Julio Borges: No hemos manejado con estrategia las expectativas en Venezuela

Julio Borges: No hemos manejado con estrategia las expectativas en Venezuela

Julio Borges. REUTERS/Guadalupe Pardo

 

El ajetreo esta semana en Nueva York de la delegación del presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, reconocido como mandatario interino por más de 50 países, ha sido abrumador. Un ir y venir de reuniones y comparecencias, lideradas por Julio Borges, diputado y expresidente del Parlamento, a quien Guaidó ha designado comisionado para las Relaciones Exteriores. Borges ha dedicado esta semana a intensificar la presión sobre el Gobierno de Maduro en el exterior, lo que contrasta con la inacción que se percibe dentro del país.

Por JAVIER LAFUENTE / elpais.com

Pregunta. Ustedes insisten en la necesidad de combinar la presión interna y externa. ¿Qué ha aportado hasta ahora esta estrategia?

Respuesta. No solo es algo de este año, es una prédica que venimos construyendo desde hace tiempo. Solo en los momentos en que las dos fuerzas se han aplicado contra la dictadura es cuando hemos estado más cerca de lograr un desenlace. Si hiciéramos una radiografía a la dictadura de Maduro para ver lo que está dentro y no la apariencia, veríamos que el sistema está roto, quebrado. La presión ha hecho efecto, jerarcas militares y civiles están mandando constantemente señales de que quieren colaborar para que haya un cambio en el país. Hay que evaluar ahora dónde y en qué intensidad se aplica la presión.

P. Más de 50 países reconocieron muy rápido a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela. La realidad es que quien va a comparecer ante la Asamblea General de la ONU es un representante del Gobierno de Maduro. ¿Cómo van a convencer a la comunidad de que Guaidó tiene margen de maniobra?

R. La legitimidad y el apoyo al Parlamento [Asamblea Nacional] y a Juan Guaidó no solo están intactos, sino que van creciendo. Hemos hecho avances en lo que significa el manejo de activos del Estado venezolano, en estar sentados en organismos como la Organización de Estados Americanos (OEA), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), las Embajadas que hemos conseguido abrir… No hay vuelta atrás. Todo el mundo esperaba que fuese un proceso más rápido, pero independientemente de los tiempos, es irreversible.

P. Una parte de la oposición, la más radical, celebró la aplicación del Tratado Interamericano de Asistencia Militar (TIAR), porque abría la puerta a una intervención militar en Venezuela. No obstante, de momento, el TIAR parece destinado a intensificar las sanciones contra el Gobierno de Maduro. ¿Se ha dejado de lado la opción militar?

R. No se trata de cerrar ninguna opción y no quiero con esto repetir la frase que tanto se ha dicho durante el año. Cuando yo era presidente de la Asamblea, a mitad de 2017, fuimos a la Unión Europea y a la Casa Blanca a plantear sanciones a la dictadura. La respuesta fue que nos teníamos que olvidar, pero a los pocos meses estaban aplicándolas. Después, pedimos sanciones más fuertes, nos dijeron que no se iba a hacer y el 28 de enero se aplicaron las más fuertes, las petroleras. Lo que parecía imposible se ha ido haciendo.

P. Lo que le pregunto es si la vía de las sanciones se ha impuesto a una posible intervención militar.

R. La vía de las sanciones todavía tiene muchos instrumentos y opciones sobre las que hay que actuar. El daño interno que está sufriendo el régimen de Maduro es muchísimo mayor de lo que puedan aparentar.

P. ¿Por qué cree que las sanciones ahogan más a Maduro y sus aliados que al pueblo venezolano?

R. Las sanciones son producto o consecuencia del drama que significa Nicolás Maduro. Todos los males que sufre Venezuela llevaron a la comunidad internacional a evaluar qué presión hacían para quebrar este sistema que dirige ahora Venezuela. La pregunta que mucha gente se hace es por qué Maduro sigue ahí. No es que hayamos tomado un camino equivocado, sino que quien soporta todavía a la dictadura de Venezuela es, por un lado, Cuba, desde el punto de vista de la represión, estrategia, el know-how dictatorial y Rusia, con la ingeniería financiera para evitar las sanciones. Lo que hace más difícil el cambio no es el tema interno, sino la colonización de Cuba sobre la fuerza armada y el régimen de Maduro.

P. Le insisto, ¿por qué defiende que las sanciones son efectivas pese a la repercusión que tienen en el pueblo venezolano?

R. Mire, se lo ilustro en primera persona. Si yo tuviera una enfermedad, lo peor que podría hacer es no someterme a un tratamiento y dejar que esa enfermedad me consuma. En el caso de Venezuela, esa enfermedad es Maduro. No quiero decir que las sanciones son más fuertes que la crisis que ha propiciado, sino que soy consciente de que las medicinas, los remedios, son casi tan fuertes pero necesarios para vencer la enfermedad, en este caso, lograr la libertad y un futuro pleno para los venezolanos.

P. Hay dos episodios significativos este año, el intento de entrada de ayuda humanitaria a través de la frontera de Colombia, el 23 de febrero y la ofensiva, con apoyo militar, del 30 de abril. ¿Admite que, además de fracasar, esos dos episodios debilitaron la imagen internacional de Guaidó?

