“Cuba: A quien pueda interesar” por Luis Barragán

Luis Barragán @LuisBarraganJ

La dirección estratégica y artística de la dictadura venezolana, la ejerce la cubana. No cabe duda alguna de un particular protectorado que sólo le confiere o dice conferirle cierto protagonismo en la región al reino insular de la esclavitud y de la miseria.

Temerosa del otro período especial que se aproxima de caer Maduro Moros, si no cae el propio Raúl Castro y su mandadero Díaz-Canel, por un irresistible efecto dominó, el parasitaje económico deviene político. Huérfano de los recursos que lo conviertan en actor decisivo, La Habana se defiende a sí misma, diciendo defender a Caracas, y – nada más y nada menos – ocupa un lugar en la mesa del Grupo de Lima.

A menos que Julio Borges lo haya ideado, no se evidencia protesta alguna por la invitación que se hace a la dictadura isleña. Una cosa es terciar con la Cuba secuestradora y muy otra, equiparándola a un país libre y democrático, acordarse con ella para salvar las libertades, claro está, siendo libre ella de negarlas para su propio pueblo.

Realismo o neorrealismo aparte, si de escuela versamos en el campo de las relaciones internacionales, quizá exista otro lance audaz en el desmarañamiento del problema que la convencional capitulación de sentarse con la Cuba dispuesta a todo tipo de chantaje. No logramos entender la estrategia de nuestra representación diplomática, por lo menos, desde la bancada de la Fracción 16 de Julio, integrante ineludible de la Asamblea Nacional que la votó, tomando un atajo tan convencional que predispone todo el proceso hacia un diálogo condicionado y abortivo, como el escenificado en República Dominicana.

En lo personal, protestamos por el reconocimiento de la dictadura cubana como parte del concierto democrático de naciones que buscan una solución al caso venezolano. Ella le ha dado direccionamiento político e histriónico a la dictadura venezolana al inventarse una narrativa o dramaturgia de la victimización, cuando es la victimaria por excelencia.