Tamara Suju Roa: El Centro de torturas DGCIM se viste de “gala” antes de la visita de Michelle Bachelet

La oficina del Alto Comisionado de Nacionales Unidas, que encabeza la chilena Michelle Bachelet, anunció el envío de una comisión técnica que llegará a Caracas los próximos dias, y que dirá si es necesaria una evaluación “in situ” de la Sra. Bachelet en el país.

Para aligerarles un poco el trabajo de recolectar testimonios, ya que pruebas físicas de lugares, instrumentos y celdas para la tortura están siendo remodeladas, desaparecidas y transformadas, quería describirle como han pasado estos últimos dias los presos civiles y militares que conviven en los sótanos de la División General de Contra Inteligencia Militar ( DGCIM), centro de torturas ubicado en Boleíta, Caracas. La actividad actual de “maquillaje”, a la espera de la visita de la Comisión técnica incluye, remodelación y pintura de paredes, instalación de sanitarios – que no existían y por lo tanto, los presos políticos han hecho sus necesidades hasta ahora en bolsas plásticas o potes- instalación de un televisor y la desaparición física de las celda conocida como “la jaula de los locos” o celda de castigo, famosa por ser el lugar donde se aplica todo tipo de torturas las 24 horas del dia.

No voy a narrar hoy las torturas físicas aplicadas a los detenidos políticos, usadas según las necesidades de obtención de información o castigo que su director, el Mayor General Iván Hernández Dala, necesita para satisfacer a Nicolás Maduro. Es decir, la asfixia, la electricidad, los colgamientos, el uso de narcóticos y otros métodos, están detallados en cada caso, en cada victima, en la Corte Penal Internacional acompañados por supuesto, de la cadena de mando que Hernández Dala necesita para ejecutar sus actos de terror, entre ellos, los oficiales Rafael Franco Quintero, Hannover Guerrero, Alexander Gramko Arteaga, Nestor Blanco Hurtado, José Sánchez Castro, Germán Sánchez, José Castillo, Jonathan Becerra, Johana González, Reunirte Amaro, Keyler Chacón Bautista, Saúl Méndez, entre otros.

El día a día de los detenidos transcurre en medio de la tortura blanca. Aquella que no deja huella física inmediata, pero que merma la salud física y psicológica de las personas, y cuyas huellas pueden ser irreversibles. En las celdas del DGCIM la luz blanca permanece encendida las 24 horas del dia. Nunca es de noche, el cuerpo y la mente nunca descansa. Cuando los detenidos están recién llegados, pasan semanas sin saber la hora, sin saber cuanto duermen, cuando es la hora de comer, siendo la primera desorientación a la que son sometidos.

Los sótanos del DGCIM tienen áreas donde actualmente hay personas cuyos nombres se desconocen, incluyendo mujeres, cuyos gritos “desgarradores” se escuchan sobre todo por las noches mientras los torturan, causando efectos de angustia y zozobra al resto de los detenidos.

La semana pasada, luego de haber pasado tres meses sin recibir luz solar y aire natural, sacaron a todos los presos políticos a broncearse la cara. La ultima vez, que ya casi no recuerdan, fue a finales de noviembre. Quizá Iván Dala debería pensar en llevarles una cámara bronceadora artificial, para llevar a su máxima expresión, su obra bufa.

La “división ideológica editorial” solo permite que los presos políticos reciban como lectura diccionarios de idiomas. A veces, permiten algún libro o folleto que primero deben ser aprobados por dicha división. Tampoco tienen derecho a tener objetos religiosos como crucifijos o libro de oraciones. Las familias no les puede llevar a los detenidos fotos de su hijos o hermanos, nada que les cuente la realidad externa y que los vincule con sus familias.

Tampoco tienen acceso al agua. Solo toman la que la familia les lleva los días de visita. Quienes tienen la fortuna de recibir a su familia semanalmente se hidratan, y quienes no, se quedan sin el vital liquido. Hay presos que solo toman algunos tragos al día, hay otros a los que han privado del liquido casi completamente durante semanas, para castigarlos. Algunos ya padecen enfermedades renales. Los custodios se roban las medicinas que le llevan los familiares, sobre todo las más costosas, como aquellas para la tensión, para la gastritis y antibióticos entre otras. Cuando entre las visitas hay hijas y jóvenes, las acosan y las desnudan delante de oficiales femeninas, algunas de ellas las tratan con morbosidad.

Hace poco, en el día de visita, sacaron a uno de los presos más jóvenes vestido con una braga naranja, a caminar por el área donde los presos políticos reciban a sus familiares. El joven, llevaba atado a su cuello una gruesa y larga cadena, cuyo extremo sujetaba el custodio. Iván Hernández Dala y toda su comitiva de criminales y torturadores deberían visualizarse de la misma manera, en sus próximos dias y años, cuando sean juzgados por los más terribles crímenes cometidos en nuestro país.

Iván Hernández Dala: Ni que pongas la alfombra de “Welcome” a la entrada, borraras los horrores que se ocultan detrás de esas paredes.

@TAMARA_SUJU