Hasta tres horas duran los viajeros y migrantes para pasar el puente internacional Simón Bolívar

Hasta tres horas duran los viajeros y migrantes para pasar el puente internacional Simón Bolívar

La gente cruza el puente internacional Simón Bolívar desde Cúcuta en Colombia hasta San Antonio del Táchira en Venezuela, el 20 de mayo de 2019. (Foto por RONALDO SCHEMIDT / AFP)

 

El caos hierve en La Parada, y los recientes hechos de orden público que tiene a la zona fronteriza como protagonista, para nada ha calmado el flujo humano que por allí transita, el cual, por el contrario ha alcanzado niveles muy altos en los últimos días. Así lo reseña lanacionweb.com

Extensos trabajos en las vías públicas, que han implicado el uso de retroexcavadora y el cercado con mallas y material plástico, ha propiciado que tanto peatones como vehículos se aglomeren en medio de la polvareda y las brisas del río Táchira, que se mueve con más facilidad por un laberíntico arrabal, cuya dinámica económica supera a la de todo el estado Táchira.

La vigilancia de la policía colombiana se ha tomado el tramo de la Panamericana que va a Villa del Rosario, para mantener a raya a trocheros que como manada de lobos a toda carrera se ha venido abalanzando sobre cualquier taxi, bus o buseta que por allí se aparezca en busca de clientes para cargar sus maletas y fardos, y trasladarlos por el puente internacional o por la trocha.

Los trocheros, carretilleros, caleteros o maleteros , términos que podríamos considerar sinónimos o diversos en tanto pueden corresponder a tareas distintas aunque cumplidas de manera simultánea, prefieren no insistir sobre quienes desisten de sus servicios, pues detrás de ellos vendrán otros que si necesitan de ellos con cargas de 50 kilos o hasta 120 kilos, llevados sobre sus espaldas con apenas una faja para proteger su cuerpo. Ellos hacen las veces de un flete casi inexistente por el cierre de la frontera. A simple vista, con un simple conteo de bultos y los productos que ellos contienen, se puede calcular los millones de dólares que se mueven en una economía binacional, ya no movida por gobiernos, o gremios empresariales sino por las carencias en Venezuela, que inclina su balanza a favor de Colombia, en una cifra que se ha extraviado de indicadores oficiales.

Entre propiamente el área urbanizada y la carretera medio terreno baldío de lastre donde los trocheros discuten, y también un mercado al aire libre se desenvuelve en el cual para instalarse basta una butaca o puesto sencillo, siempre y cuando sean recibidos de buen agrado por quienes ya ocupan la zona. La oferta es adecuada al bolsillo más humilde, proliferando en estos últimos días las salchichas gigantes y las pantuflas, verduras y frutas –especialmente la papa- empandas y todo tipo de alimento que sirva para calmar el hambre, celulares y tablets, la confitería y los cigarrillos, entre una ingente variedad.

Entre los trocheros se han formado una comunidad pluricultural, en la cual el acento cucuteño y tachirense prácticamente ha quedado excluido. A su alrededor se siente un tenso clima entre quienes luchan por sobrevivir, para lo cual cada cliente cuenta, sea para llevarle una bolsita o cargas más importantes, entre ellas, materiales de construcción de gran tamaño, como láminas de acerolit y chatarra por toneladas. El cobro por los viajes, dependiendo del tamaño, cantidad y la importancia de la mercancía, puede partir de los cinco mil pesos hasta llegar a los cien mil, pudiendo hacer en un día lo que un asalariado venezolano hace en uno o varios meses.

Luego de los hechos de los últimos días con el decapitación de un supuesto guerrillero, y el lanzamiento de una granada contra un establecimiento comercial en el que varias personas resultaron heridas y una murió, el paso hacia los puentes internacionales ha sido fuertemente reforzado con vallas, dejándose una “vía rápida” para discapacitados y personas de la tercera edad. Mientras tanto el río humano que de La Parada iba hacia San Antonio se arrinconaba hacia una de las orillas del puente, teniendo el mismo luego que pasar por el pequeño espacio que un container instalado por el lado venezolano permitía. Este embudo, bajo un sol inclemente y un viento que de vez en cuando ganaba en bríos, alargaba la duración del cruce de la frontera hasta en 3 horas, que se iba deteniendo a medida que en sentido contrario, hacia Colombia, se turnaba para salvar el estrecho acceso. Tres filas apiñadas se trataban de convertir en una sola, presentándose discusiones por los que se pasaban de listos, los que se pasaban de lentos, los que se pasaban de irrespetuosos, los que por afán empujan o chocan casi contra la cabeza de los otros mercancía que llevaban a lo alto. Pasar por ese trance implica poner entre paréntesis cualquier concepto que de espacio personal tengamos.

Abajo del puente, uno que otro lanza bromas o invitan a las personas a tomar las trochas, diciendo que es una ruta más rápida, y que solo se paga una pequeña “colaboración”. De hecho la afluencia que se podía ver este miércoles por esos lados era enorme, sin importarles que fuera zona de dudosa seguridad, aprovechando que el río Táchira bajo su caudal, y más puentes artesanales se habían instalado.

Ya al llegar a San Antonio, la caminata, sobre todo si cae la tarde, se debe acelerar más, atravesando el establecimiento aduanal y la avenida Venezuela, donde en todo tipo de vehículo te ofrecen carreras al Terminal de Pasajeros de la localidad por mil pesos, o a San Cristóbal, Capacho y Rubio hasta por 10 mil pesos: la escasez de combustible también ha incidido en el número de busetas y buses que normalmente cubren esa ruta. Efectivos de la GNB en el puesto aduanero realizaban requisas en cargamentos que consideraban sospechosos; pero en términos generales permitían el libre tránsito por el tramo. Las colas para la gasolina en San Antonio también han propiciado trancones en el tráfico, lo que ya complica más la situación vial en el sector, aunque el puesto de la Guardia Nacional en Peracal, no presentaba mayor concentración vehicular.

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