrastrado por factores radicales del militarismo, debe retornar a la vigencia efectiva de la constitución de 1999. Si tal es el caso, si existen condiciones propicias para la negociación política, él y su partido pueden tener garantías de un tránsito seguro a la oposición política legal, podríamos hablar, por ejemplo, de la restitución del financiamiento público a los partidos para que pueda sostener su organización a los efectos de poder competir en condiciones de equidad electoralmente.

Así mismo, una generosa amnistía a funcionarios que no se encuentren incursos en violaciones de derechos humanos también puede ser discutida y acordada. Pero el tiempo apremia. No dejemos que el orgullo nos impida las renuncias necesarias para construir un futuro digno para los millones de venezolanos ávidos de una esperanza. Nicolás Maduro debe saber, tras un año en que sufrió un intento de magnicidio y un confuso incidente entre el Sebin y la Casa Militar, que tiene enemigos más peligrosos entre los cultores del pretorianismo venezolano y no entre los adversarios civiles que nos agrupamos en la alternativa democrática.

Hoy, más que en ningún momento anterior de nuestra accidentada historia, se hace inminente la necesidad de un pacto. El desastre económico que nos espera en 2019 solo puede ser enfrentado por un gobierno legítimo, confiable y reconocido. Espero que este mensaje llegue a destino.