Venezolanos buscan alegrías en medio del caos

Belinda, ex maestra, se ríe después de tomar una fotografía de un graffiti que dice “¿La normalidad es un privilegio?” en Caracas, Venezuela, 2 de abril de 2019. “Nosotros, el pueblo venezolano, hacemos una broma de todo”, dijo Belinda. REUTERS / Ivan Alvarado

 

 

La salida a un bar en Venezuela puede ser interrumpida por un corte eléctrico. Ir a ver un partido de béisbol es prohibitivo. Visitar la playa representa ahorrar con meses de antelación.

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Pese a una crisis económica que ha llevado a tres millones de habitantes a emigrar, los venezolanos se esfuerzan por sonreír y divertirse desafiando la hiperinflación, la escasez tanto de alimentos como de medicinas y las fallas en servicios básicos como la luz y el agua corriente.

Arianny Itriago se sienta durante su quinceañera (15 cumpleaños) en el vecindario de Catia en Caracas, Venezuela, 13 de abril de 2019. El padre de Arianny, Ronny, dijo: “Es una tradición familiar celebrar una quinceañera. Ahora todo es muy caro en nuestro país. Todo se maneja con base en el dólar estadounidense, nuestros bolívares no tienen mucho peso debido a la inflación, estamos prácticamente dolarizados … La música que contratamos fue de 80 o 90 dólares estadounidenses “. REUTERS / Ivan Alvarado

 

Venezuela ocupó el lugar 108 en el reporte del 2019 de Felicidad Mundial que elabora Naciones Unidas. En el hemisferio, sólo Haití estuvo por debajo de la nación OPEP, con el puesto 147 de los 156 países estudiados por la ONU.

El informe de felicidad -que en su primera edición de 2012 ubicaba a Venezuela en el puesto 19- pondera indicadores como el producto interno bruto per cápita, ayudas sociales, generosidad, expectativas de vida, libertad social y ausencia de corrupción.

La autopista Caracas-La Guaira se ve a través de una ventana de automóvil tintada en Caracas, Venezuela, 23 de marzo de 2019. REUTERS / Ivan Alvarado

 

En busca de distracción, en el estado de Vargas cercano a Caracas, venezolanos como Luis Ramírez se reúnen con familiares y amigos a orillas del Caribe.

Sentado en la arena, Ramírez, un militar de 26 años, abraza a su novia mientras los sobrinos de la joven juegan a su alrededor.

Genesis Gonzalez arregla su birrete antes de posar para una fotografía en el mirador de Valle Arriba en Caracas, Venezuela, 14 de marzo de 2019. El padre de Génesis, Rafael, dijo: “Mi hija es graduada de Psicología de la Universidad Católica Andrés Bello, a pesar de la adversidad. Debemos celebrar estas cosas “. REUTERS / Ivan Alvarado

 

“Por la situación del país, no todo los días se puede” viajar, dice, confesando que llevaba más de un año sin ir a la playa pese a que vive en Caracas, a sólo 40 kilómetros de allí.

En un país con un sueldo mínimo de alrededor de 6 dólares, una salida a la playa puede rondar los 15 o 20 dólares, según entrevistados por Reuters. Ese monto implica que muchas familias deben organizar la visita con meses de anticipación.

Los miembros de un grupo popular participan en la celebración de Palmeros de Chacao, una tradición de la Semana Santa, en Caracas, Venezuela, el 13 de abril de 2019. REUTERS / Ivan Alvarado

 

“Uno pone su mente en otro lugar”, dice Ramírez sobre el escape para disfrutar el mar. “Buscar la manera de pensar en otra cosa y no en lo que ocurre en el país”.

Venezuela quedó sumida en la oscuridad con dos masivos cortes eléctricos en marzo que afectaron a todo el país, generando escasez de agua y la suspensión de jornadas laborales y clases. El comercio se paralizó casi por completo.

