Jaime Villaroel, obispo de Carúpano: El Papa sigue muy de cerca la situación de Venezuela

Monseñor Jaime Villaroel (Margarita, 1965), es el obispo de la diócesis de Carúpano, una ciudad de 200.000 habitantes, ubicado en el estado Sucre, al noroeste de Venezuela. La crisis humanitaria no escapa de allí, al contrario, se agudiza como en el resto de las regiones del país porque las pocas ayudas llegan y se distribuyen en Caracas. A principio de año, Villaroel emprendió un proyecto de la mano de Cáritas Carúpano que implica asistencia humanitaria para niños entre 5 y 11 años que sufren de desnutricion.

Por Gabriela Ponte / abc.es

«Brindamos una comida al día para 200 niños de lunes a viernes», dice el obispo a ABC en su reciente visita a Madrid. Su diócesis hace un trabajo comunitario que presta un servicio por intercambio, es decir, al tiempo que forman gratuitamente a mujeres en áreas de gastronomía y chocolatería, ellas tienen el compromiso de cocinar para los comedores sociales.

«Esto es posible gracias a la ayuda de la ONG Cesal, que se encargan de recolectar los recursos y enviarlos a Venezuela», explica Villaroel. Su labor se ha extendido y colaboran también con las hermanas del Sagrado Corazón de Jesús de El Tocuyo, en el estado Lara, al noreste del país.

«Es dramática la situación en las ciudades del interior. No hay transporte, comida, medicamentos y la atención médica es casi imposible», asegura. La crisis que padece el país hace que las tasas de desnutrición se eleven hasta el 56% entre la población más empobrecida.

El obispo Villaroel junto a su equipo se encargan de estudiar en qué barrios hay una incidencia alta de desnutrición. Una vez elegido los lugares detectan los casos de alto riesgo y son ellos los seleccionados para beneficiarse de la comida. Cuentan con dos centros, un poco distantes entre sí donde todos los días a partir de las 5 de la tarde reúnen a los niños y jóvenes para darles de comer. Los padres que asisten reciben alguna formación elemental en valores cristianos. «Necesitamos valores porque los venezolanos los hemos perdido», enfatiza.

Toda esta necesidad de apoyar a la comunidad dando algún tipo de asistencia humanitaria comenzó porque en palabras del obispo «uno no puede ser indolente frente a lo que nos pasa».

Visita al Papa

El año pasado, el Episcopado de Venezuela visitó al Papa Francisco para contarle lo que padece el pueblo sudamericano. En el encuentro el Papa Francisco les dijo «se el sufrimiento que están pasando los venezolanos». Monseñor Villaroel asegura que «el Papa está muy bien informado porque hay una permanente comunicacion entre el Episcopado y el Papa».

Otro problema que aqueja a la comunidad es el acceso a los medicamentos. «Se envían pocos paquetes a organizaciones como Cáritas y luego ellos las distribuyen en las diócesis», dijo. En la de Carúpano cuentan con un banco de medicamentos que entregan gratuitamente después de prestar jornadas de asistencia médica. Al menos 20 médicos los acompañan y en promedio atienden a 500 personas. Durante la actividad organizan una comida «olla comunitaria» donde la diócesis aporta la proteína y los vecinos la verdura.

Jaime Villaroel sigue apostando por Venezuela. Ante la pregunta ¿por qué no irse del país? respondió que «en Venezuela hay futuro, hay posibilidades de emprender y de superar esta crisis política».