Intervención militar o rescate en una guerra no declarada Por Luis Manuel Aguana

Siempre hay tiempo para evitar la violencia. Eso lo exprese en una anterior nota en septiembre del año pasado cuando los tambores de guerra eran ensordecedores (ver Intervención militar o disuasión fuerte, en http://ticsddhh.blogspot.com/2018/09/intervencion-militar-o-disuasion-fuerte.html). Y es verdad, siempre es necesario darle un chance a la paz. Han pasado casi seis meses de eso y el agravamiento de la situación de Venezuela en todos los órdenes ha sido exponencial, aún cuando se han abierto nuevas esperanzas políticas con la aparición de Juan Guaidó como protagonista de una nueva épica democrática.

Pero cuando escribí esa nota no se acababa de dilucidar como ni quien conduciría el barco opositor. Desde el 23 de Enero de 2019 ya lo sabemos. Ya sabemos quien, en base a lo expresado allí, puede levantar el teléfono en nombre de los venezolanos y llamar al 911 internacional y solicitar a la policía continental que se ocupe de acabar con el secuestro del que somos víctimas, y expresaba allí la posibilidad que se le delegara a la soberanía popular esa decisión.

Ya bien sea que el Presidente Encargado, con autorización de la Asamblea Nacional vía el Artículo 187.11 Constitucional solicite la presencia de misiones militares extranjeras en el país, o lo autorice el mismo pueblo de Venezuela a través de una Consulta Popular como lo sugerí en ese momento, dándole al “dueño de la casa” la oportunidad de expresar su parecer ante ese hecho tan grave para la vida del país, los venezolanos tenemos el derecho de saber qué es lo que estamos comprando con eso y todas sus consecuencias. Es lo justo.

En mis últimas notas he expresado que ha llegado la hora de hacer esa llamada internacional al 911 de la policía continental, así no la respondan o nos digan que no atenderán nuestro llamado. Lo que sucedió el 23 de Febrero dio el campanazo. Después de ver la ayuda humanitaria quemarse en la frontera, nadie en su sano juicio puede creer que el régimen saldrá sin violencia. Así negociemos una salida de Nicolás Maduro y sus cómplices “pacíficamente” -lo cual dudo-, en el país quedarán miles de fanáticos armados y en pie de guerra (lo que se demostró abiertamente en las fronteras el 23F) que harán imposible la estabilidad a cualquier gobierno de transición, en especial si las Fuerzas Armadas están en estado terminal, para lo cual siempre será necesaria la ayuda militar extranjera.

Y no es que deseemos la violencia. Nadie la desea. Pero por más pacifistas que deseemos ser, hay límites que no se pueden tolerar so pena de caer en lo que Sir Winston Churchill indicaba en su famoso dicho: “Quien se humilla para evitar la guerra, se queda con la humillación y con la guerra”. Creo firmemente que después del 23F el régimen le declaró la guerra a los venezolanos. Nos niega las medicinas y los alimentos que requerimos y los quema. Pues bien, nos queda a nosotros ver qué hacemos con eso.

Pero está claro que los secuestrados no podemos solos. El Libertador también lo supo cuando busco entre 1817 y 1822 a la que se conoció como la Legión Británica compuesta por militares voluntarios con paga, provenientes de Inglaterra, Escocia e Irlanda (ver el acertado artículo de Gustavo Azocar Alcalá, Bolívar: ¿traidor a la patria por pedir ayuda extranjera?, en https://lanacionweb.com/opinion/bolivar-traidor-a-la-patria-por-pedir-ayuda-extranjera/) para pelear una guerra que tampoco se buscó y que se dio por la determinación de los venezolanos de luchar por su libertad. Algo así tenemos ahora: la mafia comunista internacional se quiere quedar con el país con violencia, a pesar de nuestro rechazo democrático. Entonces tenemos una guerra que no buscamos, con el comunismo y toda la delincuencia internacional que ha hecho de Venezuela su refugio planetario.

Lo lamentable de todo esto es que mientras más tarde asimilemos este hecho será peor para nosotros. Aceptemos de una vez que ya nos pasó y estamos entrampados. Y esto no se va a solucionar tan fácil como cederles medio país a unos delincuentes a través de unas negociaciones imposibles de sostener, y menos aun dándoles elecciones donde sean ellos quienes cuenten los votos. Siempre lo querrán todo. Eso lo saben los norteamericanos aun cuando su diplomacia, y la diplomacia latinoamericana –léase Grupo de Lima- insistan en negarlo. Estamos montados en un polvorín.

