Antonio Vathiotis: El secuestrado de tres países, por Nasbly Kalinina

Antonio Vathiotis: El secuestrado de tres países, por Nasbly Kalinina

Cuando una persona decide dejar su país para irse a otro es porque su corazón le indica que en aquellas nuevas tierras podrá hacer sus sueños realidad y brindarle a su familia la educación y la estabilidad económica deseada. Por ello, los padres de Antonio se embarcaron desde Grecia para Venezuela cuando él tan solo tenía seis años, llenos de miedo, con muy poco dinero, sin saber hablar español, pero con unas ganas fervientes de trabajar incansablemente para darle a su pequeño una vida digna en aquel paraíso terrenal.

Por Nasbly Kalinina | @nasbly





Hace unas décadas atrás Venezuela recibió a millones de personas provenientes del mundo entero y a todos los acogió como a los Vathiotis con mucho respeto y cariño. Así Antonio logró estudiar y convertirse en un gran empresario dueño de dos compañías aduaneras y de transporte ubicadas en Puerto Cabello, Estado Carabobo. Se casó con el amor de su vida, Mairelys Coromoto Macedo Mijares, una venezolana de nacimiento con quien engendró tres hermosas flores que complementaron su feliz hogar en la ciudad de Valencia.

Antonio se sentía muy agradecido a esas tierras latinas que si bien no lo vieron nacer le dieron tanto a él como a toda su familia la prosperidad soñada. Cuando empezó a ver las terribles injusticias cometidas por el difunto presidente Hugo Chávez Frías contra quienes pensaban diferente o le llevaban la contraria se llenó de mucha indignación pues, sentía que aquel hombre había llegado a hundir a su pequeña Venecia, de allí que comenzó a apoyar las protestas en su contra de forma directa o indirecta.

El doce de marzo de 2014, Ramzor Ernesto Bracho Bravo, un capitán de la Guardia Nacional falleció de un impacto de arma de fuego, mientras la sociedad civil era reprimida cruelmente por exigir un cambio de gobierno. La revuelta estuvo tan movida que no se sabe quién mató al capitán, sin embargo, el 3 de junio de 2015 el CICPC secuestró a Antonio José Garbi y lo acusó de tal asesinato, lo cual es un total disparate porque aquel joven es nieto de uno de los fundadores de la GN y desde muy pequeño lo enseñaron a respetar a los uniformados.

Poco tiempo después el gobierno de Nicolás Maduro, heredero del difunto Chávez, comenzó a perseguir e intimidar a Antonio Vathioti y a su familia acusándolo también de la muerte del capitán Bracho por lo que en un intento de escapar de las amenazas a las que todos estaban expuestos decidieron irse del país. En Colombia lograron obtener una protección bajo la condición de refugiado por ser perseguidos de Maduro, lo cual les dio gran emoción, aunque no así la sensación de sentirse a salvo.

Mairelys pasó varios días sin poder descansar bien, miraba a su amado esposo cuando dormía aferrada a Dios para que no les pasara nada. Ambos trataron de hacerle ver a sus hijas que se trataba de unas vacaciones familiares, por eso se hospedaron en un hotel en Cartagena para que disfrutaran del sol y el mar mientas ellos resolvían los asuntos legales.

El 3 de julio de 2018, sus pesadillas se volvieron realidad, unos agentes del Interpol Colombia llegaron a detenerlo por una Alerta Roja emitida por Grecia por hechos sucedidos en Venezuela. Desde entonces, Antonio se encuentra preso en La Pica, una cárcel de máxima seguridad en Bogotá. Su familia al igual que él viven un infierno, sin dinero, en otro país luchando por su libertad; a Venezuela no pueden volver por miedo a ser también detenidas y porque no tienen ni un techo que las acoja dado que todas sus propiedades fueron expropiadas.

El ex presidente de Grecia, Alexis Tsipras, amigo de Maduro le hizo el favor de condenar a un inocente a prisión. Las autoridades colombianas que reconocieron a Juan Guaidó como legítimo presidente se han hecho cómplices a pesar de todas las diligencias que han realizado para abogar por él civiles, políticos y hasta magistrados del Tribunal Supremo en el exilio.

De allí que le pedimos al Presidente Iván Duque un acto de buena voluntad verdadero, que no se quede en los emotivos y lindos discursos emitidos como en la FIU (por su sigla en inglés Universidad Internacional de la Florida) el pasado 27 de septiembre y que ordene la libertad de un perseguido que además obtuvo su estatus de protección antes de ser detenido.