Luis Loaiza Rincón: Casa León y su Tiempo

Luis Loaiza Rincón: Casa León y su Tiempo

“¡Oh, Marqués de Casa León, hombre de labia, servicial, buen amigo, te conozco! De diario te veo, hace muchos años, en los corredores de la Casa Amarilla, de Santa Inés y Miraflores. Mis hijos, mis nietos te conocerán; recibirán tus zalemas. Eres inmortal”… (Rufino Blanco Fombona, 1906).

La vibrante inteligencia de Stefan Zweig, magistralmente usada para penetrar las profundidades de los hitos decisivos de la historia, la misma que nos cautivó con los “Momentos Estelares de la Humanidad”, jamás pudo imaginar cuando escribió la biografía del francés Joseph Fouché, “el genio tenebroso” y maestro en asegurarse su propia supervivencia, independientemente de quien ocupara el poder; que en tierras de la naciente república de Venezuela existía un personaje tan hábil como el francés que, como un “hermano menor” en el arte de variar en pos del medro de la política, sirvió y traicionó alternativamente al Rey, a Miranda, Monteverde, Bolívar, Boves, Cajigal y Morillo.

Ese hombre fue Antonio Fernández de León (1750-1826), Marqués de Casa León, natural de Esparragosa de Lares en Extremadura, España; eje a partir del cual Don Mario Briceño-Iragorry (1897-1958) escribe un brillante ensayo de interpretación histórica titulado “Casa León y su Tiempo”. Con él se propone comprender la esencia de nuestro ser nacional a partir de la vida de un hombre que, como anti-héroe, impactó excepcionalmente el proceso de nuestra independencia. Este libro, originalmente publicado en el año 1946, le permitió a su autor ganar el reconocimiento de la crítica especializada hasta el punto de concedérsele el Premio Municipal de Literatura de ese mismo año en Caracas. Con el muy inteligente y agudo prólogo del incomparable Mariano Picón Salas, este ensayo constituye una obra fundamental sobre Venezuela, totalmente desconocida por nuestros jóvenes.





Para Picón Salas, el esfuerzo intelectual de Briceño-Iragorry por reconstruir nuestra historia le permite aproximarse a una muy particular tipología de los políticos venezolanos. Por tanto, no se trata de la biografía de un hombre sino de una conducta perniciosamente presente en nuestro medio: “Si le quitamos a Casa León su comprada peluca de Marqués, si le sacamos de la vecindad de aquellos grandes hombres como Miranda y Bolívar, cuyo arrojo y grandeza sirven de contraste a la propia bellaquería y pusilanimidad, dijérase que la estrategia del resbaladizo personaje es de todas las épocas y todos los regímenes que se han sucedido en nuestra tormentosa república (…) Hubo Casa Leones en los días de Guzmán Blanco, en los de Castro, en los de Gómez, en los más recientes de nuestra cronología patria”.

Por su parte, Briceño-Iragorry nos dirá con precisión quirúrgica: “Casa León no es un individuo. Casa León es una clase, un estamento de invariable consistencia en el desarrollo de la política nacional (…) Un símbolo durable en la estructura de nuestra tormentosa historia”.

Casa León es esencialmente un anti-héroe que persigue su conveniencia egoísta buscando prosperar con todos los gobiernos y para ello afina su oportunismo, su disposición para traicionar, engañar, disimular y manipular. Es el personaje que en medio de las más difíciles circunstancias prepara siempre una puerta de escape que le permita salir bien parado. Hábil maestro de la intriga y de ambición descomunal, Briceño-Iragorry nos dice de él que es “frío, calculador, soberbio, insinuante, simulador, provisto de inmenso talento, de fina estampa y de señoriales maneras, camina el camino que más fácil le parezca. Las buenas y las malas artes son para él iguales si le llevan a ganar la empresa”.

Estos personajes de “ideas, siempre plegadizas y elásticas”, buscarán sacar provecho de cualquier trance, independientemente del destino del país. Son los que ejerciendo responsabilidades públicas no les importa destruir instituciones, procedimientos y normas con tal de engrosar sus arcas e imponer su voluntad. Cuando se declaran como no políticos sólo buscan deslizarse con mayor facilidad por la contradictoria jungla de intereses y pasiones que crea todo gobierno y “cuando los políticos de un régimen desaparecen, siempre subsiste Casa León organizando una nueva expedición pirática, sobre las propias tablas del naufragio”.

Constituyen, además, la “eterna fuerza corruptora que se opone al aliento de creación y reforma” y al ocupar importantes responsabilidades públicas, sean cuales fueren las ideas de los gobernantes de turno, trabajan sólo para sí mismos, haciendo grandes aspavientos sobre su entrega al servicio público y los grandes sacrificios a los que se somete para servir.

Hoy, cuando es inminente un cambio de régimen en Venezuela, seguramente veremos un nuevo giro de la rueda de la historia, a partir del cual muchos Casa León quedarán de pie para seguir medrando. Algunos, desde hace tiempo preparan el terreno y otros, ya dieron la voltereta. Desde nuestra perspectiva, sólo una ciudadanía comprometida y formada podrá levantarle un muro infranqueable al oportunismo. Ya es tiempo de construir un país decente en el que no tengan espacio estos personajes.