En memoria de Pimentel, por José Luis Centeno S.

 

“Teníamos un matrimonio normal, con altas y bajas como todos, hasta que un 27 de junio me envió un mensaje diciéndome lo mucho que me amaba, que recordara enviar las cosas a su familia en Margarita, porque él saldría de comisión con el grupo de su trabajo y no sabía cuando regresaba, me pareció normal aunque su mensaje hizo brotar lágrimas de mis ojos ya que parecía más una despedida.

Transcurrió casi una semana cuando llegaron a mi trabajo funcionarios del SEBIN, me detuvieron, ligándome directamente a Oscar Pérez, acusándome de muchas cosas que no entendía y que no eran verdad y así duré 7 meses presa en el SEBIN Helicoide, saliendo en libertad condicional el 9 de febrero del año 2018 casi un mes después del asesinato de mi esposo José Alejandro y el grupo que lo acompañaba.”

Con esas palabras, Dayana Santana culminó su relato biográfico de Pimentel, llevada por la congoja recordando su muerte el 15 de enero de 2018 en un hecho que manchó de sangre al país, luego del excesivo dispositivo desplegado para contener “acciones heroicas” de un alto impacto en la motivación al cambio político hasta ese momento prometido, más no encarnado como lo hicieron los miembros del grupo Equilibrio Nacional caídos aquel fatídico día.

José Alejandro Díaz Pimentel, Pimentel, a secas, como lo llamaban cariñosamente, el martirizado esposo de Dayana, perdió la vida a sus 37 años de edad. Numerosos testimonios lo presentan como un excelente profesional, estratega, con un alto sentido del deber, valeroso, resultando lógico que estando dedicado a actividades privadas, “en virtud a su excelente desempeñó y trayectoria policial lo llamaron para formar parte de un grupo comando que era liderado por funcionarios del DGCIM”.

Caraqueño de nacimiento, se crió y estudio en el estado Nueva Esparta, donde se casó por primera vez, tuvo dos hijos y formó parte del Grupo GAE tras iniciar su carrera policial en el Estado Anzoátegui. Siempre llevado por su espíritu de superación personal y profesional regresó a su Caracas natal, ingresando en la extinta Disip, como miembro de ese organismo formó parte del equipo de escoltas del Ministro de Agricultura y Tierras, Elías Jaua, en cuya gestión habría observado muchas irregularidades.

En el Ministerio de Agricultura y Tierras conoció a Dayana Santana, abogada de profesión, contrajeron matrimonio, permaneciendo unidos 10 años, hasta el día de su muerte, con ella tuvo un niño, que a diario reclama la presencia de su padre, quien en vida renunció a la Disip guiado por el deseo de dedicarle más tiempo a su familia, algo que logró en armonía con Dayana, juntos comenzaron a estudiar Derecho, mientras él atendía obligaciones laborales y velaba también por la manutención de su madre, hermano y los hijos de su primer matrimonio.

“Éramos un equipo, nos apoyábamos mutuamente ya que él tenía muchas responsabilidades y con un niño pequeño en casa que demandaba mucha atención pues heredó la hiperactividad de su padre, sus manos son idénticas, al verle sus manos a nuestro hijo siento que veo a José Alejandro.”Así recordó Dayana aquellos días de unión familiar.

José Alejandro Díaz Pimentel, encaminado por sus convicciones humanistas tocó puertas en la fraternidad mundial de la “Masonería”, donde fue aceptado logrando sus progresos en el primer grado. Es justo reconocer a Pimentel su liderazgo, valor y entereza en la conducción de “acciones heroicas” distintivas de un sentimiento auténtico de lucha por la democracia, la justicia y la libertad de todos los venezolanos.

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