Carlos Ochoa: Esperanza, fe y movilización

La acción del 30 de abril de Guaidó no resultó como se esperaba y la fractura de la FAN no se dio en las dimensiones necesarias para el cese de la usurpación, pero generó consecuencias que incrementaron el aislamiento de Maduro y la cúpula militar que lo sostiene en el poder, pues perdieron un símbolo importante con la liberación de Leopoldo López, el prisionero más importante y conocido en el mundo democrático y se evidenciaron fisuras nunca reconocidas en el estamento castrense.

Hay una especie de estancamiento aparente en la pugna por el poder que merece evaluarse, por un lado la respuesta del gobierno usurpador de escalar la represión tuvo una respuesta inmediata por parte del gobierno de los Estados Unidos que acortan los tiempos políticos favoreciendo el cambio que esperamos, eso en los factores de poder externos es positivo, pero por otro al interior, hay personajes que apuestan al fracaso de Guaidó, porque creen posible una salida electoral del régimen, eso ha dado espacio en el madurismo para intentar el alargue con el trillado llamado a dialogo, que por experiencia sabemos que se trata de una jugada para llenarle la bombona de oxigeno al paciente, con el objeto de prolongarle la vida política que irremediablemente se le escapa.

Esta contradicción que por ahora no pone en peligro la hoja de ruta que ha propuesto y está desarrollando exitosamente Guaidó, sin embargo mete ruido a lo interno. La popularidad nacional y el apoyo internacional que ha logrado sumar el Presidente (e) ha impedido el avance y el respaldo de esta sinrazón política, pero ahí está acechando como un paramédico para auxiliar al paciente terminal. Por el lado de Maduro ya han salido declaraciones en ese sentido, suyas y de personajes tan poco confiables como el profesor Aristóbulo Istúriz. Hay que repetirlo para que nadie se llame a engaño, el tiempo político de un dialogo para llegar a una improbable elección ya pasó, en lo particular no me alegra porque creo que esa salida hubiese sido posible a su hora, pero los intereses cubanos, rusos, iraníes, chinos y de los grupos terroristas árabes, se juntaron con los de la cúpula militar y civil en negocios millonarios, construyendo un conflicto geopolítico que desborda las acciones del gobierno y hasta del propio Guaidó. Son los tiempos de la política norteamericana la que decidirá el día “V”. La estrategia de la boa está haciendo su trabajo, el gobierno de Trump anuncia nuevas y más severas sanciones, mantiene su atención y la de la opinión pública sobre Venezuela, en parte por su compromiso de potencia hemisférica y mundial con la democracia y en parte porque le favorece para su reelección.

La transición está en marcha, las ambigüedades encubiertas con principios democráticos imposibles en este momento, solo ayudan a extender la agonía de un gobierno que tiene los días contados. Nadie ha dicho que es fácil salir de una dictadura que ha permitido una ocupación extranjera para aferrarse al poder, pero hay algo muy fuerte y es la gente en la calle. Mientras los ciudadanos permanezcan movilizados los factores externos van a continuar presionando para que se dé la única negociación posible: la salida de Maduro y de los generales que lo apoyan, en donde por cierto las lealtades si tienen precio.