Salario de venezolanos migrantes es 34,9 % menor que el de colombianos

Fotografía del 9 de febrero de 2019, de Rodolfo Cruzado (d), un venezolano que lleva cuatro meses vendiendo churros en un puesto que está en la esquina del parque Mercedes Ábrego, en Cúcuta (Colombia). EFE/ Mauricio Dueñas Castañeda

 

El choque de la migración venezolana en el mercado laboral de Colombia no solo ha ayudado al desempleo (en abril fue de 10,3 por ciento) sino que, además, si bien la mano de obra que proviene del vecino país está siendo absorbida de manera paulatina, hay una honda brecha salarial entre los migrantes y los residentes. Así lo reseña eltiempo.com

Así lo muestra el análisis realizado por el Ministerio de Hacienda en el Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP), que acaba de presentar al Congreso, en el que se calcula que esa diferencia es de un 34,9 por ciento.

Esto implica que por cada 100 pesos por hora de trabajo que gana un habitante en Colombia, el migrante solo recibe 65,1 pesos.

Esa mano de obra más barata se da por la necesidad de trabajar –aun en labores inferiores a su formación educativa– que tienen los venezolanos en un país ajeno.

Así, esta fuerza de trabajo foránea está siendo absorbida por los empleadores más rápido (la tasa de desocupación de migrantes entre mayo de 2017 y abril de 2018 era de 19,9 por ciento, y pasó a 18,9 por ciento entre mayo del 2018 y abril del 2019). “Existe una brecha significativa entre el ingreso laboral de residentes y migrantes (tanto venezolanos como colombianos retornados), la cual ha aumentado en la medida en que crece el flujo de migrantes al país”, resalta el documento.

Y, además, la mayor parte de los ocupados que proceden del vecino país terminan enganchándose en labores del sector terciario, que incluye la construcción y los servicios.

“El 84 por ciento de los migrantes trabajan en actividades terciarias y solo el 4 por ciento laboran en el sector primario (agricultura, ganadería y minas)”, dice el informe. Además, un 12 por ciento labora en el sector secundario, es decir, en la industria y suministro de electricidad, gas y agua.

Su ingreso es muy bajo

El análisis compara lo que sucedía en materia laboral en 2014 con los migrantes frente a lo que pasa ahora, cuando casi el 70 por ciento pertenece a los dos quintiles más pobres, con ingresos entre 180.000 y 534.000 pesos al mes.

La presión del mayor flujo de migrantes sobre la brecha salarial sale a relucir en todo sentido. En promedio, en 2014 un trabajador residente con 9,6 años de escolaridad podía recibir 842.525 pesos al mes, mientras que el promedio de personas procedentes de Venezuela llegaba con 8,6 años de escolaridad y ganaban 604.117 pesos.

En el 2018, el panorama para el ciudadano residente cambió a un ingreso de 1’011.771 pesos al mes, con 10 años de escolaridad, y, en contraste, el del migrante con igual preparación bajó a 558.804 pesos.

Cuando las diferencias se miran por quintiles, una división para clasificar en cinco grupos a la población según sus ingresos, las diferencias se reducen en los primeros niveles, pero la brecha salarial es amplia en el quintil más alto, donde es del 32 por ciento. Es decir, mientras que el residente recibe en promedio 2’595.220 pesos al mes, el migrante obtiene 1’962.221 pesos.

Y eso que, según el MFMP, “la población migrante que ha llegado al país tiene cada vez mejor formación académica. La proporción de ocupados con solo educación primaria ha caído, mientras que la de educación media y superior ha subido. Sin embargo, la participación de ocupados de mayor nivel educativo sigue siendo superior para los residentes (33 por ciento frente 26 por ciento en 2018)”.

¿Qué hacer?

El análisis del Gobierno es que una vez superado el choque inicial de la inserción de venezolanos, el país empezará a tener beneficios de la migración.

“La inmigración implica un aumento en la población económicamente activa, que, a su vez, genera un aceleramiento en el crecimiento del producto interno bruto”, agrega el documento.

Por ello, el ministerio planteó el análisis como el inicio de un camino para “el diseño e implementación de políticas que permitan integrar a la población migrante de Venezuela al mercado laboral, evitando que factores como la discriminación impidan el aprovechamiento de su conocimiento y habilidades para el desarrollo productivo de Colombia”.