¿Porque los norteamericanos han demorado la solución militar? Para ellos es muy fácil sacar a Maduro y sus mil ladrones en minutos –ni siquiera horas-. El problema para ellos es que pasa después que lo saquen. De acuerdo al análisis técnico de Adam Isaac, experto en seguridad  y defensa (ver Adam Isaac, Pensando en lo impensable: la intervención militar estadounidense en Venezuela, “Thinking about the unthinkable: US Military Intervention in Venezuela”
https://adamisacson.com/thinking-about-the-unthinkable-u-s-military-intervention-in-venezuela/) los Estados Unidos no iniciarían una intervención “sin un pretexto o una provocación que involucre a no-venezolanos. Tendría que haber una chispa inicial, un momento del “Golfo de Tonkin”, que haga que el gobierno de Maduro parezca ser el agresor”. Isaac cree que eso podría iniciarse en la frontera con Colombia y las seguridades que Colombia tiene de los norteamericanos de acompañar a repeler una agresión de Venezuela.

El experto predice que antes de una intervención existiría “un período de lucha entre Colombia y Venezuela antes de que las fuerzas de los Estados Unidos se involucren”. En lo particular no creo en una guerra entre nosotros y nuestros hermanos de Colombia. Venezuela tampoco tiene como sostener eso, por lo que el detonante para la intervención militar deberá ser otro.

“Como sucedió en Irak, el gobierno de Maduro casi seguramente sería expulsado. Los altos funcionarios del régimen serían asesinados o forzados al exilio. ¿Qué pasaría entonces?”. De nuevo, el problema para ellos no es sacar a Maduro sino lo que pasaría después, que se resume en los siguientes párrafos de su análisis:

  • “Si bien no me gusta recurrir con tanta frecuencia a la analogía de Irak (“luchar contra la última guerra”), es muy probable queuna Venezuela posconflicto, como en Irak, sea desafiada por insurgentes que cometan actos de guerra asimétrica.No tengo idea de si los colectivos, las milicias bolivarianas, los oficiales expulsados, las fuerzas de seguridad renegadas, los servicios de inteligencia, el ELN, el FPL y otros colapsarían o persistirían. Pero es muy plausible que muchos persistan, incluso sin una estructura de liderazgo unificada. Tendrían flujos de ingresos ilícitos, como la cocaína, la extorsión y la piratería de combustible, para mantenerse. También podrían ser suministrados por Rusia.

  • Mira a las “milicias bolivarianas” solo. Tienen entre 500.000 y 2 millones de miembros. Muchos están mal entrenados, y probablemente indisciplinados. Aún así, si incluso el 10 por ciento de la estimación baja opta por la guerra clandestina, eso es 50,000 combatientes solo de esta fuerza. En su apogeo, las FARC de Colombia tenían la mitad de eso.

  • Y nuevamente, agregue a los matones armados en los “colectivos “, el FAES y otras unidades policiales, el SEBIN, el FPL, el ELN y cualquier otro elemento radical que opte por la violencia.

  • Ya, GunPolicy.org, un observatorio internacional de armas de fuego, estima que hay 2,7 ??millones de armas de fuego ilícitas en Venezuela. Esa es la estimación más alta en Sudamérica después de Brasil.

  • Esta “insurgencia” podría hacer imposible la gobernabilidad en varias regiones y vecindarios urbanos, quizás por años. Podría desarrollar una gran capacidad para llevar a cabo ataques terroristas.

  • Bajo este escenario, las fuerzas estadounidenses podrían encontrarse en Venezuela durante muchos meses, o incluso algunos años, tal vez incluso apoyando al gobierno venezolano con campañas de contrainsurgencia de “corazones y mentes”. Incluso si es solo una pequeña fracción del costo de las ocupaciones de Irak y Afganistán, costaría muchos miles de millones de dólares

Entonces, el problema de los Estados Unidos sería quedarse atrapados en Venezuela peleando una guerra por años que no es de ellos, que costaría millones de dólares a sus contribuyentes, y así nosotros paguemos esa cuenta preferirán siempre que negociemos una solución con esos delincuentes como lo sugiere el autor. De allí que aun lo estén pensando con el consiguiente desangre de los venezolanos. La solución a ese dilema podría estar en el Plan Venezuela que propone Juan Carlos Sosa Azpúrua (ver Juan Carlos Sosa Azpúrua “Jaque Mate a Maduro”, en http://ifrevistadigital.com/jaque-mate-a-maduro/#.XHitDPyWFsI.facebook).

