Cilia Flores, la esposa de Maduro, no quiere que el dictador termine tras las rejas

Cilia Flores, la esposa de Maduro, no quiere que el dictador termine tras las rejas

Nicolás Maduro junto a su esposa Cilia Flores en un acto junto a las milicias en Caracas el pasado 27 de julio (Foto: Reuters).

 

Cilia Adela Gavidia Flores conoció a Nicolás Maduro Moros en las reuniones que sostenían los grupos de ultraizquierda Liga Socialista, Bandera Roja y el Movimiento 80 en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela, en los años 80 del siglo pasado. Cilia era una joven abogada penalista, que rondaba los treinta años, fea, de imprescindibles lentes, sin maquillaje y mal vestida. Reflejaba el estereotipo de una intelectual de izquierda, y ya estaba casada y con hijos. Nicolás Maduro asistía ocasionalmente, sobresalía por su estatura, el espeso bigote negro y su torpeza veintiañera. Así lo reseña infobae.com

Por Marcos Tarre Briceño





Cada uno siguió su rumbo. Nicolás Maduro sería guardaespaldas del candidato de la izquierda José Vicente Rangel en 1983 y luego se fue a Cuba, a estudiar en la escuela de formación de cuadros políticos “Ñico López” en La Habana, en donde prestaría servicios al G2 que lo asignaba de chofer de visitantes internacionales para que les informara lo que escuchaba. A su regreso de Cuba se casó en 1988 con Adriana Guerra Angulo y tendría su único hijo, Nicolás Maduro Guerra, conocido actualmente como “Nicolasito“. El matrimonio con Adriana Guerra no duraría muchos años. Por su parte, Cilia Flores seguiría una discreta trayectoria profesional, fue una de las asesoras jurídicas de la policía de investigación judicial, en ese entonces llamada PTJ, hasta 1992, cuando forma parte del equipo de abogados que defiende a Hugo Chávez y al grupo de militares que le acompañaron en los intentos de golpe de Estado de ese año. En el plano personal, había tenido tres hijos con su esposo Walter Ramón Gavidia Rodríguez, también dirigente de izquierda relacionado con el ámbito policial y de la seguridad. Estos hijos son Yosser, Walther Jacob y Yoswal, además de criar a su sobrino Efraín Antonio Campos Flores, hijo de una hermana fallecida. Sus tres hijos se darían a conocer en el futuro bajo el seudónimo de “Los Chamos“.

Nicolás Maduro, su esposa Cilia Flores y Sai Baba, diciembre de 2005
Nicolás Maduro, su esposa Cilia Flores y Sai Baba, diciembre de 2005

Cilia Flores volvería a encontrarse con Nicolás Maduro cuando coincidieron en una visita a Hugo Chávez en la cárcel de Yare en 1992. Se dice que durante esas visitas al comandante preso se iniciaría la relación entre ellos, a pesar de la diferencia de edad. Al recibir los militares sublevados el indulto presidencial en marzo de 1994, tanto Cilia como Nicolás se dedicarían en cuerpo y alma al trabajo político del Movimiento Quinta República, MVR, que llevaría a Hugo Chávez a la presidencia en 1998. Nicolás Maduro resultará electo diputado y será designado jefe de la Fracción Parlamentaria del MVR. Y luego en 1999 será diputado en la Asamblea Constituyente. Cilia Flores ya destacaba por su carácter enérgico, intransigente, y era considerada una de las “ideólogas duras” del chavismo. Su matrimonio con Walter Gavidia hacía aguas, se divorciaron, y en las elecciones del año 2000, producto de la Constituyente de 1999, es electa diputada en la nueva Asamblea Nacional que sustituye al bicameral Congreso Nacional.

El ex esposo Walter Gavidia hará también carrera en el portaviones del chavismo. Será diputado al Parlamento Latinoamericano y presidente del Grupo Parlamentario Venezolano y se beneficia de los privilegios de sus cargos y los de su ex mujer. La relación de Cilia con Nicolás Maduro ya era un hecho conocido en los círculos políticos de izquierda. Una vez un amigo le preguntó si le guardaba rencor a Nicolás Maduro. Gavidia estalló en una carcajada: “¡No, más bien le estoy agradecido! Me quitó de encima a esa fiera…”. 

