Socialismo del Siglo XXI, una amenaza global, por Robert Carmona-Borjas

 

La expansión del llamado proyecto Socialista del Siglo XXI constituye, sin duda alguna, una amenaza global sobre la cual debe reflexionarse con tiempo y con la seriedad y la profundidad que se requiere para hacer frente a un proyecto que busca sustituir el orden establecido, tanto interno como internacional, e imponer un sistema político, económico y social que desconoce los principios fundamentales que hoy regulan las relaciones entre los distintos actores: la Democracia, el respeto y la promoción de los Derechos Humanos, ante todo.

Por Robert Carmona-Borjas

Los gobiernos que representan este movimiento actúan en base a directivas impuestas por el Foro de Sao Paolo, inspirado en la Tricontentinental constituida en los años 60, hoy con una extensión en el denominado Grupo de Puebla en el que participan personajes conocidos, como el ExPresidente español José Luis Rodríguez Zapatero y el ExSecretario General de la OEA, el chileno José Miguel Insulza, quienes durante sus actuaciones como funcionarios públicos no escondieron sus preferencias por el movimiento.

El proyecto Socialista del Siglo XXI se instrumenta mediante una diplomacia formal heterodoxa que abre paso a una especie de diplomacia paralela que desarrolla las relaciones con los movimientos sociales, aunado ello a una intensa campaña mediática (Guerra Asimétrica) a través, principalmente, de las redes sociales, aunque es evidente también su influencia en los medios de comunicación tradicionales, tales como TeleSur, entre otros. Los gobiernos del grupo, como el venezolano, dedican enormes recursos económicos y logísticos para activar esta “diplomacia” y no solamente en la región, como se ha podido evidenciar en los desvirtuados acontecimientos en Chile y en Colombia principalmente, si no en otras regiones, en Europa, por ejemplo, particularmente en España, en donde han estado presente siempre en medio del caos y la violencia, el pensamiento que pone en peligro la unidad del país y la estabilidad y la paz interna.

El grupo busca principalmente establecer un nuevo orden en el que los conceptos hasta ahora reguladores de las relaciones entre los distintos sujetos y actores nacionales e internacionales se ajustarían a sus pretensiones. El concepto Democracia es interpretado de manera diferente, sesgada, acomodaticia. De la misma forma, interpretan a su manera los principios y los valores, especialmente relacionados con los Derechos Humanos que dejan de ser prioritarios, más bien desde su perspectiva, sometidos al orden político lo que muestra el retroceso que significa esta “iniciativa”. Más grave aún es que para llevar a cabo el proyecto los gobiernos asociados al movimiento participan en actividades delictivas transnacionales como el narcotráfico, el apoyo al terrorismo, la corrupción y el lavado de activos, la extracción y comercio ilegal de materiales estratégicos que en definitiva afectan la estabilidad de las naciones y la paz y la seguridad internacionales. Todo ello, vale precisar, legitima una intervención más decidida de la comunidad internacional, de los gobiernos, de las instituciones, de la sociedad civil, que deben proteger los intereses y los valores comunes de la humanidad, esos que se han venido formando y desarrollando a través de la historia y que hoy favorecen al ser humano.

La expansión es evidente y grave y las democracias del mundo no logran articular una acción para detenerla. No solo han permitido el establecimiento de relaciones contrarias a todo, entre los gobiernos representativos del proyecto Socialista del Siglo XXI, a través de los movimientos sociales, lo que expresa una injerencia indebida en los asuntos internos de los países; si no que no han estructurado mecanismos propios para contrarrestar la desinformación que ha contaminado el mundo político y académico de los países.

Y no me refiero solo a América Latina en donde las instituciones podrían ser más débiles para enfrentar este reto; preocupan los países desarrollados, los Estados Unidos y los europeos que parecen no haber comprendido la naturaleza, el alcance y el objetivo que persigue el grupo de países afines al proyecto que por lo demás y distintamente a los países democráticos actúan coordinadamente, de manera eficiente y lamentablemente, eficaz.

Nada puede sustituir la libertad y la justicia, nada puede sustituir la importancia del ser humano, de sus derechos y sus libertades. Estamos obligados a defenderlos. Es un compromiso de todos.

@CarmonaBorjas