Fastos y nefastos “Van más de 8 días y Guaidó sigue ahí” Por José Luis Farías

José Luis Farías @FariasJoseLuis

Parafraseando el cuento más corto del mundo hoy titulo “Van más de 8 días y Guaidó sigue ahí”, más firme que el dinosaurio del genial Monterroso. Espero no me repiquen con un cuento más corto: “y Maduro también”, porque a ese cuento le sale otro aún más breve: “va de retro”. Lo dicho viene a propósito porque a mi anterior “Fastos y nefastos”, publicado a primera hora la mañana del pasado 23 de enero, titulado “Comienza el final”, un viejo y perspicaz amigo, con quien frecuento intercambiar opinión política, me respondió con aguda ironía que más bien debería titular “El final del comienzo”, en clara oposición a la perspectiva dada por mi a los sucesos en curso. Todo apunta a que esta vez mi pana Rico no acertará.

A esta hora del partido, para usar la expresión deportiva que anuncia el estatus de un juego, en este caso un juego político, está claro que la inmensa manifestación de voluntad de cambio de ese 23 de enero, la más gigantesca de nuestra historia, volteó la historia creando una nueva realidad política. Expresada en las calles del país y del mundo por los venezolanos en fecha tan memorable para la democracia venezolana, día de la caída del último dictador del siglo XX, la histórica movilización de este 23 de enero le asestó un descomunal puntapié al sátrapa y acentuó el ritmo de los acontecimientos al precipitar la radicalización de las dos posiciones políticas en pugna. La democrática clara y corajudamente dicha por el presidente Juan Gerardo Guaidó Márquez y la despótica, espetada sin orden ni concierto, por el usurpador Nicolás Maduro Moros.

Las cartas están echadas en Venezuela, la gesta de los venezolanos el 23 de enero de 2019 produjo la metástasis de la tiranía del usurpador Maduro y su Pranato. Es cosa de corto tiempo, tal vez de muy corto tiempo, para un desenlace que devuelva la democracia, la libertad y la paz a la nación. Como lo expresó el propio Guaidó: “el desenlace puede ocurrir en cualquier momento”. El hambre, la cara más horrible de la crisis económica, se encargó de poner en su sitio las cosas. Paradójicamente, fortaleciendo la conciencia de quienes la sufren y debilitando las garras opresoras de quienes la han producido. En la calle se dio la unión ese día de chavistas y antichavistas contra el principal responsable de esa calamidad: Nicolás Maduro.

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Y a propósito de lo referido vine a cuento un recordatorio y una anécdota de ese hermoso día.

El mediodía del 11 de enero cuando grupos comprensiblemente desesperados exigían al entonces solo diputado presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, que se juramentará como Presidente encargado de la República, éste respondió que estaba dispuesto a hacerlo si el país entero (FAN incluida) lo acompañaba en la ruta trazada para echar al déspota y poner cese a la usurpación. Pues bien, ya sabemos cómo los ciudadanos plenaron las calles en su apoyo y pocos dudan que los hombres de armas también lo respaldaron, amén del espaldarazo dado por la comunidad internacional.

Así, llegado ese día de la verdad durante la tarde temprana del 23 de enero mi hermano Jorge Delgado, a una cuadra de la tarima, inquirió a un grupo de mototaxistas sobre qué esperaban del acto convocado. Todos, al unísono y sin excepción, con la esperanza en sus rostros, dijeron que no deseaban irse con “las manos vacías” porque de lo contrario, sin duda alguna, “el pueblo se le volteará a Guaidó”. Minutos después, y ante el asombro de propios y extraños, Juan Gerardo Guaidó Márquez, en un acto de audacia y coraje, cumplió su palabra empeñada y se juramentó como Presidente encargado de la República ante la más grande concentración humana de la historia de Venezuela y el país entero se vino abajo en vítores y aplausos. Los mototaxistas de esa esquina y los venezolanos en general no se fueron con las “manos vacías”.

Puesto el pie sobre el acelerador de la historia con esa juramentación, el desenlace quedó para el corto plazo: “o te vas ya, o te vamos en breve”. Y Maduro en un esfuerzo por mantenerse en el poder, convocó a una cadena nacional de radio y televisión para responder al reto recibido desde un balcón de Miraflores hacia un pequeño anfiteatro con escasas dos mil personas, a los cuales unas hermosas chicas con puntos de venta sofisticados en mano transferían a sus cuentas un bono de 18 mil soberanos por haber asistido al esmirriado acto. En medio de un mar de sandeces y rodeado por un cabizbajo Héctor Rodríguez, un asustado Diosdado, una nerviosa Cilia, unos rostros perturbados de Delcy y Erika y una mirada perdida de El Aisssami, Maduro apenas logró denunciar por enésima vez un nuevo “golpe de Estado”, balbucear que dejaría a los “órganos de justicia” actuar contra los responsables y romper relaciones con los Estados Unidos por su respaldo vía Mike Pompeo a Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela, dando un plazo de 72 horas para la salida de todo el personal diplomático de la embajada norteamericana. Ya sabemos que cumplido el lapso reculó y lo extendió por 30 días, lo que hizo las delicias del humor criollo añadiendo que eran “días hábiles” y otras guasas.