Pero yo me pregunto, ¿la alternativa es negociar un enclave comunista en Venezuela por no pelear esa guerra? ¿Ustedes creen que Maduro o quien se quede después de él de manera negociada desaparecerá por arte de magia las milicias armadas y los grupos paramilitares que crearon estos delincuentes, y que aterrorizan los pueblos de Venezuela? ¡Esos no desaparecerán después de Maduro! ¿Se desarmarían voluntariamente? Porque en este momento ya tenemos esa guerra desde hace años sin haber sido declarada. Solo miren las cifras de muertos en los últimos 15 años. ¿Qué diferencia habría? ¿En que la guerra sería declarada? Esa no sería razón suficiente para no pelearla.

No le pedimos a los Estados Unidos que se quede a pelear un desastre que creamos nosotros. Pero yo me hago la misma pregunta que se hizo mi querido amigo Antonio Sánchez García en un reciente y extraordinario artículo: “¿Por qué razón, un fenómeno de indudables perfiles geoestratégicos y de graves implicaciones en el terreno de la seguridad hemisférica, incluso mundial, pues asociado al narcoterrorismo islámico, fue apartado sin ninguna consideración estratégica y táctica de las preocupaciones de las cancillerías, los Ministerios de Defensa y los Estados Mayores de las Fuerzas Armadas latinoamericanas y occidentales?” (ver Antonio Sánchez García en Maduro y el complejo antimilitarista latinoamericano, enhttp://www.el-nacional.com/noticias/columnista/maduro-complejo-antimilitarista-latinoamericano_273268). ¿Qué significa eso? Que ellos están tan metidos en este problema como nosotros. Todos ellos, Estados Unidos y los países latinoamericanos, son responsables indirectos de esta situación como nosotros lo somos directamente. Eso tal vez no sea una excusa para sacudirnos de culpas pero si para exigirles sin pena alguna que nos ayuden a salir del problema y sus implicaciones.

Tenemos ahora el predicamento de encarar una guerra que ya existe y que nos declaró el régimen, con las graves implicaciones violentas que eso tendrá en el país. Pero ¿sería el detonante de eso una intervención extranjera para derrocar políticamente a un gobierno en funciones o una operación de rescate de un país para detener a unos delincuentes? La diferencia es notable. Les pedimos a los países amigos que nos ayuden a detener a los delincuentes que usurpan el gobierno de Venezuela y a iniciar una transición política. El conflicto posterior, que sabemos que vendrá y que durará el tiempo que sea necesario, es nuestro y esperamos que nos ayuden a enfrentarlo, reorganizando con nosotros lo que sea necesario para el rescate del orden dentro del país. No comparen eso con cualquier cosa que hayan realizado en el pasado porque esta es una situación completamente inédita.

Finalizo con las palabras de cierre de Carlos Sánchez Berzaín en una conferencia sobre la Dictadura en Venezuela y Delincuencia Organizada: “Este es el gran desafío para la gente que defiende la democracia: separar la política del crimen. Los políticos pueden tener errores, pueden cometer delitos,…-y hay corruptos políticos, hay políticos corruptos- pero eso está muy lejos de la organización criminal que ha logrado controlar el poder político; que no son políticos, que no son gobernantes, que no pueden ampararse en la soberanía para proteger sus crímenes. Que no pueden usar el derecho de haberse apropiado de Estados para seguir ejerciendo el crimen y para pedir inmunidades y privilegios…” (Ver Conferencia de Carlos Sánchez Berzain, en https://youtu.be/NideOLmudeY, min 11:55. Recomiendo verla completa). Y ciertamente es un desafío. Maduro no puede seguir amparándose políticamente en la soberanía de Venezuela para proteger sus crímenes, ni seguir usando indefinidamente el Estado venezolano para delinquir. Eso debe terminar inmediatamente. Ya es hora que los países amigos vean esa diferencia y actúen en consecuencia.

Caracas, 4 de Marzo de 2019

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