Fastos y nefastos “Caracas entre la desesperación y la indiferencia” Por José Luis Farías

Fastos y nefastos “Caracas entre la desesperación y la indiferencia” Por José Luis Farías

José Luis Farías @FariasJoseLuis

Ver a Caracas cada día más triste y desolada. Menos dispuesta a reventar las calles para exigir la salida del dictador. Indispuesta a pelear pese a la inmensa rabia que consume a toda su población por los desmanes del déspota. Es un drama difícil de comprender y explicar sobre todo en momentos en que existe la convicción general de la debilidad del Pranato usurpador.

Es una realidad que de vez en cuando me reclama la presuntuosa tarea de encontrar una explicación satisfactoria a semejante indiferencia colectiva. Me he resistido a ello por semanas.

El contraste de esa inmovilidad con las exitosas movilizaciones políticas convocadas por Guaidó recientemente en Trujillo, Nueva Esparta y Guárico me han sacado de mi negativa a intentarlo y que me hacían parecer en mucho a la quietud general que me hastía y confunde.





La presión internacional ha puesto en jaque al Pranato. Están obligados a regresar a Barbados con el rabo entre las piernas. Caracas debe movilizarse. Está obligada a hacerlo para acelerar el cese.

El liderazgo debe buscar y encontrar explicación y remedio pronto a la parálisis. Y para ello debe poner la bandera política de una fecha para las elecciones presidenciales en torno a la negociación. Que no es otra cosa que una fecha oficial al cese surgida de dicha negociación.

Si logro o no explicar con gracia y acierto el o los porqués de tanto inmovilismo caraqueño y contribuir con ello a romperlo, no se diga que no lo he intentado.

No solo Guaidó

Según todos los estudios de opinión Guaidó sigue siendo el líder más popular del país y la principal figura política para liderar el enfrentamiento al régimen.

Al líder guaireño se le reconocen grandes atributos de coraje y originalidad política ideales para esa tarea. Y es evidente que su juventud, humildad y seriedad de su carácter y la sencillez de su comunicación allanan el contacto con la gente.

Pero algo pasa en la ciudad capital y sus alrededores. Pese a contar en ella con el mismo respaldo que en el resto de la nación, sus llamados no han logrado motivar a los caraqueños a salir en los últimos meses.

El dato no es insignificante. Por cuanto es sabido el peso de una movilización masiva en Caracas como factor de presión contra el régimen y su inmediato impacto internacional.

Sin embargo, la desmovilización ciudadana no suele ser infinita. Así quedó demostrado tras el 5 y sobre todo después del 23 de enero. Al menos eso creo y hay suficientes ejemplos en contra.

Tejes y manejes

Es obvio que no es lo mismo asistir en pelo a la negociación de Barbados que ir respaldados con una gigantesca movilización de respaldo en Caracas.

La situación demanda saber ¿cuáles son las causas del letargo capitalino? Es un tema complejo. Nada claro ni fácil de explicar con la retórica política al uso.

Hay razonamientos varios, bastante comunes, situados en el ámbito de la desesperanza: “la gente está cansada”, “todo es más de lo mismo”, “estos tipos no van a salir nunca”, “las marchas no sirven de nada”.

Algunas explicaciones sugieren mecanismos supuestamente más expeditos: “la gente no cree en diálogos ni en negociaciones”, “hay que sacarlos a la fuerza”, “las movilizaciones no sirven solo un golpe militar puede sacarlos”, “es necesaria una intervención militar no una movilización”.

Otras plantean razones en un campo más conservador: “la protesta es riesgosa”, “esperemos a que Maduro termine su mandato”, “no es con marchas es con votos como podemos sacarlo”.

La cadena de explicaciones de estas facturas pudiera no tener fin. Pues todas ellas, en conjunto, resumen un debate político interminable. Con claras intencionalidades. En las que cada quien encuentra su cada cual haciendo eco conforme a sus simpatías políticas y/o intereses personales.

Mano peluda

Una polémica en la cual interviene la mano peluda de la satrapía, estimulándola con gran habilidad por los medios de comunicación y redes sociales, jugando a mantener dividido al liderazgo democrático con los llamados “laboratorios”.

