Entre la escasez y la hiperinflación, la hambruna golpea las puertas de Venezuela (FOTOS)

Entre la escasez y la hiperinflación, la hambruna golpea las puertas de Venezuela (FOTOS)

En la Iglesia Padre Claret se sirven alrededor de 800 platos de almuerzo cada miércoles y la comida varía. Una semana puede ser sopa de pollo. En otra, un plato de arroz y carne con algunas legumbres.HUMBERTO MATHUES/ FOTO DE CORTESÍA

 

 

Cada miércoles, Joselyn Morales y sus hijos se unen a cientos de otros venezolanos para hacer cola en la iglesia de la Parroquia Padre Claret, en el centro de Maracaibo, con la esperanza de recibir los almuerzos que entregan voluntarios de la Fundación la Casa de la Misericordia, publica El Nuevo Herald.





Por DAYANNA PALMAR Especial para El Nuevo Herald

“Comemos lo que nos da la gente. Mi esposo trabaja de vigilante, pero la paga es muy poca y no es suficiente para comprar comida. Hemos pasado hasta dos días sin comer”, dijo la madre acompañada por sus tres pequeños –de ocho, cuatro y un año– mientras observaban en silencio como la cola avanza poco a poco.

El de Morales es solo un rostro más en las condiciones de hambruna por las que atraviesa el pueblo de Venezuela, donde más de un tercio de la población dice comer una sola vez al día.

 

El colapso de la economía provocada por dos décadas de políticas socialistas del chavismo han convertido la otrora rica nación petrolera en uno de los países más pobres de la región, condenando a sus habitantes a vivir bajo condiciones de miseria que rivalizan con la de países africanos.

Según expertos, la economía venezolana se ha contraído en más de un 50 por ciento desde que Maduro asumió el poder hace seis años, en un proceso que ha destruido el poder adquisitivo de los venezolanos y empujado la nación petrolera en las garras de la hiperinflación.

Y el país podría tener aún días más difíciles por delante. La tasa de inflación, que cerró este año en cerca de un millón por ciento, podría multiplicarse a 10 millones para el cierre del 2019, de acuerdo a estimaciones del Fondo Monetario Internacional.

 

La falta de peso es evidente entre las personas que acuden a la iglesia. Muchos de los presentes están extremadamente flacos, dando claras señales de que llevan meses sin comer bien.
Humberto Matheus Foto de cortesía

 

 

Atrapado en un laberinto de fórmulas socialistas, el régimen de Nicolás Maduro persiste en implementar medidas que fomentan, en vez de desestimular, el proceso inflacionario del país. El 30 de noviembre anunció el aumento de salario mínimo en un 150 por ciento, el sexto aumento en lo que va de año.

“Este factor de corrección llega como un regalo de Navidad. Es para mejorar la vida del pueblo”, dijo Maduro desde el palacio presidencial.

Pero no todas las familias venezolanas disfrutaron de ese aumento. Muy pocos se pudieron permitir una nochebuena con los típicos platos navideños si apenas pueden permitirse un plato de comida al día.

Para comprar un pan de jamón, unos de los varios platos tradicionales navideños del país, se necesitaban gastar 4,892 bolívares soberanos, que excedían los 4,500 bolívares soberanos del salario mínimo mensual.

Los cientos de maracaiberos que hacen cola todos los miércoles en la Iglesia Padre Claret no están exentos de las difíciles condiciones por las que atraviesa el grueso de los venezolanos.

En la Iglesia Padre Claret se sirven alrededor de 800 platos de almuerzo cada miércoles y la comida varía. Una semana puede ser sopa de pollo. En otra, un plato de arroz y carne con algunas legumbres.

 

HUMBERTO MATHUES/ FOTO DE CORTESÍA

 

 

La falta de peso es evidente entre las personas que acuden a la iglesia. Muchos de los presentes están extremadamente flacos, dando claras señales de que llevan meses sin comer bien.

Pero aunque solo reciben ayuda una vez a la semana, ese plato de comida es una bendición en una ciudad donde la gran mayoría tiene dificultades en conseguir comida.

En un informe que ilustra la gravedad de la situación en la ciudad, la ONG Comisión para los Derechos Humanos del Estado Zulia reveló que la escasez de alimentos en octubre y noviembre fue de 72 por ciento y el aumento de los precios de los alimentos en promedio fue de un 305 por ciento.

 

HUMBERTO MATHUES/ FOTO DE CORTESÍA

 

 

El estudio concluye que los residentes de Maracaibo padecen todos los grados de inseguridad alimentaria: preocupación para la adquisición de alimentos, restricciones en la variedad, calidad y raciones de alimentos, y el último y más grave: hambre.

 

HUMBERTO MATHUES/ FOTO DE CORTESÍA

 

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