Richard Casanova: Sobre la ruta y cómo aportar a una salida

Richard Casanova: Sobre la ruta y cómo aportar a una salida

El momento que vive Venezuela es probablemente el más difícil de su historia republicana y todos los días nos preguntamos cómo podemos aportar a un desenlace pacífico y democrático. Quienes realmente deseen hacerlo deben asumir que es imprescindible brindar un firme y decidido respaldo al presidente Guiadó y a la Asamblea Nacional ante las amenazas del régimen. Un respaldo sin mezquindad, al margen de consideraciones partidistas, grupales o personales es una buena señal, siempre que trascienda lo retórico. Y obvio, es esencial mantenernos en las calles pues solo la constancia nos conducirá a la victoria que -aun estando muy cerca- no debe asumirse con ligereza o inmediatismo.

Por otra parte, se aporta a partir de realidades y no desde nuestros deseos u opinión personal. Por ejemplo, debe considerarse que la ruta 1-2-3 fue validada en Asambleas de Ciudadanos que tienen carácter vinculante y fueron convocadas por Guaidó y por los diputados en sus regiones. Además la ruta ha sido concertada con la comunidad internacional. Asumiendo que tengan el liderazgo, quienes quieran cambiarla también pudieran hacer la correspondiente consulta pública, claro está. Sin embargo, es iluso pensar que desde un partido o grupo de opinión -al margen de cuán valiosos sean sus integrantes- se va a cambiar una línea estratégica que ha sido estructurada de la manera antes descrita. Sin mencionar que hoy “la ruta Guaidó” tiene amplio respaldo del país. Si lo duda, vaya a cualquiera de las asambleas públicas y plantee -por ejemplo- que no está de acuerdo con el “cese a la usurpación” o proponga cambiar ese objetivo por “el cese a la destrucción”. Por cierto, plantear la frase como complemento discursivo para darle popularidad al “cese de la usurpación” es válido pero una sustitución es poco viable, entre otras cosas porque sugiere la absurda idea de que es posible frenar la destrucción y recuperar al país con Nicolás Maduro al frente del poder.

En todo caso, quienes desde el campo opositor se empeñen en cambiar la ruta, correrán el riesgo de ser percibidos como adversarios de ella y cualquiera pudiera suponer -con o sin razón- que el verdadero objetivo es sabotearla, minarla de dudas. Y como el libre pensamiento es más difícil de coartar que la libertad de expresión, nadie será culpable de pensar que la apuesta real es al fracaso de la ruta. Sin embargo, hay muchas cosas que pudieran hacerse para contribuir a una salida electoral. Todas ellas apuntan a elevar la presión social y política para forzar al gobierno a la negociación o facilitar de cualquier manera el proceso. Discutir esta línea de trabajo es más útil que el permanente cuestionamiento a lo que se está haciendo y a quienes les ha tocado conducir las acciones. Esta crítica obstinada termina siendo una conducta extremista que encontramos en gente que se autodefine como opositora y se ufana de estar lejos de los extremos. ¡Que paradoja!





Finalmente, dejemos claro que la negociación está implícita en “la ruta Guaidó”, en alguna medida se requerirá para dar cualquiera de los tres pasos. Que estas negociaciones incluyan o no al gobierno dependerá de su disposición y de los tiempos, los cuales se están agotando para Nicolás Maduro. En efecto, las negociaciones requieren una disposición real que aún no se percibe en el régimen y más bien, sus actuaciones indican lo contrario. Además -visto que el gobierno dinamitó los puentes de diálogo cada vez que pudo y los aprovechó para ganar tiempo- hoy cualquier negociación requiere establecer condiciones y garantías que eviten que nuevamente el país sea objeto de burla. Es decir, no habiendo confianza en un gobierno mentiroso y tracalero, es necesario un arbitraje o contar con una intermediación confiable que garantice el cumplimiento de los acuerdos por parte de la dictadura. Cómo construir esas condiciones debería ser parte del debate de quienes quieran aportar. Y por supuesto, para “torcerle el brazo” al régimen la lucha es en las calles, con la protesta pacífica pero contundente de un país que se empina por encima de las dificultades para alzar su voz en contra de la tiranía… ¡Venezuela no se rinde!

(*) Vicepresidente de la ANR del Colegio de Ingenieros de Vzla.
Twitter: @richcasanova