Bladimir Díaz Borges: Guaidó no pudo ni podrá

La entrada de Venezuela, dirigida por los socialesclavistas, al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas es la más inhumana de las atrocidades cometidas por el ser humano en estos tiempos convulsivos del siglo XXI. En honor a la verdad, no es la primera vez que ocurre. El punto particular es el momento del suceso: cuando se estiman mil muertes diarias por efecto de la guerra para destruir y esclavizar, en este caso, a Venezuela. Según palabras del monstruo de Diosdado Cabello, para aniquilar a la América Latina. Lamentablemente, él está en posesión de la “verdad”. 

La enorme equivocación en que la oposición política venezolana incurrió nos costará muchos más años de sufrimientos. Así es la política. Los socialesclavistas son capaces de destruir para “reinar”. Por esa razón, hay que decir que Ecuador, Chile y Colombia son también socialesclavistas. Viven del socialesclavismo. Son socialesclavistas. Es muy sencillo deducirlo, pues basta que se les pida que te den una salida al cesar la usurpación y ellos contestarán: “políticas públicas”, “ingreso petrolero, “voy a resolver”, “te vamos a hacer el Hombre Nuevo”, “te voy a alimentar”, “ser rico es malo”, “trabajar es malo”, “impuestos para todos”, “gasto público”, “endeudamiento público”… ¡Así de perversos son!

Sinceramente, Guiadó ya no pudo y no podrá. Le faltaron las agallas que solo los políticos tienen para saber dónde, cómo y cuándo. No puede porque su formación no le permite ver. Por mucho que le digan. Y hasta peor porque quienes lo guían son, por lo menos, socialesclavistas de la escuela de Keynes. Apenas piensan en políticas públicas, gasto y endeudamiento. Todo eso es inflación pura y dura; pobreza de muchos y ganancias obscenas para pocos. Guaidó no pudo porque quien pone el dinero lo hace para que el socialesclavismo siga; continúe arrasando el país, matando a nuestros congéneres, a nuestra gente y, con ellos, se desvanecen las  esperanzas.

Desde Maracaibo le repetimos al bravo pueblo de Venezuela que, como antes, dependemos de la hidalguía y la nobleza que nos han caracterizado. No permitamos que la siembra de la destrucción se extienda. Necesitamos afianzar las creencias en nuestras madres como pilares de familias y hogares. De hecho, nuestras verdaderas heroínas son las familias, luchadoras y trabajadoras. Nuestra mayor insignia no son los militares, puesto que el gran estandarte de la patria está en cada casa, en cada hogar. Los anhelados salvadores solo podrán provenir de adentro, porque el héroe es cada miembro productivo desde el seno de su hogar. En ese lugar donde se ama, lucha, canta y ora, donde el preciado orgullo es la empresa familiar, con las marcas y logos que nos han distinguido. ¡No desmayemos! ¡Prosigamos la lucha contra el socialesclavismo!

@bladimirdiaz