Juan Felipe Lara Fernández: Hacia una inmigración influyente

Juan Felipe Lara Fernández: Hacia una inmigración influyente

Venezolanos ondean la bandera nacional durante una protesta contra Nicolás Maduro  (Foto por Yuri CORTEZ / AFP)

 

Los venezolanos con recursos podemos constituir una auténtica fuerza política internacional.

Por: Juan Felipe Lara Fernández





En Venezuela el panorama ha cambiado rápidamente. En menos de tres meses tenemos un presidente interino, Juan Guaidó, un gobierno de transición reconocido en 55 países democráticos y el control de instituciones y empresas venezolanas fuera del país, como Citgo que pasó a las manos de un nuevo equipo de profesionales.

Se vislumbran nuevos escenarios, pero el trabajo no está hecho. Para completar la tarea se requiere un paso gigantesco: la sustitución de un régimen ilegítimo que aún mantiene control interno.

Pero hay logros enormes: muchos aliados (la OEA, el Grupo de Lima, el Parlamento Europeo y os países de ese continente); la recuperación de activos y otros. Entre las naciones que lo reconocen hay tres que son claves en un posible desenlace: Estados Unidos, Colombia y Brasil.

Contribución efectiva

Siempre he dicho que dos de las más importantes tareas de un venezolano pudiente, fuera del país, es lograr conexión e influencia con los gobiernos locales e, idealmente nacionales. De esa forma tendrá acceso y oídos interesados en sus ideas y propuestas.

Como he comentado antes, la mayoría de esos venezolanos pudientes en el exilio, reducen su actividad política a las redes sociales. Es una forma cómoda de enfrentar una situación que ya ha escalado a crisis humanitaria frente a un régimen dictatorial inmune a la crítica y a la presión ciudadana.

La ventaja aparente de esto es lo fácil y cómodo de hacerlo. La desventaja es que tiene un efecto mínimo o, en general, inexistente. Es predicarle al convencido y lograr una falsa impresión de logro, buena para tranquilizar la conciencia pero poco efectiva para motorizar un cambio. Entonces ¿qué hacer?

La influencia se construye

Veamos y aprendamos de la experiencia cubana en el exilio, concentrado principalmente en el Sur de Florida. Desde el principio de los años 1960s se integraron a la sociedad estadounidense, no se aislaron.

Formaron parte de sindicatos, cámaras de comercio e industria. Montaron negocios locales, muchos de los cuales son hoy referencia estadal y nacional. Se integraron a sus localidades, y más intensamente en la medida que entendieron que la lucha contra la dictadura comunista duraría generaciones.

Pero más importante, se involucraron en la política local, a medida que se hacían ciudadanos, se registraron en los partidos y participaron como candidatos en elecciones locales, estadales y eventualmente nacionales. Los Díaz-Balart, Marco Rubio, Ted Cruz e innumerables líderes en la política local del Sur de Florida demostraron que el poder se logra en el terreno y no desde lejos.

Por supuesto que los venezolanos todavía no tenemos el tiempo y la influencia que se logra en décadas, pero debería ser una tarea coordinada y sistemática. Ya hay algunas, como IVAC (Independent Venezuelan-American Citizens). Con sede en Miami, que recoge dinero de contribuciones y realiza viajes a Washington ¿para qué? Para hacer lobby en el Congreso y en Gobierno. Recientemente se reunieron con el presidente Donald Trump.

Contribuir con estas organizaciones; financiar actividades que hagan oposición o lobby en los gobiernos locales; hacer publicidad en medios de comunicación de venezolanos… son opciones que suman.

Un ejemplo. Un grupo de venezolanos pudientes crean una organización. Contratan agentes de relaciones públicas, expertos en políticas públicas, lobbistas, etc. Establecen una estrategia concreta, hacia fines realizables y de alto valor comercial o político para los venezolanos. Contactan y visitan los centros de poder locales, estadales o nacionales. En poco tiempo tendrán la influencia para ser atendidos, escuchados y ver la realización de sus proyectos. Esos contactos son muy valiosos.

Éste es el momento de organizarse, invertir sabiamente en el país donde estemos y de lograr objetivos de poder e influencia, de forma coordinada y generosa. De esa forma nuestra voz será escuchada, nuestras ideas puestas en práctica y nuestro país recibirá un apoyo que necesita hoy más que nunca.