R. Yo creo que la imagen de Guaidó no está afectada, honestamente, sino consolidada y reconocida por la dimensión de la lucha que está dando.

P. Entonces, ¿cuáles han sido las consecuencias de esos dos fracasos? ¿Qué autocrítica hace?

R. La palabra que nosotros no hemos manejado con estrategia es expectativa. Una victoria con un mal manejo de las expectativas, siempre es un revés. No se trata de imprimir la sensación de que la salida será en horas, sino de que lo importante es persistir para que la solución sea más rápida. La fuerza hay que ponerla en persistir. Si suma todo lo que ha ocurrido en 2019, los triunfos superan exponencialmente a los errores o los fracasos. En la medida en que cualquier episodio se vende o impulsa como que en minutos va a significar la solución, eso hace que la gente quede frustrada. Si lo haces como un café instantáneo, la gente pierde la energía. Quizás porque ha habido tanta expectativa en la inmediatez, la gente se siente ahorita en un momento de parálisis.

P. ¿Y cómo cree que van a recuperar a la gente de esa parálisis?

R. Llevamos luchando 20 años, no solo desde 2019. El país nunca ha tirado la toalla ni lo va a hacer. Este proceso tiene sus subidas y bajadas. A principio de año nadie pensaba que la gente saldría a la calle y lo hicieron como nunca. Yo no dudo ni un segundo que esa energía, esa fuerza está ahí. Cuando la gente intuye que estamos en un momento decisivo, la gente responde.

P. ¿Cómo explica las fotos de Guaidó con narcoparamilitares el día que cruzó la frontera con Colombia?

R. La existencia de esas fotos y toda la novela que ha montado Maduro carece de total importancia. El problema grave, real, es que entre Colombia y Venezuela ha surgido un tercer país, el país de la violencia en la frontera, que lo ha provocado Maduro con la extorsión del ELN, con las FARC, la prostitución infantil… La única manera de que nosotros podamos tener un país sin esas taras es con Maduro fuera del poder.

P. Pero hay unas fotos de un político, reconocido como presidente por casi 60 gobiernos de todo el mundo, cruzando unas trochas con ayuda de narcoparamilitares. ¿Cómo se explican esas fotos?

R. A todos los que hemos tenido que cruzar esa frontera nos toca, precisamente por ese tercer país promovido por Maduro, lidiar con fuerzas criminales, con guerrilla que hay que pagarles para pasar, con gente armada que se enfrenta mientras pasamos…

P. ¿Y Colombia no tiene responsabilidad?

R. Colombia ha avanzado por diferentes rutas en una pacificación y se ha ido purificando. Todos esos males que nosotros veíamos con horror hace 50 años ahora no solo están en Venezuela sino promovidos por el Estado venezolano.

P. Usted lideró la negociación con el chavismo en República Dominicana. Ahora que la de Barbados, auspiciada por Noruega, parece acabada, ¿cree que es viable una negociación?

R. La única manera de que haya una negociación en Venezuela es que haya tal magnitud de presión que Maduro se vea obligado a negociar su salida. Subrayo la palabra obligado. Por buena fe, por el futuro de Venezuela, por piedad con el sufrimiento de la gente, nunca va a suceder una negociación. Por una razón muy concreta: Cuba. Cuba depende de Maduro y Maduro depende de Cuba.

P. ¿A qué se refiere con presión?

R. Hay que seguir presionando a Cuba con mucha fuerza. En segundo lugar, América Latina tiene que emplazar a Rusia a ver si quiere hundirse con Maduro o tener una buena relación con la región. Tiene que haber más sanciones de Europa, que España, fundamentalmente, no se convierta en el paraíso de quienes han robado y saqueado a Venezuela, como es hoy. Hacen falta medidas más fuertes de España, que todavía no ha tomado.

P. ¿Por qué siente que España no ha sido suficientemente dura?

R. Porque no hay un liderazgo claro, no hay un gobierno cohesionado. Se trata del tema venezolano de una manera instrumental. Nos da dolor que el paraíso de la mayoría de corruptos venezolanos sea España, ahí es donde están sus hijos, sus propiedades, sus bienes. España ha abandonado completamente su posición privilegiada de ser el líder de toda Europa en América Latina y de ser el líder de Iberoamérica en toda Europa.

P. El próximo jefe de la diplomacia europea será precisamente el actual canciller español, Josep Borrell. ¿Cómo cree que afectará el nombramiento respecto a la posición de la Unión Europea ante Venezuela?

R. Borrell es una garantía de que Venezuela siempre va a estar en la agenda. Yo veo a un Borrell muy claro con lo que está pasando en mi país, veo que es un tema que lo mortifica y humanamente le golpea, le duele en lo personal. Falta un cuarto factor y es que pueda articular y armar un liderazgo muy fuerte para lograr una salida democrática. Hay una oportunidad para crear las condiciones para aflojar los impedimentos que hay ahora con un elenco como es el de China, Rusia, Europa, América Latina, Europa y Estados Unidos y él podría jugar un papel estelar.

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