En 2004, Cilia y Nicolás, a instancias de ella, viajarán juntos, como pareja, a la India, al sureño estado de Pradesh, para visitar a Sathya Sai Baba en su centro de Puttaparthi y compartir su devoción y fe hacia el gurú. Cilia calculó que esa visita la daría un carácter más oficial a la relación con Nicolás, así como un conveniente toque de “espiritualidad”. En enero de 2005 Nicolás Maduro será designado por la mayoría oficialista como presidente de la Asamblea Nacional, cargo que dejará en el 2006 al nombrarlo el presidente Hugo Chávez como Canciller de la República. Y será precisamente Cilia Flores quién lo sustituirá en el cargo en la Asamblea. Será la primera mujer en presidirla. La dirigió con mano de hierro contra la oposición, bloqueó todas las iniciativas de investigaciones parlamentarias que formulaban los adversarios y engavetó un proyecto de Ley contra la corrupción. En su paso por la presidencia de la Asamblea hasta el 2011, Cilia Flores nombró a 42 familiares en cargos administrativos en la propia institución. Al parlamento lo llamaban coloquialmente “el jardín” por la cantidad de apellidos Flores que figuraban en la nómina. Acusada de nepotismo, Cilia sólo atinó a responder: “Yo me siento muy orgullosa de que mi familia trabaje aquí…”.

El sábado 8 de diciembre de 2012, a las 9:30 de la noche, el enfermo presidente Hugo Chávez convoca a una reunión extraordinaria en el despacho Uno del Palacio de Miraflores y se dirige al país en cadena nacional. Todos los presentes tienen rostros serios, compungidos. Luego de unos chistes, algunas canciones, el presidente anuncia:

“…Si algo ocurriera, repito, que me inhabilitara de alguna manera, yo… En esa situación debe concluir como manda la Constitución, el período, sino que, mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es que, en ese escenario que obligaría a convocar, como manda la Constitución de nuevo, a elecciones presidenciales, ustedes elijan a Nicolás Maduro como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela… Yo se los pido desde mi corazón…”

Una vez terminada la transmisión pública, los presentes se reúnen, algunos con lágrimas en los ojos, otros, como Diosdado Cabello, ocultando su rabia y desilusión al no ser él el sucesor designado. Chávez toma del brazo a Maduro y hace un aparte con él:

Nicolás, tendrás que hacer el mayor de los sacrificios por la patria y la revolución…
Tú dirás, compañero presidente…
¡Te vas a tener que casar con Cilia!

Unas horas más tarde, bajando por la autopista hacia el aeropuerto Internacional Simón Bolívar en dónde abordará el avión presidencial que lo llevará a La Habana, de donde no regresará vivo, Hugo Chávez toma su teléfono celular y llama a Cilia Flores a la que en febrero de ese año 2012 había nombrado Procuradora General de la República.

Cilia, tendrás que hacer el mayor de los sacrificios por la patria y por la causa…
Lo que tú órdenes, camarada presidente…
¡Te tendrás que casar con Nicolás! Pero además, Cilita, tú y yo sabemos que Nicolás es débil. Tienes que estar siempre a su lado para que no se nos desvíe…

La constitución venezolana establece que el presidente de la República debe estar casado. Así, Cilia y Nicolás contrajeron matrimonio el 15 de julio de 2013 y fue Jorge Rodríguez, en ese momento alcalde del Municipio Libertador, quien formalizó el Acta de Matrimonio. A partir del apretado y controvertido triunfo de Nicolás Maduro en las elecciones de ese mismo año, Cilia Flores ha pasado a un segundo plano, si bien es diputada a la Asamblea Nacional Constituyente que creó ilegalmente su esposo. Se inventó hacerse llamar “La primera combatiente” para evitar el tradicional “primera dama” como se estila. Sin embargo, desde la sombra está al acecho, permanentemente al lado de Nicolás Maduro, no ha cesado de incidir en todas y cada una de las decisiones del gobierno. Supo colocar en altos cargos a personas de su entera confianza, como la almirante Carmen Meléndez, que ha sido ministra de Relaciones Interiores, ministra del Despacho de la Presidencia, diputada a la Asamblea Nacional y actualmente es gobernadora del Estado Lara; en el 2017 logró imponer a Maikel Moreno, un ex funcionario policial con dos diferentes cargos de homicidio en su curriculum, devenido en juez, como presidente del Tribunal Supremo de Justicia; ha respaldado a fondo la fulgurante carrera política de Delcy Rodríguez, que ha sido ministra del Despacho de la Presidencia, ministra de Comunicaciones, canciller y vicepresidenta de la República, y que es, además, hermana de Jorge; hoy en día la pareja más cercana a la cúpula presidencial.