Se ve un pájaro dentro de una jaula frente a la playa en La Guaira cerca de Caracas, Venezuela, 23 de marzo de 2019. REUTERS / Ivan Alvarado

A principios de mes, el régimen lanzó un plan de cortes programados de electricidad, por lo que varias ciudades siguen presentando intermitencias en el suministro eléctrico.

Un niño reacciona junto a miembros de un grupo folclórico vestido de diablos mientras participa en la celebración de Los Palmeros de Chacao, una tradición de Semana Santa, en Caracas, Venezuela, 13 de abril de 2019. REUTERS / Ivan Alvarado

 

LA LUCHA POR SONREÍR

Para los venezolanos, hacer colas por alimentos es cosa de todos los días. También están acostumbrados a recorrer farmacias y hospitales en búsqueda de medicinas y más recientemente a recoger agua hasta de riachuelos.

Hay quienes aprovechan las fiestas tradicionales como Semana Santa para recorrer templos, una actividad sin costo para muchos.

Oriana Contreras y su sobrina montan en una montaña rusa en el parque de diversiones Italo Americano en Caracas, Venezuela, 17 de marzo de 2019. Contreras dijo: “A veces, las cosas cotidianas aburren, más la situación que estamos atravesando. Tratamos de divertirnos con lo que podamos “. REUTERS / Ivan Alvarado

 

“Hacemos milagros para divertirnos”, comenta Joaquín Niño, de 35 años y padre de dos pequeños, con quienes visitaba un parque en el sur de la capital donde niños, jóvenes y adultos llegan todos los fines de semana.

En el centro de Caracas, un grupo de hombres de todas la edades se reúne cada domingo para jugar softball bajo la mirada de los pocos familiares que los acompañan. La valla, que debería proteger el campo de tierra, fue robada. También los cables de la luz, por lo que sólo se juega de día.

Neidi Luzardo y su pariente disfrutan de un paseo en el parque de diversiones Italo Americano en Caracas, Venezuela, 17 de marzo de 2019. “La diversión más común para un caraqueño es un día de playa”, dijo Luzardo. REUTERS / Ivan Alvarado

 

“Siempre vengo porque mi esposo juega (…), nos divertimos y así nos quitamos el estrés”, cuenta Delia Jiménez, una diseñadora industrial de 62 años que se levanta de la tribuna y aplaude cada vez que su esposo sube al montículo o batea.

A unas cuadras de allí, grupos de jóvenes se dan cita para bailar “break dance”, un género urbano en el que las vueltas sobre el piso marcan la pauta.

Los niños juegan mientras asisten a una fiesta de cumpleaños en el vecindario de Catia en Caracas, Venezuela, 13 de abril de 2019. REUTERS / Ivan Alvarado

 

Para ellos, el baile es una forma de desconectarse y olvidarse de lo que ocurre en el país, aunque en ocasiones no consigan suficiente comida a fin de cubrir la dieta necesaria para mover sus cuerpos por hasta 4 o 5 horas todos los días.

“Cuando bailamos para nosotros no hay crisis, no hay situación país”, dijo Yeafersonth Manrique, un joven de 24 años tras una larga práctica. “En este mundo no hay crisis”.

Anderson Rodríguez se entrena en un slackline en un lugar del Circo Nacional de Venezuela en Caracas, Venezuela, el 5 de abril de 2019. REUTERS / Ivan Alvarado

 

Con información de Reuters

Una cartelera vacía se levanta en los edificios de Caracas, Venezuela, 22 de marzo de 2019. REUTERS / Ivan Alvarado

 

Leonel Martínez, que trabaja como soldado, besa a su novia mientras pasan un día en la playa de Coral en La Guaira, cerca de Caracas, Venezuela, 23 de marzo de 2019. “Es una forma de pensar en algo más que lo que está sucediendo en el país”, dijo. Martínez. “No es algo que se pueda hacer todos los días, debido a la situación en el país”. REUTERS / Ivan Alvarado

 

