William Anseume: El “gobernador” de Miranda ignora la existencia de presos políticos

Coloco entrecomillado el cargo que malamente ejerce en nuestro territorio mirandino el señor Héctor Rodríguez, porque considero que la usurpación es una especie de síndrome político general de todos aquellos “líderes” del chavismo que detentan algún cargo de elección popular, debido a la cuota de responsabilidad que poseen en el arpegio de los desmanes cometidos por la cruenta dictadura instaurada por Nicolás Maduro.

Este señor que desgobierna Miranda, entusiasta compañero de la satrapía mortal, fue capaz de expeler por su boquilla la idea de que en Venezuela no existen presos políticos. Esto lo espetó el domingo pasado, con dos finalidades, a mi parecer, aparte de querer hacer ver a la ciudadanía, al mundo, la ausencia de presos y de tiranía. Es una versión mental suya de una canción popular ahora: que si no se acuerda, no pasó. Pues sí pasa, aunque pretenda ignorarlo, aunque busque esconder su basura bajo alguna inmensa alfombra.

Esas dos finalidades serían: en principio, tratar de proteger el alcance de la mano de la justicia internacional para con sus compañeros, cargadores de delitos de lesa humanidad. Como si una declaración de un funcionario menor fuera motivo de reducción, del aminoramiento, de la pena que deberán cumplir; como si la simulación de paz, o su entelequia, constituyera la paz misma, espiritual o colectiva, esquivándola. Mientras la otra sería irse posicionando como heredero del chavismo sin Chávez ni Maduro; constituirse, así, a sí, en el infame vocero y protector de la posible heredad articulada de las sobras rastreras de la mentalidad roja.

Malísimo el comienzo suyo como defensor, queriendo tapar el bombillo de la tortura con una mugrosa uña teñida de sangre. Más que cínica su terrible aseveración, cuando el mundo entero onoce a ciencia cierta lo que aquí ocurre hace tanto tiempo: más de mil presos políticos ratificados por organizaciones de Derechos Humanos como el incansable Foro Penal, permanentemente certificados por la OEA. Allí están desde policías como Simonovis, hace años, hasta Leopoldo López o Juan Requesens, por mencionar algunos de los más emblemáticos, sin la idea de ignorar a la inmensa cantidad que con ellos padece el trato cruel de las mazmorras dictatoriales; también otros manifestantes de su pensamiento como el alumno de la USB Santos Arteaga, apresado en la marcha del 23 de enero por expresarse. Y no sólo presos políticos, asilados como el diputado Freddy Guevara, huidos como Antonio Ledezma y desterrados como Vilka Fernández.

Sepa el usurpador por mampuesto de la silla mirandina que la libertad de expresión y de manifestación son derechos humanos, tipificados en la Declaración Universal de los mismos, que el destierro está impedido en todos los tratados internacionales sobre Derechos Humanos, como lo está la tortura. Si no hubiera presos políticos no los confinarían a cárceles esencialmente políticas como el SEBIN, policía política, no serían torturados, como lo son, por pura sevicia placentera en sus mentes macabras, no serían expatriados. Los familiares no serían, asimismo, perseguidos y acosados. Nada de esto lo hacen con presos comunes.

En fin, el “gobernador” en afán de figuración, marcada por la maldad, delira y trata de ocultar una verdad que sola grita al orbe como los presos políticos su libertad y la nuestra, ciudadanía de perseguidos, de necesitados, de sobrevivientes de una de las afrentas colectivas más dolorosas contra, y de, la humanidad.