El empresario Alex Naim Saab Morán, “benefactor” de los hijos de Cilia Flores
El empresario Alex Naim Saab Morán, “benefactor” de los hijos de Cilia Flores

 

Nicolás Maduro tuvo que sortear la presión de su mujer cuando ella quería, tal como corresponde, ocupar la residencia presidencial de La Casona, en el este de Caracas. Pero ahí vivían las hijas del difunto presidente Chávez y eran intocables. Superado y compensado ese impasse, Cilia ha focalizado su energía en beneficiar a sus hijos, los “Chamos”. Ya desde el 2011 los hermanos Gavidia Flores habrían recibido contratos y comisiones de Alex Naim Saab Morán, un empresario colombiano que se ha ganado su confianza e hizo cuantiosos negocios con La Misión Vivienda, con PDVSA y luego con las famosas “Cajas CLAP”. Saab es un importante y protegido operador financiero del gobierno. Más recientemente, con la colaboración del padre de los “Chamos”, estos se han dedicado primero a acabar con los productores tradicionales del exquisito cacao que se producía en la zona de Barlovento del estado Miranda, y a través de las esposas de los “Chamos” y amigos montaron la empresa Esaica que monopoliza ahora el cacao y aspira a exportarlo a Europa o a sacarlo clandestinamente por Colombia.

Pendiente no solo de sus hijos y familiares, Cilia Flores ha generado y aprovechado las oportunidades para incrementar el inmenso y secreto patrimonio que comparte con Nicolás Maduro. Ella maneja las cuentas en los paraísos fiscales, ha seleccionado socios y testaferros, veló personalmente por la compra de una mansión en República Dominicana y otras propiedades. Le gustan las prendas de marca, los más costosos relojes  y pulseras, los trajes de alta costura, se acostumbró a la buena comida, a la peluquera y masajista diaria a domicilio, al derroche, al lujo y le tienen sin cuidado las penurias y padecimientos del pueblo venezolano, la crisis humanitaria, la forzada diáspora de 4 millones de compatriotas o los niños que mueren en los hospitales por falta de insumos. Además de corrupta, es cruel y vengativa. Presionó a su esposo para que no le temblará la mano para reprimir a sangre y fuego las protestas callejeras del 2014 y 2017, que se saldaron con cientos de muertos y miles de detenidos. No es ajena a las torturas que se aplican en los calabozos del SEBIN y de la DGCIM. Hasta los asesores cubanos le temen y la esquivan. Desde el 2007 mantiene un pulso político con Diosdado Cabello. Cilia Flores tenía a su propia candidata para ocupar el cargo de Fiscal General de la República, pero Cabello logró imponer a Luisa Ortega Díaz. Cilia nunca se lo perdonó y ya como “primera combatiente” ha logrado erosionar el poder y la influencia de Diosdado Cabello.

Viejos tiempos: Cilia Flores junto a Diosdado Cabello (Foto: AP)
Viejos tiempos: Cilia Flores junto a Diosdado Cabello (Foto: AP)

Pero los planes y la vida de Cilia Flores tendría un brusco giro en el 2015, cuando estalla el escándalo de los “Narcosobrinos”. Cilia responsabilizó de inmediato a Diosdado Cabello por meterle ideas en la cabeza a sus sobrinos Efraín Campo Flores y Francisco Flores de Freitas y haberlos dejado caer en la trampa que les tendió la DEA en Haití el 10 de noviembre de 2015. Los muchachos fueron detenidos, deportados, juzgados y condenados a 18 años de cárcel en los Estados Unidos por narcotraficantes. Desde entonces no cesa de incidir y presionar a Nicolás para que le haga la vida imposible a Cabello. Exigió y consiguió que le entregaran también a ella los reportes de inteligencia del SEBIN y de la Dirección General de Contra Inteligencia Militar DGCIM, los que lee a diario una y otra vez. Ve conspiraciones y traiciones a su alrededor. Y no le falta razón porque los golpes siguen llegando.

