Manuel Malaver: Michel Bachelet: ¿santa o diabla?

Manuel Malaver: Michel Bachelet: ¿santa o diabla?

Manuel Malaver @MMalaverM

 

Michel Bachelet llega a Caracas como Alta Comisionada de la ONU para la Defensa de los Derechos Humanos en unas circunstancias en que, cualquier paso en falso, podría convertirse en un grave daño para los 30 millones de venezolanos que esperan que su visita sea de gran ayuda en la lucha que sostienen, desde hace 20 años, contra la dictadura en cuya jefatura se han turnado Chávez y Maduro.

Por eso esperamos que la expresidenta de Chile actúe en Caracas olvidándose de las simpatías y compromisos que tiene -o alguna vez pudo tener- con la ideología en que dice militar el dictador de Venezuela y respondiendo a las esperanzas que esta vez ponen en ella los venezolanos para que contribuya a restituirle los derechos que le han sido arrebatos.





No se trata Alta Comisionada y expresidenta Bachelet de denuncias de las que, no pocas veces, y con más o menos razón, surgen en los debates políticos entre partidos o ideologías, sino de evidencias y hechos incontrastables que siembran el horror y la condena en los cinco continentes, y muy en particular en este, el de América, en que tanto hemos contribuido los chilenos y venezolanos a ser independiente, demócrata y libre.

Y empezaría por referirme a uno que le afecta muy de cerca como sudamericana y chilena, como es el caso de los cinco millones de refugiados que la dictadura de Maduro ha obligado a salir forzosamente de su tierra, de la patria que liberaron y construyeron, para residenciarse, mayoritariamente, en países vecinos y hermanos que, en retribución al que tantas veces los acogió -con pocas excepciones-, les han abierto generosamente sus fronteras.

Y entre los primeros tenía que estar Chile, el más lejano y el más cercano, como que en él habitan en este momento 500.000 mil venezolanos, que son recibidos como hijos que se fueron y regresaron, tardan poco tiempo en encontrar trabajo y disfrutan de las ventajas que ofrece la seguridad, las simpatías y la hermandad de los chilenos.

Es verdad que de todos los países sudamericanos donde los venezolanos se han visto obligados a refugiarse, Chile, es el que cuenta con la mayor prosperidad y estabilidad económica, pero es también aquel cuya amistad con Venezuela puede datearse con lazos de más lejos y más fuertes.

También es el que tiene aun más frescas las heridas y crueldades a donde puede llegar una dictadura contra aquellos que la enfrentan y que usted misma sufrió cárceles, vejámenes y exilio de parte del dictador Augusto Pinochet, pero quiero insistir en que, persecuciones y dictadores aparte, la unión entre chilenos y venezolanos sería igual porque la historia decidió que, sin detenerse en distancias, esta gente austral y del trópico no pudieran alejarse.

Ya a finales del siglo XVIII (1798), por ejemplo, los libertadores O, Higgins y Miranda se encontraron en aquella “Logia de la Gran Unión Americana”, que daría origen a la “Logia Lautaro” (1812), en la que militaron José San Martín, Manuel Belgrano y Ramón Freire, y fueron de las primeras en plantearse en el viejo y nuevo continentes la necesidad de organizarse y concientizarse para luchar por la independencia de las Américas.

¿Y cómo no mencionar y traer otra vez al más encendido recuerdo, al Canónigo José Cortés Madariaga, chileno residenciado en Caracas a comienzos del siglo XIX, que fue clave en los sucesos del 19 de Abril de 1810 que dieron inicio a la gesta de la Independencia, quien sufrió prisión en La Carraca, España (la cárcel donde murió Miranda) después de la caída de la Primera República, y regresó en 1817 a incorporarse a la Guerra de Independencia y no abandonar a Venezuela hasta verla liberada luego de la batalla de Carabobo el 24 de junio de 1821?

Creo, sin embargo, que fue Andrés Bello, el caraqueño que había viajado a Londres en 1810 con Bolívar y Luís López Méndez en una misión diplomática y permaneció en Inglaterra hasta 1829, cuando fue llamado por el gobierno chileno a que se incorporara a la gigantesca tarea de reforzar su constitucionalidad, el sistema judicial y la educación, quien terminó de amalgamar la hermandad venezolano-chilena que dura hasta hoy y espera por un futuro de nuevos brillos.

Hermandad que no faltó en el siglo XX cuando los demócratas venezolanos encontraron en Chile un refugio seguro al huir de las dictaduras de Juan Vicente Gómez (1908-35) y Marcos Pérez Jiménez (1952-58), y los chilenos que huían de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-89) vieron en Venezuela el país hermano donde encontraron libertad, trabajo, seguridad y el hogar patrio que habían perdido.

Hago este recuento no porque piense que la Alta Comisionada y expresidenta Bachelet lo ignore, sino porque quiero resaltar la importancia y transcendencia que los demócratas venezolanos damos a su presencia en estos días capitales para la persistencia de la patria tal como la soñaron Miranda, O, Higgins, Bolívar, el Padre Madariaga y Andrés Bello y tantos venezolanos y chilenos que en el curso de estos dos pasados siglos se han dado la mano para que Chile y Venezuela, no solo sean libres y demócratas, sino que vivan en paz y bienestar.

Por supuesto que esa no será la Venezuela que encontrará la señora Bachelet si los dictadores le permiten visitar las cárceles, los hospitales, las escuelas, las universidades, el transporte, las fábricas, los servicios públicos y el conjunto de estructuras, instrumentos y situaciones que hacen la vida civilizada.

Y sobre todo, si se pasea por las calles, plazas públicas, urbanizaciones y barrios populares, porque aunque cueste decirlo y aun más creerlo, la destrucción a que ha sido sometido el que fue uno de los países más prósperos de América y Europa, por los llamados narcosocialistas, alcanza niveles que es difícil no admitir fue hecha a propósito para reinar sobre las ruinas.
Tal como puede verse en la Cuba de los hermanos Castro y en todos los países donde el modelo o sistema que lleva la firma de Carlos Marx se ha entronizado, pero solo para dejar como rúbrica crueles dictaduras que han ejecutado las violaciones de los derechos humanos más perversas y masivas que se conocen en la historia de la humanidad.

Y cuya diferencia con el caso venezolano, fue que quizá se llevaron a cabo más rápido y sin detenerse en normas ni simulaciones, en cambio que aquí se han tardado 20 años en escribir el libreto y hacerlo realidad pero sin que tenga que envidiarle nada a los anteriores, a sus antecesores.

Tampoco son comparables la resistencia y el tesón que han desplegado los venezolanos para no dejarse vencer e insistir siempre en que cualquiera sea la profundidad y la extensión con que la plaga socialista se ha sostenido en el país, siempre el pueblo tendrá fuerza, coraje y perseverancia para derrotarla.

Y ojalá la visita de la Alta Comisionada y expresidente de Chile, Michel Bachelet, haga parte de esas luchas, y no un tropiezo oscuro que no merezca recordarse.