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El número de sucesos provocados a partir de entonces, entre reacciones internacionales y acciones de las dos fuerzas en disputa, es difícil precisar e inventariar. Pero todo se pudiera resumir en que cada uno de ellos apunta hacia una pronta salida de Maduro del poder. Ora por las acciones y decisiones de Estados Unidos, el Grupo de Lima reconociendo a Guaidó y la Unión Europea dando plazo hasta el sábado 2 de marzo, o las sanciones en torno a Citgo y PDVSA asfixiando a Maduro al cortale el control sobre las principales cuentas del Estado venezolana, todas ellas enmarcadas en una política de aislamiento y presión contra la tiranía. Ora por las débiles, tardías, contradictorias y hasta estúpidas reacciones y acciones de los distintos actores de la dictadura.

El propio alto mando militar no tuvo aliento ni para responder antes de las primeras 24 horas después de la juramentación de Guaidó, y cuando lo hizo no pudo ocultar sus contradicciones y actitudes que evidenciaron su poca o nula disposición a defender a Maduro más allá de que no lo dijeran. El general Wladimir Padrino López, ministro de la Defensa, trajeado de gala y no de campaña, al igual que el resto del alto mando, lo cual dice mucho del fondo de su verdadera voluntad, terminó por reconocer, sin decirlo expresamente, por supuesto, que no controla la institución castrense, que se rompieron los mandos, y llamó a evitar “derramamiento de sangre”, a dialogar, como quien sabe simplemente que está jodido. Una imagen muy distinta a la que acaba de presentar el jefe del Comando Sur, Craig Faller, al llegar a Cúcuta para recorrer la frontera colombo-venezolana en traje de campaña. Cosas del lenguaje militar.

Transcurrido ocho días desde ese memorable 23 de enero el cerco internacional se estrecha, las contradicciones internas del Pranato se acentúan y el camino de la represión, el único que le queda a ?maduro y su pandilla, se debilita ante la denuncia, la presión internacional y el coraje de los venezolanos liderados por Guaidó y la Asamblea Nacional. Se especula, no sin razón, que habría dos tendencias en el régimen debatiéndose en torno a las dos opciones presentadas por el almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur, cuando dijo que había dos maneras de “salir de Maduro y los altos mandos”, la de Ferdinand Marcos en Filipinas o la Manuel Noriega en Panamá. Hay quienes dicen que Maduro opta por la de Marcos y no lo dejan por ser un posible “rehén” de los radicales encabezados por Diosdado y Bernal actuando con el FAES y los Colectivos. Pero sus recientes anuncios desde la base aérea de Aragua llamando a los civiles a constituir “unidades de combate en los barrios” es un grito desesperado intentando promover una guerra civil que niega la opción Marcos. Hasta cuándo se extenderá ese alarde de caer con “las botas puestas”, todo indica que hasta muy breve, brevísimo, tiempo. Maduro está técnicamente noqueado, tratando de tomar aire con el conteo de protección para decirlo con palabras del pugilismo.

Hasta ahora el esfuerzo que ha arrinconado a Maduro y su Pranato ha sido una hermosa gesta civil, debemos recalcarlo, puramente ente civil, que ha ganado el respaldo internacional, mientras la participación militar se supone sin que haya cobrado relevancia pública. Sin embargo, el toque final para barrer al déspota dependerá en gran medida de la fuerza del factor armado de la república. La invitación de Guaidó a la FAN a que se ponga del lado de la Constitución y los ciudadanos es una constante inteligente y seria en su discurso, como en el de la diputada Delsa Solórzano y en algunos otros parlamentarios. Pareciera que el momento decisivo se acerca y al producirse entrarán los militares como actores de primer orden en lo que viene. La estabilidad política de la transición dependerá en mucho de la combinación de la convicción institucional y democrática de la FAN con la Unidad y la coherencia de los factores políticos. La tarea prioritaria es atender la falta de alimentos y medicinas en la población. Ya habrá tiempo para elecciones mientras se estabiliza el país para restablecer la democracia y con ella la libertad y la paz.