Pacientes crónicos venezolanos ven lejana la ayuda humanitaria

Pacientes crónicos venezolanos ven lejana la ayuda humanitaria

Cada vez que falla la electricidad, los venezolanos saben que han perdido mucho más que la luz en las bombillas, pues también se apagan los servicios de telefonía, la conexión a internet, el bombeo de agua potable y otro cúmulo de aspectos que cuando funcionan hacen la vida más fácil. EFE/Miguel Gutiérrez

 

Insara cuenta que le ha tocado arrastrarse “como una serpiente” para ir al baño al no poder comprar los medicamentos para el párkinson. Desesperada, ve lejana la ayuda humanitaria que comenzó a entrar a Venezuela desde abril pasado.

Por lapatilla.com





Las pocas pastillas que toma de vez en cuando se las donan allegados. Desde 2017, los pacientes de párkinson y otros 300.000 enfermos crónicos en el país han visto limitados sus tratamientos después de que el gobierno dejara de suministrar medicinas.

“No hemos sabido nada de la ayuda humanitaria”, relata a la AFP Insara Rodríguez, de 62 años, con sus incontrolables temblores en la modesta habitación que renta en Catia la Mar (a unos 35 km al norte de Caracas).

Pronto deberá irse, pues tampoco puede pagarla. “El dueño ahora quiere dólares”, lamenta la mujer, que apenas recibe una pensión como maestra equivalente a 7,4 dólares, cuando el costo mensual del tratamiento cuesta no menos de 150 dólares.

Por años mantuvo a raya la enfermedad, pero la escasez de medicinas por la peor crisis económica en la historia reciente del país petrolero ha convertido su vida en una montaña rusa.

Hace tiempo soñó que sanaba, por eso no pierde la fe en que un milagro la libere del mal que le impide sostener un vaso, peinarse o abotonarse la ropa.

Por el insomnio, provocado por esta afección degenerativa del sistema nervioso, trata de suplir los ansiolíticos con hierbas, algunas silvestres.

“La ayuda de la Cruz Roja no ha llenado las expectativas que teníamos”, expresa Eufracio Infante, líder de una ONG que clama respuestas para los más de 30.000 pacientes que, como él, padecen párkinson en Venezuela.

Naciones Unidas estima que al menos siete millones de venezolanos, cerca de un cuarto de la población, necesita ayuda humanitaria urgente.

– “Ritmo lento” –

La primera fase de la asistencia humanitaria incluye fármacos e insumos básicos, escasos en un 90%, según oenegés, y se estima que alcance para atender a 650.000 personas durante un año.

El arribo de medicamentos para enfermedades crónicas está previsto para una segunda etapa, en fecha no precisada, de acuerdo con la Cruz Roja.

Infante remarca que la situación es cada vez más dramática para pacientes que antes recibían tratamientos gratuitos del Seguro Social, para males crónicos o de alto costo como cáncer o VIH.

Una caja de 30 pastillas de Levodopa/carbidopa -vital contra el párkinson- ronda el equivalente a 12 dólares. Frente a un salario mínimo de 40.000 bolívares mensuales (7,4 dólares), resulta impagable para la mayoría. Insara requiere cuatro cajas al mes.

El gobierno de Nicolás Maduro atribuye por otra parte la mengua a sanciones de Estados Unidos, cuyo “daño a la economía” cifra en 30.000 millones de dólares.

Maduro dio luz verde a la ayuda del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) tras rechazar el ingreso en enero de donaciones de Estados Unidos gestionadas por el opositor Juan Guaidó, reconocido como presidente interino de Venezuela por medio centenar de países.

El régimen de Maduro, que niega que el país sufra una emergencia humanitaria, consideraba la asistencia norteamericana como un pretexto para intervenir militarmente en Venezuela.

Al margen de la diatriba política, el activista de derechos humanos Francisco Valencia, trasplantado renal, cree que al ritmo que ingresa la ayuda de la Cruz Roja “será imposible aliviar la situación”.

Considera necesario que sea de “forma continua y amplia” para poder mitigar la “emergencia de salud”.

– “Como los esqueletos de ‘Coco'” –

Insara siente que cada día que pasa sin su medicamento retrocede. Cuando la atacan los temblores o la parálisis por no ingerir los fármacos suda sin control.

“Por eso he adelgazado tanto”, dice mientras observa nostálgica una imagen suya en un viejo portarretrato. La mujer, con dificultades para adquirir alimentos, pasó de 65 kilos a unos 40.

Los apagones que recrudecieron en marzo también la afectan por la falta de aire acondicionado. “Llegué a pesar 37 kilos de tanto que sudaba, todavía nos quitan tres o cuatro horas la luz todos los días”, sostiene.

Encorvada por los estragos de la enfermedad, Insara bromea sobre su delgadez extrema para sobrellevar la pena.

“Hollywood me debe dinero porque me veo parecida a esos esqueletos de la película ‘Coco'”, suelta aludiendo al exitoso filme inspirado en la tradición mexicana del Día de los muertos.

Con información de AFP