Luis Alberto Buttó: Alunizaje y subdesarrollo

Luis Alberto Buttó @luisbutto3

 

El 21 de julio de 1969 se produjo la primera caminata del hombre sobre la superficie lunar. Como bien él mismo lo expresó, los pasos dados por el comandante Neil Armstrong en el área bautizada “Mar de la Tranquilidad” sintetizaron el avance obtenido en este sentido por toda la humanidad gracias al trabajo coordinado de centros de estudios dedicados por entero a producir ciencia y tecnología como expresiones maravillosas del intelecto humano. En lo concreto, ese acontecimiento verdaderamente histórico fue resultado del denuedo mostrado por una nación poderosa comprometida con el cumplimiento de la palabra empeñada en boca de su máxima dirigencia al vaticinar que conquistarían antes que nadie dicha frontera. El acto de que el hombre llegara a la luna forma parte del memorial de hazañas que puede conquistar un país cuando ha alcanzado el objetivo de ser desarrollado. En ello priva la mentalidad de triunfo; es decir, la aspiración de quienes, al final, terminan siendo vencedores.

En comparación con lo que significó algo como el éxito de la misión del Apolo 11, en muchos países del orbe la dirigencia de tales naciones insiste en caracterizarse por tener un tipo de pensamiento que lo menos que se puede es adjetivarlo de enano. Es la clase de dirigencia que vocea como logros extraordinarios actos que evidencian el atraso vergonzoso en que mantienen a la sociedad donde operan, en tanto y cuanto son completamente incapaces de asumir y cumplir la responsabilidad de hacer lo conducente para superar la menesterosa condición del subdesarrollo. Para desgracia infinita de los que aquí vivimos, Venezuela es demostración palmaria del modelo de esa dirigencia anclada en el más absoluto desconocimiento de la complejidad con que se mueve el mundo. Entiéndase, dirigencia subdesarrollada que, por consiguiente, sólo puede acarrear más y más subdesarrollo.

Es una rémora para el progreso de cualquier nación la preeminencia de un liderazgo que no entiende que evidencia la inconmensurable pequeñez de su propio pensamiento, cuando proclama y celebra como avance gigantesco del país el burdo hecho de que se le hayan comprado satélites espaciales a otros países que, precisamente por producirlos y venderlos, demuestran el progreso acumulado al compararse con quien los compra movido por la sostenida dependencia tecnológica que lo marca. Brillan más los colores de la fotografía que muestra la estrechez de pensamiento de tal dirigencia, cuando del mismo país del cual se adquirieron los satélites en cuestión se importaron también, verbigracia, cocinillas eléctricas y lavadoras de rodillo, pese a que las primeras no contarían con electricidad que les permitiese funcionar y las segundas son un producto de octava categoría, pues ahora en todas partes se usan las que vienen dotadas con tecnología digital.

Los anteriores constituyen apenas dos ejemplos de un sinfín que podría traerse a colación para describir el atraso del pensamiento de un liderazgo que prefiere comprar armas en vez de medicinas y alimentos y que, por cierto, cuando se decide a importar los últimos, los negocia de ínfima calidad, al punto que muchos de quienes los reciben los regalan en acto de falsa caridad ya que nunca se atreverían a consumirlos. Lo peor del caso es que la puesta en práctica de ese tipo de acciones que exudaron pensamiento de cortos horizontes paralelamente se tradujo en el irresponsable y reclamable hecho de hipotecar conscientemente el futuro de los venezolanos, pues pagar esa deuda irremediablemente implicará disminuir las posibilidades de mejorar la condición y la calidad de vida de aquellos que aquí permanezcan. Bueno, en verdad, no les podía importar la infelicidad de la gente: estaban (están) de fiesta creyéndose grandes e importantes y disfrutando los privilegios del poder. Lo demás siempre fue secundario.

Hace 50 años, para algunos se aclaró el lado oscuro de la luna. Para los venezolanos, en pleno siglo XXI, la oscuridad se tornó más tétrica. A ver si nos dejamos de pendejadas y encendemos la luz.

@luisbutto3