“Nicolasito”, Nicolás Maduro y Cilia Flores (AFP)
“Nicolasito”, Nicolás Maduro y Cilia Flores (AFP)

 

En el 2016, otro de sus sobrinos, Carlos Erick Malpica Flores, que se desempeñó como vicepresidente de finanzas de PDVSA y luego como Tesorero de la Nación, fue acusado en la Asamblea Nacional de haber incurrido en procedimiento irregulares y lavado de dinero. En una Corte de Miami la Fiscalía de los Estados Unidos formalizó acusaciones. El 5 de septiembre de 2018 tanto Cilia Flores como Nicolás Maduro fueron sancionados directamente por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Pero la peor pesadilla de Cilia Flores estuvo a punto de materializarse el 30 de abril de 2019.

Pasada la media noche empezaron a circular inquietantes rumores. Movimientos de tropas en cuarteles, el tan anunciado golpe de Estado habría comenzado, llamadas de camaradas, de familiares, tensos silencios. Nicolás y Cilia, aferrados a los teléfonos trataban de conseguir información. El general Cristopher Figuera, director de la policía política SEBIN, no respondía. Vladimir Padrino, el ministro de la Defensa sí atendía, pero con evasivas: no sabía nada, se informaría y llamaría de vuelta. Los asesores cubanos desaparecidos. Nicolás Maduro intentaba frenéticamente comunicarse con La Habana para que le dieran instrucciones, pero no conseguía a nadie que le atendiera o que le comunicaran con Ramiro Valdés, Miguel Díaz-Canal o Raúl Castro. Entonces Cilia le ordenó a Nicolás Maduro: ¡Coño, llama al embajador ruso!.

Cuando amanecía y las televisoras comenzaban a transmitir las sensacionales imágenes de Leopoldo López en libertad, junto con el presidente interino Juan Guaidó, acompañados por militares uniformados y armados, por primera vez en tantos años, Cilia Flores sobrepuso su instinto de supervivencia a sus ya no tan firmes convicciones políticas, no le importó sentir que traicionaba la memoria, ordenes y deseos del Comandante Eterno que le hizo jurar que siempre estaría al lado de Nicolás para apuntalarlo y apoyarlo si lo sentía debilitarse. Los rusos habían logrado aterrizar un avión en Maiquetía para trasladarlos a donde ellos quisieran. Pero insistían, no todo estaba perdido, todavía no era necesario que se fueran de Venezuela. Cilia tomó la decisión.

Nicolás, si quieres te quedas… Pero yo me voy p’al carajo.

Cilia Flores voló a República Dominicana. El avión ruso regresó de inmediato a Venezuela, pero ya los analistas rusos percibían que el conato subversivo se desinflaba. A los pocos días la “Primera Combatiente” regresó discretamente al lado de Nicolás Maduro. Pero es la que más lo presiona ahora para llegar a un arreglo: –Nicolás, negocia en Barbados, en Noruega, en donde sea… pero vámonos. Esto no tiene salida… Si nos quedamos te van a matar, a encarcelar de por vida… A ti, a mí, a los dos, a mis hijos, al tuyo, a todos… Yo ya no puedo ni quiero seguir viviendo así.

Maduro junto a Flores y el ministro de Defensa Vladimir Padrino López en el acto por el 208° aniversario de la Declaración de la Independencia de Venezuela, el 5 de julio pasado en Caracas. (Foto: Reuters)
Maduro junto a Flores y el ministro de Defensa Vladimir Padrino López en el acto por el 208° aniversario de la Declaración de la Independencia de Venezuela, el 5 de julio pasado en Caracas. (Foto: Reuters)

 

Nicolás Maduro ya no sabe qué hacer. Los cubanos, que ahora sí aparecieron le dicen una cosa, los rusos otra, parecida pero distinta, los talibanes del partido gritan, los gringos presionan y le ahorcan las finanzas, ya no confía en Vladimir Padrino ni en los otros militares, Diosdado lo mira con ironía esperando su caída, el partido anda en modo sálvese quien pueda y su fiel compañera, su camarada de negocios, su pareja con la que tanto han pasado, su esposa de conveniencia y a veces de convicción, su aliada política y su socia financiera, su apoyo personal con la que todo lo ha compartido, con la excepción de tener hijos en común, ahora ella tiró la toalla, ya no quiere combatir…