Luis Barragan: Cultura insurgente

Luis Barragán @LuisBarraganJ

Las hubo con letras descaradamente panfletarias al lado de otras, francamente poéticas. La canción-protesta, local y de importación, caracterizó también a un país con un mínimo de libertades públicas para apreciarlas, sensible a sus más caras denuncias.

Tomar una vieja pieza, nos lleva a la nostalgia de los tiempos idos. En las redes sociales, bastará con tomar una muestra de las más cotizadas para constatar la más escandalosa vigencia de los reclamos, quizá sobreviviente el cantautor que hoy no menos escandalosamente calla; o para ratificar que los versos de Alí Primera, abusado hasta la saciedad, le sirven a una dictadura que jamás ha dado, no da ni dará explicaciones ante la catástrofe que ha provocado.

Además, dictadura que ni siquiera pudo levantar un movimiento cultural más o menos convincente, imitando a la Nueva Trova cubana que, por siempre, silenció las más crudas realidades isleñas. En una ocasión, Maduro Moros prometió un estudio de grabación en cada capital de estado, para ocupación de los artistas del partido: una cosa ni la otra, existen, excepto los consabidos jingles de las campañas plebiscitarias que rinden culto a la personalidad del antecesor, buscando  la suya – todavía – el sucesor.

En la Venezuela de una represión tan indecible como su calamidad humanitaria, corren las melodías  y lemas, a veces, subterráneamente, y otras, con los ímpetus de un estadio deportivo repleto. No constituye casualidad alguna que la cultura de la insurgencia a favor de la libertad, la que cuenta con el conmovedor testimonio de sufrimientos y el feliz impulso de las esperanza, se haga en el exterior, como ocurre con las piezas estremecedoras de Gabriela Montero (https://www.youtube.com/watch?v=81ogb1b-0kU),  Reymar Perdomo (https://www.youtube.com/watch?v=IJi25BVXxvs), Christian López (https://www.youtube.com/watch?v=JGudROVFgZ8), entre otros.

Gritan autenticidad, transmiten las vivencias del injusto y forzado exilio, reclaman el optimismo necesario para un país que debemos reconstruir sobre valores muy distintos a los que permitieron la amargura de un siglo que tarda en llegar por estas latitudes.  La diáspora que se sabe en la anchura espiritual de una patria viva, la que no desmaya en su lucha contra la tiranía, está aportando a la cultura de una libertad irrenunciable.