Maduro pierde apoyo en antiguo bastión: Los barrios

El graffiti con pintura roja dice “Fuera Maduro” un mensaje que aparece en los barrios pobres que se están volviendo en contra del régimen FOTO: FEDERICO PARRA / AGENCE FRANCE-PRESSE / GETTY IMAGES

 

Durante un reciente apagón generalizado, el más prolongado en la historia de Venezuela, cuando todo el país quedó a oscuras, Marilú Ramírez Sánchez, de 61 años, pensó que en cualquier momento comenzaban a impactar misiles estadounidenses.

Por: Eduard Freisler | El Nuevo Herald

Devota partidaria de Nicolás Maduro, recorrió Las Brisas, un barrio pobre de su nativa Caracas, tratando de informar a los vecinos sobre un posible ataque norteamericano contra el gobierno venezolano. Ramírez trató de ayudar a calmar a la gente en medio del peligro inminente.

Thibisay Rodríguez, de 56 años y amiga de muchos años, no necesitaba que Ramírez le calmara los nervios. Ella estaba segura de que el apagón no era parte de un ataque extranjero sino que se debía a dos razones simples: la incompetencia y la corrupción en el gobierno.

Ramírez y Rodríguez, quienes se conocen desde que eran niñas, dicen que esa amistad se basa en innumerables momentos que han compartido a lo largo de la vida. Pero estos días la política a veces las separa.

Una tarde reciente, mientras las dos conversaban en el destartalado apartamento de Ramírez en una colina desde donde se puede ver buena parte de Caracas, unos 200 pies más abajo, había armonía y una sensación de nostalgia al hablar del pasado. Las dos nacieron en Las Brisas, las dos tuvieron a sus hijos allí y las dos planean seguir viviendo en el lugar cuando ya no trabajen.

Pero cuando se ponen a hablar de los grupos paramilitares, los llamados colectivos, el asunto rápidamente se convierte en una controversia.

Marilú Ramírez y Thibisay Rodríguez, amigas de toda la vida, tienen opiniones políticas diferentes, en momentos que la crisis venezolana empeora | Por: El Nuevo Herald

 

Para Rodríguez, los colectivos son pandillas de delincuentes que se dedican a extorsionar y asesinar. Pero Ramírez cree que los colectivos, creados por el entonces presidente Hugo Chávez, son en lo fundamental jóvenes dispuestos a ayudar y a mantener la seguridad en las calles del país.

Sin embargo, Ramírez, quien cuando era joven estuvo dos años en Cuba y se enamoró de la revolución cubana, se da cuenta que cada vez más sus opiniones políticas están en la minoría cuando se reúne con otros venezolanos. Los vecinos de estos barrios, donde viven los venezolanos más pobres, han sido históricamente un bastión de los partidarios más fervientes de la revolución lanzada por Chávez, quien llegó al poder por primera vez en 1999.

Eso parece estar cambiando radicalmente.

Según la encuesta más reciente de la firma venezolana Datanalisis, el presidente interino Juan Guaidó disfruta ahora de un índice de aprobación superior al 60 por ciento, mientras que la popularidad de Maduro se ha desplomado al 14 por ciento, que se hace sentir también en las zonas más pobres y de clase obrera, según Datanalisis.

Expertos dicen que ese apoyo ha caído de manera proporcional con la baja en la calidad de vida.

El gobierno “está perdiendo apoyo en los barrios pobres. A lo mejor Maduro puede distraer a estas personas con el miedo y culpando a Guaidó, pero no puede distraerlos cuando no saben cuándo van a volver a comer”, dijo en analista político Guillermo Zubillaga, de la Sociedad de las Américas y el Consejo de las Américas (AS/COA), en Nueva York.

En Las Brisas ahora es difícil encontrar a gente que apoye a Maduro.

“La mayoría de la gente de aquí votó por Chávez, incluida yo, pero ahora esto es territorio de la oposición”, dijo Rodríguez.

Roberto Briceño León, sociólogo y experto en delincuencia quien estudia los barrios desde hace 50 años, señala una tendencia sorprendente: una fuerte reducción de la violencia en esas zonas. Al igual que en el resto del país, estos vecindarios también han experimentado un éxodo de personas debido a la crisis económica.

“Los jóvenes, entre los delincuentes, se están yendo de los barrios, se están yendo de Venezuela”, dijo.

En In Catia La Mar, otra zona pobre en el norteño estado de Vargas, la Policía confronta a los vecinos cada vez que se quejan de las desastrosas condiciones de vida.

“Vienen cuando protestamos por los malos servicios”, dijo Baudy Hernández, de 55 años, quien comparte una pequeña habitación con Yunesky Barrios, de 24 años, y su hijo de 3 años.

Hernández manejaba un camión pero perdió el empleo hace dos años. La razón: muchos vehículos está rotos y no hay cómo arreglarlos.

Thibisay Rodríguez busca agua en su vecindario | Foto: El Nuevo Herald

 

La pareja no puede darse el lujo de comprar ropa nueva, mucho menos ir al cine o a comer en un restaurante. “La última vez que me compré una falda fue hace cuatro años”, dijo Barrios, mientras le daba el pecho a su hijo, algo clave porque en el país no hay fórmula ni leche en los supermercados.

La vecina, Desiree Victoria Espinoza, de 25 años, tiene cuatro hijos que alimentar. El primero nació cuando Espinoza tenía solamente 15 años. La mujer dijo que los anticonceptivos no solamente son difíciles de encontrar sino que tampoco son una prioridad. Muchas parejas usan el dinero que tienen para comprar alimentos extra y medicinas.

Los barrios están llenos de niños jugando en las calles y callejones.

De regreso en Las Brisas, los vecinos celebraron recientemente el carnaval, menos una tradición que históricamente ha sido parte de las festividades: lanzar harina y agua a sus vecinos.

Este año el agua y la harina escasean mucho, así que no se pueden “desperdiciar” en una celebración.

“Antes de la revolución, éramos pobres pero felices”, dijo un hombre de edad mediana que se identificó solamente como Marvin. “Ahora somos pobres e infelices”.