Irene Olazo Mariné: ¿Dónde quedaron los derechos humanos?

 

Desde niña escuchaba sobre los Derechos Humanos en la casa, época en la que en Venezuela poco se hablaba de ese tema a pesar de que siempre ha existido violaciones de éstos.

Los oía no precisamente por ser de una familia directamente activista, sino por la diferencia que había de conceptos: mi abuelito paterno era familiar directo del Padre Luis María Olaso quien durante toda su vida fue conocido por ser un excelente abogado, profesor y defensor de los DDHH, teniendo como meta formar y hacer el bien.

Recuerdo a mi papá y a mi abuelito discutir muchas veces que lo que hacía el “primo” en defensa de los derechos humanos no era justo puesto que ¿Dónde quedaban los derechos de las víctimas, los muertos o violados? A los presos se les tenían que resguardar los derechos humanos y la víctima o familia allí quedaba con sed de justicia, y ese era siempre el punto de discordia. Yo, como era niña, solo oía y bueno no era mucho lo que a esa edad se podía conocer respecto al tema.

Han pasado los años y ahora me ha tocado a mí convertirme en una defensora de derechos humanos, además de indagar, estudiar, conocer más sobre sus leyes, organizaciones y orígenes, porque mi familia al igual que miles en Venezuela nos convertimos en víctimas de violaciones de los derechos más fundamentales y humanos. Pude conocer más del trabajo del Padre Olaso, algunos lo definen como “la encarnación de una justicia que no era ciega ni distraída, sino que se asentaba en el principio de que lo justo es lo necesario”.

Enrique Viloria Vera escribe: “Todavía recuerdo una de mis últimas conversaciones en casa con el Padre Olaso – convertido ahora en civil Director de Derechos Humanos de una Fiscalía que no era de un solo signo y de un mismo color -, quien, a una pregunta mía acerca de quiénes eran los venezolanos más vulnerados en sus derechos fundamentales, me respondió sin vacilaciones: las mujeres, los presos (políticos o no), los enfermos y los indígenas. ¿En ese orden? Sí, en ese orden, me respondió”.

Partiendo de estas palabras comprendemos que hoy día, ese orden, de los más vulnerados en Venezuela permanece similar. Más ahora yo, Irene Olazo, pondría en primer lugar a los presos políticos quienes han perdido todos sus derechos, incluso el de la defensa y hasta el de la vida en algunos casos. Luego seguirían los enfermos, quienes a diario mueren porque no tienen acceso a los medicamentos ni insumos básicos para ser atendidos en los hospitales. En tercer lugar, el pueblo indígena porque vimos como fue masacrado en el mes de febrero-marzo del 2019 en el estado Bolívar por manifestar y solicitar ayuda humanitaria, pueblo que tuvo que huir de sus tierras para no ser asesinados por presencia de fuerzas militares, grupos armados y bandas de delincuentes. “Las mujeres” serían siempre las más vulnerables y no sé cómo ubicarlas, puesto que una presa política, perseguida, madre o esposa del preso, por su condición de mujer ya la hace punto directo de vejaciones y humillaciones, maltratos físicos y verbal, entre otros.

Pero a esta lista en el 2019 yo le agregaría, la familia de los presos y perseguidos, quienes son víctimas directas de amenazas, agresiones y se les niega el derecho de poder ver o hablar con el detenido y se les tortura psicológicamente.

La verdad no imagino que pensaría el Padre Olaso si hoy estuviera vivo, de ver cómo llegamos en Venezuela a violar y desconocer todo tipo de derecho al estilo nazi. Hoy nuestro hermoso país se ha convertido en un campo de concentración donde a todo habitante se le violan sus derechos, muchos son torturados, otros perseguidos, la mayoría de la población humillada, ya que estoy segura que no hay ningún venezolano que no se sienta vulnerado y -al menos una vez- haya sido víctima de violaciones de sus derechos humanos y fundamentales.

Hasta los que son afectos al régimen hoy no tienen agua, luz, medicamentos y acceso a los alimentos, por lo que millones de seres humanos han sido afectados por esta situación provocada por unos pocos llenos de avaricia, codicia y maldad que no tienen el más mínimo amor ni respeto a la condición humana; la situación general de los venezolanos es muy precaria dentro y fuera del país.

La declaración mundial de los Derechos Humanos fue instituida el 10 de diciembre de 1948, en la declaración universal de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que expresa los derechos que todo ser humano tiene para vivir con dignidad.

Hace unos días nos visitó la Alta Comisionada de la ONU para los derechos humanos, Michelle Bachelet, para constatar la situación en Venezuela y dio a conocer el 4 de julio 2019 un informe que sorprendió a muchos porque reflejó la realidad. La sorpresa surge porque en el pasado ella era muy cercana al régimen que destruyo a Venezuela.

La cifra más alarmante que describe el informe recientemente presentado es de 5.287 personas asesinadas por las Fuerzas de Acciones Especiales (Faes) sólo en 2018, y lo que va de año otras 1.569, los privados de libertad por razones políticas para la fecha de su visita era 793 personas (aunque puede variar todos los días), cifras que sólo se compararían durante un conflicto armado en un país en guerra. Adicional, se afirma que el Estado incumple su obligación de garantizar los derechos a la alimentación y la atención sanitaria, entre muchas otras situaciones allí descrita, lectura obligatoria para conocimiento.

Me pregunto -igual que la mayoría de los venezolanos-: ¿Dónde quedaron los DDHH de nuestro pueblo? ¿En qué momento dejamos que nos vulneraran el derecho a la vida? Esto debe acabar, no podemos dejar que se mantenga por más tiempo porque perderíamos incluso lo único que no han podido quitarnos y es la DIGNIDAD. Nuestros hijos tienen derecho de disfrutar de esa tierra maravillosa que nos llenó de alegrías y recuerdos,  nuestros ancianos tienen derecho a vivir sus últimos años en su país pero en libertad, en unión familiar y con dignidad.

Los hijos de los presos políticos merecen crecer al lado de sus padres en libertad, los hijos de los asesinados merecen vivir sabiendo que se hizo justicia, todos los exiliados tiene derecho a regresar a su patria y reencontrarse con su familia.

Como hoy añoramos lo que antes teníamos y no lo valorábamos, debemos recuperar nuestros derechos y con ellos la libertad, pero no ha sido fácil ni lo será, más no decaigamos, no perdamos la esperanza y llenémonos de fortaleza, porque esta lucha continúa.

Yo no dejaré de trabajar y luchar por recuperar los derechos humanos en mi amado país.

 

“Abre tu boca por los mudos, por los derechos de todos los desdichados. Abre tu boca, juzga con justicia, y defiende los derechos del afligido y del necesitado” Proverbios 31:8-9

Irene Olazo Mariné