Es Caracas el centro de esa diatriba política. Con mucha mayor resonancia que en el interior del país y efectos contraproducentes sobre la movilización de calle en la gran ciudad. Donde cada grupo se atrinchera favoreciendo el adormecimiento general de la población frente a los llamados a la movilización de calle.

Es también el sitio en el cual se dan las maniobras que dificultan el éxito de la línea política trazada por Guaidó. A guisa ejemplo, está el caso del Informe Bachelet defendido y aupado por él mientras otros líderes políticos sembraban confusión arrojando sombras sobre el mismo.

También está el caso de la negociación de Barbados. Denostada por unos como una “traición” y censurada por otros por no tener participación en ella.

O el más reciente. El de la incorporación de Venezuela al TIAR. Apoyada por quienes no podían ir contra lo que predicaban, aunque al día siguiente la emprendieron contra la misma argumentando que Guaidó ha debido pedir de inmediato su aplicación. Mientras otros en evidente connivencia con el régimen salieron a emprenderla contra la decisión.

Caracas en una burbuja

Hay además un elemento adicional de importancia, nada despreciable: la vida en la capital es un tanto más tolerable. O más exactamente: menos desesperante. En cuanto a servicios públicos y combustible, que en el resto de Venezuela.

Situación creada por el régimen justamente para favorecerse con esa estrategia de jugar con él hambre y las necesidades de los ciudadanos.

Todo lo cual pareciera favorecer en ciertos sectores la idea de que hay tiempo para seguir con ese teje maneje mientras el país muere y Caracas parece vivir en una burbuja.

Joden pero no tanto

Hay también otras explicaciones para esa desesperante quietud caraqueña. Tienen que ver con una comprensión más integral del fenómeno que responsabilizar a las polémicas, las maniobras y la división del movimiento democrático y a sus autores, como elementos de perturbación. Pues solo explican parcialmente la paralización.

Porque admitir que esas son las causas determinantes del inmovilismo es aceptar que sus líderes y movimientos que representan tienen un poder gigantesco que todos sabemos no poseen.

Me explico con ejemplos concretos. Pensar que la gente no sale a la calle porque María Corina se opone a todo cuanto dice Guaidó o que las entrevistas a Timoteo Zambrano en Globovisión cuestionando el TIAR es concederle a ella un poder que no tiene y darle a él una capacidad de “pajeo” muy lejos de la realidad.

Ambos casos y muchos otros de sus congéneres terminan siendo más discurso político de achacarle una responsabilidad a la que algo suman con sus actuaciones, pero que no son la razón determinante de la falta de movilización.

De igual modo, se puede decir en descargo de Guaidó y el liderazgo democrático de la Asamblea Nacional cuando se la achacan a sus “errores” y “traiciones”.

Todos esos factores, sin duda, inciden. Más no son decisivos. El peso explicativo otorgado es más resultado del volumen de la propia retórica de la polémica que los engendra. Atendiendo siempre a los intereses de cada grupo, el de Guaidó y la oposición democrática incluido que a su efecto real.

Entre el ánimo y la conmoción

A todos ellos pudiera sumarse la falta de recursos, acceso a los medios de comunicación masivos y de organización social y partidista. Por cierto, bastante debilitadas por diversas razones y que otrora eran claves a la hora de la movilización de masas.

Hoy en día los procesos de movilización multitudinaria parecieran responder más a estados de ánimo general de la población. Asociados a las expectativas de la cercanía de conquistar o no el objetivo político en las cuales los factores referidos inciden pero no determinan.

No son suficiente las cacareadas “condiciones objetivas” y pesan mucho las mentadas “condiciones subjetivas”.

Está demostrado históricamente que esos momentos de auge de masas en las calles suelen tener altos y bajos. Sufren desgastes. No se sostienen al mismo ritmo. Se agotan y reaparecen sorpresivamente.

Son resultados de hechos casuales o de decisiones políticas o de otro signo que eventualmente producen conmoción y enervan el ánimo popular.