Carmelo González baila salsa en la plaza El Venezolano, donde se reúne con un club de adultos mayores todos los viernes, sábados y domingos por la tarde en Caracas, Venezuela, 22 de marzo de 2019. González dijo: “Me divierto y trabajo”. La pensión me ayuda un poco. Tienes que disfrutar de la vida, después de que mueras no hay nada más “. REUTERS / Ivan Alvarado

 

Yeafersonth Manrique, cuyo apodo es B-Boy Chispa, practica el break dance en el teatro Teresa Carreño donde se reúne con amigos para bailar en Caracas, Venezuela, el 22 de marzo de 2019. “Cuando estamos aquí bailando, no pensamos en el estado del país “, dijo Yeafersonth Manrique, un joven de 24 años empapado en sudor después de una larga práctica. “En este mundo no hay crisis”. REUTERS / Ivan Alvarado

 

Víctor flota en el mar mientras pasa un día en la playa de Coral, La Guaira, cerca de Caracas, Venezuela, 23 de marzo de 2019. REUTERS / Ivan Alvarado
Un niño se sube a una bicicleta para ver un parque de diversiones con una noria iluminada en Caracas, Venezuela, 17 de marzo de 2019. REUTERS / Ivan Alvarado

 

Los miembros del equipo de softball Family Rose se juntaron las manos antes de un partido en el campo de softball de Lecuna Avenue en Caracas, Venezuela, el 24 de marzo de 2019. “Después del juego siempre tomábamos unas cuantas cervezas. Pero ahora son demasiado caras”, dijo Félix Babaza. . REUTERS / Ivan Alvarado

 

Una señal para una marca de jamón popular se ilumina junto a los edificios al caer la noche en Caracas, Venezuela, el 2 de abril de 2019. Una mujer que vive en el edificio debajo del cartel dijo: “No me gusta tener un demonio en mi cabeza. ” REUTERS / Ivan Alvarado

 

Un joven practica en un monociclo mientras hula hula en el área del teatro Teresa Carreño donde se reúnen los amigos para practicar en Caracas, Venezuela, el 22 de marzo de 2019. REUTERS / Ivan Alvarado

 

Andrew monta un pequeño triciclo en la azotea de la casa de su familia en el barrio de Catia en Caracas, Venezuela, el 2 de abril de 2019. REUTERS / Ivan Alvarado

 

Ana Gabriela Alzola y Deniali Vega posan para una fotografía en un fondo utilizado por los clientes para tomar fotografías dentro de un centro comercial en Caracas, Venezuela, 24 de marzo de 2019. REUTERS / Ivan Alvarado

 

Una mujer sostiene a un niño mientras se preparan para golpear una piñata en una fiesta de cumpleaños en Caracas, Venezuela, 13 de abril de 2019. REUTERS / Ivan Alvarado

 

Un hombre mira las piñatas en una tienda de artículos para cumpleaños en Caracas, Venezuela, el 20 de marzo de 2019. El gerente de la tienda dijo: “La gente venía después del trabajo o temprano los sábados a comprar artículos para cumpleaños. Ahora vienen pocas personas”. REUTERS / Ivan Alvarado

 

Un joven vuela una cometa casera junto al proyecto de vivienda Gran Misión Vivienda en Caracas, Venezuela, 20 de marzo de 2019. Los niños hacen sus propias cometas con una bolsa de plástico, palos y una línea de nylon. “Lo más caro es el cono de nylon, que es de 10 mil billetes de Bolívar (aproximadamente 3 dólares estadounidenses)”, dijo Luis Flores. REUTERS / Ivan Alvarado

 

Los niños caminan a lo largo de un rompeolas en la playa Coral en La Guaira, cerca de Caracas, Venezuela, el 23 de marzo de 2019. “Una persona que tiene un salario mínimo no puede venir [a la playa]. La angustia que tienen todos los venezolanos es la comida. Primero, la La harina y el arroz. dijo Carla Córdova. REUTERS / Ivan Alvarado