Julio César Arreaza: Omisión y complicidad

Julio César Arreaza: Omisión y complicidad

La sociedad democrática venezolana estoicamente ha sufrido mucho, atravesado terribles desengaños y sobreaguantado inmensas penurias, durante el aciago tiempo de 21 años que, bajo mil engaños, se erigió el adefesio de la corporación criminal que en última instancia ejerce sus delitos contra los más débiles y los controla con la supervivencia.

La comandita del crimen arrasó con las instituciones, entre otras, el Parlamento, Poder Judicial, Fuerza Armada, Banco Central, gobernaciones y alcaldías, policías y Pdvsa. Al mismo tiempo lesionó gravemente la sacrosanta soberanía al hacerle un boquete y permitir la entrada y ocupación de buena parte del territorio por fuerzas irregulares y mafias extranjeras.

El régimen extrajo ingentes recursos del erario público y los asignó indebidamente a la estafeta de la Habana, para lavarle la cara a los criminales de las FARC que llevan medio siglo asesinando a nuestros hermanos colombianos. Montaron un parapeto en nombre del bien inestimable de la paz, pero se tenían guardada tramposamente la baraja de la vuelta a las armas, cuando se convencieron del inmenso repudio del pueblo de la hermana república y fracasado rotundamente en el ámbito electoral.





Inaceptable que el usurpador abra el país a la disidencia de las FARC, a los narco terroristas y las fuerzas del mal alentadas por los cubanos.

Resulta evidente que el plan acordado por el Foro de Sao Paulo es ocupar a Venezuela como enclave geográfico y estratégico para contaminar y subvertir a toda la región circundante y acabar con las democracias en ejercicio.

Hoy contamos con la fuerza moral de un Parlamento legítimo y un TSJ en el exilio soportando a un presidente interino designado con arreglo de la Constitución. Pero el soporte fundamental lo tenemos en la soberanía popular que ha decidido expresarse permanentemente en la calle, y cuando ha habido condiciones lo ha hecho mayoritariamente en las elecciones parlamentarias y en el plebiscito del 16 de julio.

Es obvio que rechazamos el secuestro de un narcorrégimen y eso lo hemos escrito con páginas heroicas de sangre todos estos años. Pero sabemos que solos no podemos y por tanto urge el apoyo internacional efectivo para restablecer la democracia. Confiamos que Occidente tiene clara la película que deja ver mejor la escaramuza de las FARC.

La lucha ciudadana de 21 años ya tiene asegurado su lugar en la historia, pero a la vez señalará a quienes con su doble moral y cara han sido factores permisivos, mediante omisiones y complicidades, para permitirle al régimen destrozar las instituciones y la convivencia. Tienen su responsabilidad en la prostitución de los principios, anteponiendo al rescate de la democracia sus intereses personales de hacer dinero.

El momento exige grandeza y no jugadas de bandas por el G-4.

¡No más prisioneros políticos, torturados, asesinados ni exiliados!