Julio César Arreaza: Actitud férrea

 

La sociedad venezolana demanda, ante el latrocinio récord de la historia contemporánea acometido por hampones agavillados bajo el paraguas del alias “socialismo del siglo XXI”, una actitud férrea contra la corrupción por parte del gobierno interino. Su deber es marcar diferencia y mostrar toda la transparencia en el manejo de los dineros que ha recibido para alcanzar la transición a la democracia, no importando que sean minúsculos en comparación con el robo de un millón de millones de dólares. Expresiones condescendientes y pusilánimes como “robagallinas” no tienen cabida en el desafío histórico que nos toca vivir.

Mientras la usurpación se mantenga en el poder todos los problemas se continuarán agravando. De allí la necesidad de conductas férreas frente a la ignominia que disuelve y liquida la nación, cediendo el país al narcotráfico y tomando las minas al precio de masacrar a nuestros indígenas, para hacerse de lingotes de sangre, con el propósito de enriquecer a sus secuaces, mediante una caja chica que utilizan sin control para mantenerse como sea en el poder proscribiendo la soberanía popular. Si nosotros no discernimos sobre la necesidad de un cambio de vida y de costumbres también vamos por mal camino. El destino nos puso en un duro combate para que venzamos al mal y a la violación sistemática de los derechos humanos y rescatemos la soberanía popular, la democracia y la libertad.

En nuestras manos está el cese de la usurpación que se mantiene a costa de la degradación de la dignidad humana, la trata de personas y la destrucción del medio ambiente. Tomemos conciencia de nuestras responsabilidades ineludibles en el presente, asumiendo actitudes férreas contra la corrupción, recordemos nuestra caducidad y la urgencia de un cambio de vida y de costumbres.

La Asamblea Nacional en lugar de haber metido la usurpación en el hemiciclo, con diputados que dejaron de serlo, debe activar la Comisión de Contraloría y mostrarle al país de manera pedagógica, la política es pedagogía también, el esquema de lavado de dólares por un monto de casi 8 mil millones, mediante préstamos en bolívares a Petróleos de Venezuela que luego ésta consentía en cancelar con dólares preferenciales.

El Libertador soñó con Colombia la grande y sus compatriotas de hoy seguimos fieles a ese destino de integración entre las dos naciones hermanas. El presidente Duque se ha portado a la altura con la diáspora que huye del comunismo empobrecedor y violento. Hace 40 años los de aquí observamos idéntica conducta ante el fenómeno inverso. No se trata de un proceso migratorio convencional, por lo que es pertinente manejar las tensiones sociales evitando los conflictos violentos, y sin dejar emerger el sentimiento bajo de la xenofobia. Apostamos por una respuesta de integración sin estigmatizaciones.

¡No más prisioneros políticos, torturados, asesinados, ni exiliados!