Juan Guerrero: Reprimiendo al hambre  

Creo firmemente que Venezuela es el primer país en el mundo donde el hampa organizada se hizo con el poder del Estado. Han sido las bandas y megabandas de narcotraficantes, pandilleros, grupos guerrilleros de extrema izquierda y demás organizaciones delictivas, que a lo largo de estos años, fueron escalando posiciones de poder hasta desplazar a los dirigentes intermedios, que tenían alguna formación ideológica socialista, por sujetos que respondían a órdenes de mafias organizadas.

Porque no se entiende de otra manera la crueldad, la maldad en las actuaciones del régimen, que pasó de ser un gobierno autoritario, centralizado y hasta militarista, en los años cuando el expresidente Chávez estaba en el poder, a un gobierno despótico convertido, primero en dictadura solapada, y después en abierto régimen absolutamente totalitario, militarizado y arbitrario.

No quiero excusar a Chávez, ni la responsabilidad moral que en la historia ha tenido la izquierda en los países donde se ha impuesto. Por el contrario, ellos cuentan en su haber con cientos de millones de seres humanos asesinados, torturados y desaparecidos.

Por estos días escuché de boca de una amiga un comentario que hacía su mamá. Una profesora de origen rumano, quien vivió la época comunista de Ceausescu. –Esto no es nada de socialismo ni comunismo. Allá al menos -en Rumanía- había orden y seguridad del Estado, afirmaba.

En Venezuela lo que está quedando es un maltrecho y desordenado país, con una administración pública destruida, y con una ciudadanía total y absolutamente desguarnecida. A la intemperie. La mejor ilustración que pueda indicar para comprender esta desolación, es una imagen del fotógrafo Francisco Bassim (Reprimiendo el hambre) donde unos militares rodean y apuntan sus armas contra un grupo de venezolanos, hambrientos, que en el fragor de las protestas se lanzan al suelo, sin importar que los apunten, buscando entre bolsas de basura algún poco de alimento para saciar el hambre. Es espeluznante, dramática y dolorosa esa imagen.

Pero es que así está el país. Es la miseria y sobre ella, el reinado de bandas criminales que han copado todo el escenario de la vida pública nacional. Un inmenso tumor rojo que está ahora explotando poco a poco y riega su podredumbre al rostro de cientos de millones de inocentes.

Esta barbarie tenemos que detenerla lo antes posible. Sea con la denuncia constante. Sea con acusaciones directas. Sea con la presión internacional. Sea con lo más doloroso y riesgoso: la declaratoria de Emergencia Humanitaria Compleja y la inminente participación de una fuerza militar internacional combinada, que neutralice a la fuerza armada nacional afecta al régimen y se enfrente a los grupos armados paramilitares.

Porque ese es el otro gran riesgo, además de la hambruna y epidemias en la población. Es la presencia de miles de militares extranjeros, sean cubanos, rusos, iraníes, sirios, disfrazados de asesores, médicos, enfermeras, odontólogos, deportistas, fisioterapeutas, artistas, que a fin de cuentas, es presencia exclusivamente dedicada a crear terror, miedo y causar muertos, heridos y desaparecidos. Ese es un ejército de ocupación listo para causar escenarios de terrorismo, como son los miembros del Hezbolah y el ELN.

La población venezolana debe estar atenta a las orientaciones que el presidente (E) Juan Guaidó está ofreciendo. Él y su equipo de asesores tienen un bien diseñado programa que está siendo desarrollado según un plan diplomático, político, económico, militar y jurídico para nada improvisado. Eso se está evidenciando. Tenemos que juntar manos y esfuerzo entorno de este presidente y equipo de trabajo.

La liberación del país no será de un día para otro. Es lo deseable pero no ocurrirá. Sin embargo, el cambio de actitud en la ciudadanía. La inquebrantable lucha por la libertad y democracia de la sociedad, están dando sus frutos y en su momento sobrevendrá la decisiva liberación y establecimiento pleno del gobierno democrático de transición.

De nuevo regresa la república a las manos de los obreros de la luz eterna: hombres libres y de buenas costumbres.

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