Konzapata: El terror rojo aplaude y delira en la Asamblea Constituyente de Maduro y Cabello

Konzapata: El terror rojo aplaude y delira en la Asamblea Constituyente de Maduro y Cabello

Diosdado Cabello no se contiene / Foto: Psuv

 

Pedro Carreño sacó pecho mientras aplaudía. Y María León batió palmas como ninguna. Es ella la que apuntaba que era poco allanarle la inmunidad parlamentaria a Guaidó. Fue ella la que suscitó que se pidiera a gritos paredón para Guaidó. Así los constituyentes de la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente, corearon la palabra que no es palabra. Es un concepto. Una línea de acción. Es amenaza. Es sangre. Es Stalin. Es Fidel Castro. Es Cuba. Y es, ahora, Venezuela.

Por Juan Carlos Zapata / Konzapata.com





La primera vez que en televisión se escuchó “paredón” fue a raíz de la condena pública que hizo Hugo Chávez del general Raúl Isaías Baduel. El héroe del retorno de Chávez al poder en abril de 2002, cinco años más tarde, en 2007, ya no era héroe, no era el compadre, no era el amigo, no era el cuarto hombre del juramento bolivariano, no era el jefe del Ejército, ni el ministro de la Defensa. Baduel era entonces el traidor, era el corrupto. Baduel había cometido un pecado. Oponerse a la reforma constitucional propuesta por Hugo Chávez. Y allí, en un Aló Presidente, estaba Chávez, dando cuenta de él, y el público que le hacía comparsa, gritaba paredón, paredón, paredón. Paredón para Baduel. Y Chávez, dejaba pasar, dejaba gritar. No gritaba paredón pero le complacía que los otros lo hicieran. A la postre, Baduel no fue fusilado aunque a la postre es como si lo hubiera sido. Baduel se convirtió en un preso político de Chávez y Nicolás Maduro, y también de Diosdado Cabello.

Y es Cabello quien aparece otra vez en escena. En esta escena de la Asamblea Constituyente que enfila baterías contra Guaidó. Chávez lo usó contra Baduel. Y Cabello asumió el rol de insultarlo y vejarlo. Decía, por ejemplo, que en abril de 2002 Baduel había “arrancado empujado”, y esta era una forma de desdeñar lo que el general había hecho por Chávez y había hecho en contra de aquellos que lo habían echado del poder.

A Cabello ahora nadie lo usa contra Guaidó. El cree en lo que hace y dice, y en cómo lo dice. Y cómo asume el lenguaje y los códigos del totalitarismo rojo implacable que persigue, mata, reprime, tortura, ejecuta y no deja espacios a la disidencia. “Lo que sí puede esperar la derecha perversa, terrorista y asesina, es que más temprano que tarde tendrá que pagar ante esta Constitución y la ley todos los males que le ha hecho a nuestro pueblo”, dijo Cabello. Un Cabello convencido igual que María León, vieja militante comunista, de la ortodoxia comunista, que solo tuvo que hacerle un click a la memoria, a su memoria roja, para conectar con los crímenes de Stalin y los crímenes del castrismo en Cuba. De la misma Cuba que es apoyo clave y fundamental para Maduro. La misma Cuba de los tribunales populares, que es lo que ahora María León solicita sean activados y decidan el destino de Guaidó. El paredón sería una posibilidad. Al fin y al cabo, a Guaidó hay que borrarlo de la realidad y la historia.

 

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